Bienvenido a Nuorgam en Filandia, el punto más al norte de la Unión Europea. El sol acaricia las colinas monumentales próximas al pueblo, mientras los abedules intentan crecer entre la nieve. Llega la primavera, pero el viento aún cala hasta los huesos. El pueblo sámi, la única población indígena de la Unión Europea, vive en este hermoso paraje.
La tierra del pueblo sámi abarca zonas del norte de Finlandia, Noruega, Rusia y Suecia. Su vida no siempre ha sido fácil. Aunque su idioma sea una parte vital de su cultura, no siempre se les ha permitido utilizarla en situaciones oficiales. Sin embargo, estar en una Europa unida ha facilitado la cooperación transfronteriza y la protección de las minorías. En Finlandia, Suecia y Noruega, esta población tiene incluso sus propios Parlamentos.
Aslak Holmberg, un joven sámi que trabaja de profesor en la Universidad Sámi de la localidad noruega de Kautokeino, es muy activo en política y en cuestiones sobre minorías. Uno de los proyectos financiados por la Unión Europea en los que ha participado ha sido YES6 (2007-2013), en cuyo marco planificó un programa educativo de una semana de duración sobre pueblos indígenas, minorías y política. “Somos tan pocos, que es importante ser activos en política”, asegura. “Es bueno que los jóvenes se sientan orgullosos de nuestras raíces y de nuestra cultura”, añade antes de lamentar que “cuando era joven, era todo lo contrario”.
La música
El Centro Ailigas de Ciencia y Arte se encuentra a unos 40 kilómetros al sureste de Nourgam. Annukka Hirvasvuopio-Laiti dirige allí un proyecto para crear un centro de educación para adultos sobre la música sámi, proyecto que recibe financiación de la Unión Europea. El centro pretende enseñar la música sámi a los profesores y promover las actividades económicas relacionadas con la cultura.
“La música es una parte muy importante de nuestra cultura”, explica Annukka Hirvasvuopio-Laiti. “Al estar en peligro las tradiciones, creo que esta educación sería muy útil para nuestra cultura”, añade.
El idioma
En Ailigas también se está planificando un centro de lengua sámi en Utsjoki. Dado que la Unión Europea está comprometida con sus minorías, ambos proyectos y la renovación del centro Ailigas están parcialmente financiados por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional y el Fondo Social Europeo. Estos fondos están diseñados para reducir las desigualdades entre las diferentes regiones, para combatir el desempleo y para mejorar la competitividad de las regiones más débiles de la Unión Europea.
“El impacto de la Unión Europea es más que notable para nosotros, sobre todo a través de proyectos que nos permiten preservar la vitalidad de la lengua y la cultura sámi”, afirma Eeva-Maarit Aikio, directora de desarrollo económico en Utsjoki.
Los proyectos se realizan con frecuencia en cooperación con Suecia, Noruega y Rusia, aunque estos dos últimos países no formen parte de la Unión Europea