14 de octubre de 2026
4 mins read

La «riada de las barracas» de 1949: la tragedia olvidada que arrasó miles de viviendas en València

Ocho años antes de la gran riada de 1957, València sufrió otra inundación devastadora que hoy permanece mucho menos presente en la memoria colectiva.

Fue la riada del 28 de septiembre de 1949, conocida como la «riada de las barracas» o «riada de las chabolas», porque buena parte de la población más afectada vivía en construcciones precarias levantadas dentro del propio cauce del Turia.

La catástrofe dejó 41 muertos, alrededor de 10.000 personas afectadas y unas 2.000 infraviviendas destruidas.

Miles de personas vivían dentro del cauce del Turia

La València de la posguerra sufría una grave escasez de vivienda.

Familias con pocos recursos, muchas de ellas llegadas desde otras zonas de España, terminaron instalándose en barracas y chabolas construidas directamente en el cauce del río.

Las principales concentraciones se encontraban en las inmediaciones del puente de Campanar y del paseo de la Pechina.

No todas eran pequeñas casetas improvisadas. Algunas construcciones habían adquirido cierta estabilidad e incluso formaban pequeñas calles, con parcelas de cultivo junto a las viviendas.

La riada llegó de forma repentina

Durante los días 27 y 28 de septiembre de 1949, las fuertes lluvias provocaron una rápida crecida del Turia.

Estudios de la Universitat Politècnica de València explican que el aumento del caudal fue tan brusco que llegó a difundirse por la ciudad el rumor de que se había roto la presa de Benagéber, algo que posteriormente fue desmentido.

El caudal máximo se ha estimado en unos 2.800 metros cúbicos por segundo.

El agua comenzó a desbordarse por la margen izquierda en la zona de Campanar, inundó terrenos de Tendetes y alcanzó áreas próximas a la calle Sagunto.

Pero el desastre más grave se produjo precisamente entre quienes vivían dentro del propio río.

Dos mil barracas desaparecieron

El agua arrasó las construcciones levantadas sobre el cauce.

Los estudios históricos estiman que unas 2.000 chabolas o infraviviendas quedaron destruidas y alrededor de 10.000 personas resultaron afectadas.

La precariedad de las viviendas hizo que muchas desaparecieran completamente en cuestión de minutos.

La tragedia pudo haber sido todavía mayor.

La crecida llegó durante el día, lo que permitió evacuar a numerosas personas. Algunas investigaciones posteriores han señalado que, si se hubiera producido de madrugada, el número de víctimas podría haber sido mucho mayor.

Campanar no fue la única zona afectada

La inundación también golpeó duramente otras partes de València.

El desbordamiento afectó a zonas de Campanar, Tendetes, Cabanyal, Canyamelar y Natzaret, además de instalaciones portuarias.

En el área marítima el agua alcanzó aproximadamente un metro de altura en algunos puntos y el puente de Natzaret resultó destruido.

Además, el desbordamiento del barranco del Carraixet agravó la situación en distintas áreas de la huerta norte.

41 muertos

El balance oficial citado en investigaciones posteriores situó en 41 el número de fallecidos, principalmente en Natzaret y el distrito marítimo.

También se calcularon daños por unos 148 millones de pesetas de la época.

Además de las aproximadamente 2.000 chabolas destruidas, 98 viviendas quedaron arrasadas y otras 624 necesitaron reparaciones.

A pesar de estas cifras, la tragedia terminaría siendo eclipsada por la enorme riada de 1957.

Ya había existido una advertencia meses antes

Uno de los aspectos más llamativos es que la catástrofe no llegó sin previo aviso.

En febrero de aquel mismo año se había producido otra crecida repentina que obligó a muchos habitantes del cauce a abandonar temporalmente sus viviendas.

Sin embargo, las familias regresaron posteriormente.

Las investigaciones señalan que no se adoptaron entonces medidas suficientes para eliminar el riesgo de que miles de personas continuaran viviendo en una zona potencialmente inundable.

Después de la tragedia se prohibieron las chabolas en el cauce

Pocos días después de la inundación, el Ayuntamiento decidió prohibir nuevas construcciones dentro del cauce del Turia.

El 1 de octubre de 1949, la prensa valenciana difundía la decisión municipal de impedir que volvieran a levantarse viviendas de cualquier tipo en esa zona.

La riada también aceleró proyectos para realojar a familias que vivían en condiciones extremadamente precarias.

Entre ellos se encontraba el denominado Albergue de San José, en Xirivella, cuyo desarrollo recibió un impulso directo después de la inundación.

¿Por qué casi nadie recuerda la riada de 1949?

Probablemente porque apenas ocho años después ocurrió una tragedia todavía mayor.

El 14 de octubre de 1957, otra gigantesca avenida del Turia inundó València y dejó 81 muertos según las cifras oficiales tradicionalmente aceptadas.

Aquella catástrofe desencadenaría posteriormente el Plan Sur, que desvió el río fuera de la ciudad.

La riada de 1957 terminó ocupando casi por completo la memoria colectiva valenciana.

La de 1949 quedó en segundo plano.

Una exposición organizada décadas después por el MuVIM llegó a describir aquella inundación como una tragedia prácticamente «silenciada», pese a sus 41 víctimas mortales.

La diferencia con la riada de 1957

Ambas inundaciones fueron graves, pero tuvieron características diferentes.

La de 1949 golpeó especialmente a la población más pobre que habitaba dentro del cauce y a los poblados marítimos.

La de 1957 afectó masivamente al conjunto de la ciudad y terminó provocando una transformación urbana de enorme magnitud.

De alguna manera, la riada de las barracas fue una advertencia de lo que todavía podía ocurrir.

Pero aquella advertencia no fue suficiente para evitar que ocho años después el Turia volviera a desbordarse de forma catastrófica.

Una tragedia de pobreza además de una catástrofe natural

La riada de 1949 no puede entenderse únicamente como un episodio meteorológico.

La magnitud de sus consecuencias estuvo directamente relacionada con la situación social de la posguerra.

Miles de personas vivían dentro del río porque no tenían acceso a una vivienda digna fuera de él.

Cuando llegó la avenida, esas familias quedaron expuestas de forma extrema.

El agua destruyó las barracas en apenas unas horas.

Pero detrás de aquella destrucción había una historia previa de pobreza, falta de vivienda y ausencia de alternativas.

Por eso, más de setenta años después, la llamada «riada de las barracas» sigue siendo una de las páginas menos conocidas y más duras de la historia reciente de València.

Previous Story

El Gobierno destina 40 millones al transporte metropolitano de Valencia mientras Barcelona recibe 149 millones y Madrid casi 127

Next Story

Emergencias activa un aviso especial por fuertes lluvias en la Comunitat Valenciana para el fin de semana

Latest from Blog

La mejor tarifa de fibra y móvil de 2021

El mercado de las operadoras de telefonía en España es muy amplio, y por ello, escoger las mejores tarifas de fibra y móvil puede ser complicado. En concreto, en nuestro país existen
Go toTop