4 de mayo de 2025
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“La iglesia que recuperó la fe tras la pérdida de su Virgen”

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La iglesia que perdió su Virgen pero no la esperanza

El altar de piedra, un puñado de bancos apilados y cubiertos de polvo, el órgano y parte del retablo deteriorado son lo que queda del templo de la parroquia Nuestra Señora del Pilar de Catarroja, la más afectada por la dana del pasado octubre. Seis meses después del desastre, trabajadores siguen colocando las puertas metálicas destruidas por el agua. La puerta principal y muchas ventanas continúan pendientes de reparación.

A pesar de los espacios vacíos dejados por la riada, en esta iglesia se ha cultivado la esperanza y solidaridad. La catástrofe ha reforzado la fe de numerosos vecinos que se han apoyado mutuamente, convirtiendo tanto a Nuestra Señora del Pilar como a María Madre en sitios de encuentro. “Es conmovedor recordar cómo llegaba la gente para ayudar en medio de todo este caos”, comenta José Vicente Alberola, párroco de Catarroja. Rosa, una de las feligresas, añade: “Nos ha servido para valorar lo importante, porque después de la dana no teníamos nada. Lo material es efímero, y se necesita algo más, un apoyo en lo eterno, en mi caso, Jesucristo. También he aprendido la importancia de relacionarnos con otros”.

Entre las pérdidas materiales destacan las imágenes de la Virgen del Pilar y del Cristo, arrastradas por el barro y el agua, que no han sido recuperadas. “Al principio no sabíamos qué faltaba porque todo estaba por el suelo y entre el barro”, explica el párroco, sorprendido al ver que el torrente también había sacado un gran armario con elementos cotidianos, incluida una réplica del Santo Cáliz. Sin embargo, Alberola resta importancia a estas pérdidas al señalar que “no dejan de ser imágenes, nos preocupaban más las personas”. El agua alcanzó los 2,4 metros de altura en el templo, reflejando la magnitud del desastre en Catarroja.

La riada ha agravado el hundimiento del suelo, dañado desde hace tiempo por estar construido encima de una rambla, lo que ha llevado al cierre del templo hasta que se ejecute el proyecto de reconstrucción ya presentado. A pesar de las dificultades, la iglesia ha continuado sus actividades utilizando los espacios disponibles. Las eucaristías se han trasladado a una sala al aire libre en la planta baja, ya que el ascensor no funciona y algunos feligreses no podían subir. “Hemos pasado frío, pero tenemos iglesia”, comenta Encarna, una fiel que ha contribuido a adecentar la parroquia con el apoyo de otros feligreses.

Seis meses después, el párroco y varios feligreses ríen al recordar las anécdotas de aquellos días sin recursos, cuando tuvieron que celebrar la primera misa cubriendo el altar con una colcha. Aunque faltan muchos elementos, cuentan con una pequeña imagen de la Virgen del Pilar, regalo de la Guardia Civil, que guardan cuidadosamente cuando no se celebra la eucaristía. Una vez reconstruido el templo, el Arzobispado de Zaragoza prometió entregarles una copia de la imagen, con columna incluida, como la que esta parroquia custodiaba.

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