Los incendios forestales no terminan cuando se apagan las llamas. Ganado y fauna silvestre afrontan heridas, desorientación, falta de alimento y pérdida de hábitat. Solo en 2025 el fuego pudo afectar a unas 3.000 explotaciones ganaderas en varias provincias españolas, mientras organismos internacionales reclaman integrar a los veterinarios en los planes de emergencia.
Cuando un incendio forestal avanza, las imágenes se concentran inevitablemente en las llamas, las viviendas amenazadas, las carreteras cortadas y las personas evacuadas. Sin embargo, existe otra emergencia que continúa muchas veces fuera de las cámaras: qué ocurre con los animales atrapados en el territorio que está ardiendo y, sobre todo, qué les espera cuando el fuego ha pasado.
La dimensión del problema quedó patente durante los graves incendios de 2025. Según los datos recogidos por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, las llamas pudieron afectar a hasta 3.000 explotaciones ganaderas de Ourense, Cáceres, León y Zamora. A las pérdidas directas se añadió la destrucción de buena parte de los pastos utilizados para alimentar al ganado.
El problema alcanza también a miles de animales silvestres. Quienes consiguen escapar pueden encontrarse después en un territorio completamente diferente: sin vegetación, sin refugio, con dificultades para encontrar agua y con buena parte de sus fuentes habituales de alimento convertidas en ceniza.
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Vacas rodeadas por las llamas
El ganadero José Ramón González vivió esa situación con sus 60 vacas de carne en Castromil, en Ourense. Durante uno de los incendios del verano de 2025, los animales buscaron refugio en un pequeño arroyo mientras el fuego avanzaba por el monte.
El humo llegó hasta el lugar y las vacas quedaron desorientadas. La intervención de entre diez y quince vecinos que conocían bien el terreno permitió conducirlas hasta una zona húmeda y ponerlas a salvo.
El episodio muestra uno de los principales problemas de las emergencias de este tipo. Los animales también sufren los efectos del humo y del fuego y pueden desorientarse durante una evacuación.
La Organización Colegial Veterinaria advierte precisamente de que la inhalación de humo resulta tóxica tanto para los animales de compañía como para los destinados a explotaciones ganaderas. Además, cuando tienen que ser evacuados pueden alterarse o perderse, por lo que su correcta identificación resulta fundamental para poder recuperarlos posteriormente.
La ONU reclama incorporar veterinarios a las emergencias
La protección animal comienza a ganar peso dentro de la planificación frente a los grandes incendios.
La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) defiende que los servicios veterinarios formen parte de todo el ciclo de gestión de los desastres: desde la prevención hasta la evacuación y atención de animales durante el incendio y la vigilancia de su salud cuando termina la emergencia.
España también ha avanzado en este terreno. La nueva Directriz Básica de Planificación de Protección Civil ante el riesgo de incendios forestales, aprobada en abril de 2026, obliga a incluir medidas de protección animal en los planes de emergencia, aunque no establece específicamente la incorporación de servicios veterinarios.
El incendio termina, pero comienza otra emergencia
Para la fauna salvaje, sobrevivir a las llamas es únicamente el primer obstáculo.
Después llega el hambre.
El incendio de Niebla, en Huelva, iniciado el 6 de agosto, ofrece un ejemplo de las consecuencias posteriores. Según la Junta de Andalucía, el fuego quemó unas 33.000 hectáreas en una zona donde habitan ciervos, jabatos, conejos, zorros, meloncillos, tejones, perdices y búhos, y que además forma parte del plan de recuperación del águila imperial ibérica.
Voluntarios desplazados posteriormente hasta la zona encontraron un paisaje prácticamente convertido en ceniza.
Un grupo de unas veinte personas llegó a trasladar 600 kilos de pienso y cerca de 40 alpacas de paja, además de fruta, agua y recipientes para distribuir alimento entre los animales supervivientes.
Animales desorientados buscando comida y refugio
Cuando las llamas aparecen, el instinto empuja a los animales a escapar. El problema es qué encuentran cuando regresan.
La desaparición de vegetación significa también la pérdida simultánea de refugio, alimento y territorio.
Tras los incendios pueden aparecer madres desplazándose con sus crías y grupos de animales vagando por zonas quemadas. Los voluntarios explican que, en determinados lugares, es necesario mantener durante varios días consecutivos puntos de alimentación para que los ejemplares supervivientes puedan recuperar una fuente estable de sustento.
En otras ocasiones aparecen auténticas “islas” de vegetación que han sobrevivido al incendio, rodeadas completamente por terreno quemado.
En Niebla se localizó una de ellas con numerosos jabatos y ciervos concentrados en su interior. La acumulación de animales obliga a proporcionar grandes cantidades de comida hasta que pueden abandonar estos refugios naturales.
El coste para los ganaderos continúa durante meses
La factura tampoco desaparece cuando se extingue el incendio.
Una explotación puede salvar sus animales y, sin embargo, perder los pastos que los alimentaban. El ganadero tiene entonces que comprar forraje durante semanas o meses, además de reparar instalaciones, maquinaria y otras infraestructuras afectadas.
José Ramón González tuvo que alimentar a sus animales con forraje comprado desde mediados de agosto hasta noviembre después de los incendios que afectaron a su explotación.
Por eso, las consecuencias económicas de un incendio sobre el medio rural van mucho más allá del número de hectáreas quemadas.
Prevención antes de que vuelva el fuego
La experiencia de los últimos incendios vuelve a poner sobre la mesa un debate que va más allá de aumentar los medios disponibles cuando aparecen las llamas: cómo gestionar el territorio antes de que se produzca el incendio.
Los propios ganaderos reclaman participar más activamente en esa prevención. La actividad ganadera puede contribuir a retirar vegetación y reducir parte del combustible disponible en el monte, al mismo tiempo que ayuda a mantener actividad económica y población en las zonas rurales.
La emergencia, por tanto, no termina con la última llama. Para miles de animales y para quienes viven de ellos, la verdadera recuperación puede comenzar precisamente cuando los equipos de extinción abandonan el monte.