. Muchos arquitectos, en su intento por innovar, terminan construyendo edificios que resultan ser auténticas aberraciones, difíciles de soportar o que no encajan bien en su entorno. Sin embargo, algunos de estos edificios resultan tener cierto encanto o pueden ser estudiados como ejemplo de arquitectura moderna en el futuro.
El Museo Pablo Serrano, situado en Zaragoza, es una controvertida construcción que se ha comparado con una partida de tetris sin terminar o con un edificio infantil hecho con piezas de Lego gigantes. La Torre Agbar, ubicada en el Distrito 22@ de Barcelona, ha sido muy criticada por su falta de sintonía con el entorno y su controvertida forma, que le ha valido muchos seudónimos de carácter sexual.
El Ruedo, situado en Madrid, fue diseñado por Francisco Javier Sáenz de Oiza para acoger a familias de bajos ingresos. Este innovador proyecto de urbanismo buscaba potenciar la vida comunitaria y crear un poblado protegido de un exterior hostil, pero resulta estéticamente arisco. Intempo, en Benidorm, es una muestra de la burbuja inmobiliaria que explotó en España a comienzos del nuevo milenio, y su diseño parece salido de un mal sueño de Trump.
Por último, el edificio de la Asamblea Regional de Murcia, ubicado en Cartagena, es una extravagante fusión de estilos que resulta muy complicada de clasificar y de defender.