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La iglesia del Temple requiere atención urgente para evitar su deterioro. Tras cinco años resguardada con una malla azul para prevenir desprendimientos, el templo aún espera una respuesta efectiva de las instituciones. A pesar de los intentos para obtener ayuda estatal y de la Generalitat, las respuestas han sido insuficientes.
La iglesia, que espera una restauración más profunda, enfrentará por ahora solo pequeñas obras, como la restauración de la puerta y la mejora de la iluminación exterior. Según el padre Óscar García Mulet, rector de la iglesia de Santa María del Temple, es urgente una reforma integral. Un recorrido por las capillas revela grietas, desconchados y daños en las pinturas al fresco de Vergara y en el trampantojo de Filipo Fontana.
El edificio necesita reducir el peso que soporta, origen de las notorias grietas. Además, se requiere la restauración de los frescos. A pesar de haber mantenido una reunión con Pilar Bernabé, delegada del Gobierno, no se han obtenido resultados significativos. Tanto el Estado como la Generalitat no han ofrecido perspectivas de restauración integral. Se han contactado también fundaciones privadas sin éxito.
Por ahora, la única acción posible es un “lavado de cara”, insignificante frente a las necesidades del templo. En noviembre se comenzará la restauración de la oxidada puerta, y se mejorará la iluminación de la fachada, gracias a microcréditos de la Generalitat.
Ya han pasado dos años desde que se evidenció el deterioro de esta joya del patrimonio arquitectónico valenciano, donde en 1238 se depositó el ‘Penó de la Conquesta’ del Rei Jaume I. Según el padre Óscar, nada ha cambiado significativamente desde entonces, salvo la mencionada mejora cosmética.
La estructura, impresionante por su arquitectura y estética, está cubierta por una red de protección en la nave central. Desde 2020, bajo la supervisión de Juan Reig, arquitecto del Arzobispado, se monitoriza la evolución de los daños del edificio con tecnologías avanzadas.
Los muros actuales, ordenados por el rey Carlos III, suceden a otros templos en el mismo lugar. Tras la Reconquista, el terreno fue donado a los Templarios y luego a la Orden de Montesa. En 1725 se levantó una nueva iglesia, y tras el terremoto de 1748, la construcción actual fue decidida por Carlos III en 1761. La iglesia continúa necesitando una intervención que recupere su esplendor artístico e histórico.