La Iglesia del Temple de Valencia vuelve a ser foco de atención debido a su urgente necesidad de restauración. El edificio, que lleva cinco años protegido con una malla azul para prevenir desprendimientos, enfrenta problemas serios, como grietas que comprometen la estructura. Pese a los múltiples esfuerzos por obtener apoyo del Estado y de la Generalitat, las respuestas no han sido satisfactorias, lo que ha incrementado el deterioro. A corto plazo, solo se contempla restaurar la puerta y mejorar la iluminación exterior. El padre Óscar García Mulet, rector de la iglesia, subraya la urgencia de una reforma integral.
El interior del templo presenta múltiples daños visibles, incluidos desconchados, suelos levantados y deterioro en las pinturas al fresco de Vergara y el trampantojo de Filipo Fontana, reflejando la precariedad actual. Aligerar el peso de la estructura es crucial, ya que es esta sobrecarga la que ha provocado grietas significativas en una construcción con elementos arquitectónicos de gran interés. Además, los frescos requieren atención tanto para su mantenimiento como para su restauración.
En una reunión sostenida a principios de verano con la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, no se lograron avances significativos, aunque se discutieron las ayudas disponibles, ya conocidas por los responsables del templo. La Generalitat tampoco ha ofrecido una solución que permita la restauración “integral” necesaria. El padre Óscar menciona los intentos de contactar con fundaciones privadas, que no han dado frutos.
Ante esta situación, la única respuesta posible hasta ahora es realizar una mejora superficial. En noviembre se iniciará la restauración de la puerta, enfocándose en limpiar y tratar el metal oxidado. Además, la fachada contará con una mejor iluminación gracias a microcréditos otorgados por la Generalitat.
En diciembre se cumplirán dos años desde que se informó por primera vez sobre el estado de abandono del templo, una joya histórica de Valencia, originalmente relacionada con el ‘Penó de la Conquesta’ del Rei Jaume I. Desde entonces, poco ha cambiado, a excepción del “lavado de cara” previsto. El padre Óscar insiste en que es urgente intervenir para prevenir un agravamiento de los daños.
La Iglesia del Temple, notable por su arquitectura y valor estético, está hoy protegida por una red sobre la nave central. Desde 2020, bajo la dirección del arquitecto del Arzobispado Juan Reig, se lleva un seguimiento detallado del estado del edificio mediante técnicas avanzadas de monitorización. El templo actual, erigido por orden de Carlos III, sigue la tradición de construcciones previas en el mismo lugar, cedido inicialmente a los Templarios tras la Reconquista. En 1725 se estableció una nueva iglesia, y en 1761 Carlos III ordenó la construcción del convento y la iglesia que siguen en pie, pero en necesidad de atención para recuperar su esplendor artístico e histórico.