La idea de que los animales simplemente “creen que se ha hecho de noche” cuando se produce un eclipse solar no explica realmente lo que ocurre. Las investigaciones realizadas durante los últimos años muestran que cada especie responde de forma diferente, en función de su comportamiento, su dependencia de la luz y, en algunos casos, incluso de sus capacidades cognitivas.
Los eclipses constituyen un experimento natural único para los científicos, ya que alteran de forma brusca la luz, la temperatura y otros factores ambientales durante apenas unos minutos.
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Las respuestas varían según la especie
Diversos estudios han demostrado que muchas especies modifican su comportamiento durante un eclipse, aunque no todas reaccionan de la misma manera.
En el eclipse total de 2017, investigadores observaron el comportamiento de 17 especies en el zoológico de Riverbanks, en Estados Unidos. Tres de cada cuatro cambiaron sus hábitos, adoptando conductas similares a las del atardecer.
Entre las reacciones más llamativas figuró la de varias tortugas gigantes de Galápagos, que comenzaron a aparearse durante el momento de máxima ocultación del Sol, un comportamiento poco habitual en estos animales.
También se registraron signos de inquietud en jirafas, babuinos y flamencos, que tendieron a agruparse, mientras que un gorila macho mostró una actitud de aparente ansiedad.
El público también influye
Un estudio posterior, realizado durante el eclipse de 2024 en otro zoológico estadounidense, obtuvo resultados diferentes.
Los animales volvieron a modificar algunos de sus comportamientos, pero las muestras de estrés fueron mucho menores. Los investigadores concluyeron que parte de la ansiedad detectada en 2017 pudo deberse a la reacción del público —con gritos y aplausos— más que al propio eclipse.
Las aves guardan silencio cuando desaparece la luz
Uno de los avances científicos más importantes llegó con una investigación publicada en 2025, que analizó el comportamiento de las aves mediante miles de dispositivos de grabación distribuidos por Norteamérica.
Los resultados mostraron que, cuando la ocultación del Sol superó el 99 %, las aves diurnas redujeron de forma brusca sus cantos, confirmando un patrón observado de manera simultánea en miles de kilómetros.
Las especies crepusculares pueden comenzar a cantar al iniciarse el eclipse y repetir ese comportamiento cuando regresa la luz, mientras que las aves nocturnas suelen activarse durante los minutos de oscuridad.
Los chimpancés muestran curiosidad
Los grandes simios protagonizan algunas de las respuestas más sorprendentes.
Durante un eclipse anular observado en 1986, un grupo de chimpancés ascendió a la estructura más alta de su recinto para contemplar el fenómeno. Permanecieron mirando al cielo durante el momento de máxima ocultación y, una vez recuperada la luz, regresaron con normalidad a sus actividades.
Los investigadores consideran que este comportamiento refleja una posible respuesta de curiosidad ante un fenómeno excepcional, algo que no se observa en todas las especies ni siquiera en todos los individuos.
Un laboratorio natural para la ciencia
Los especialistas recuerdan que no existe una reacción única de los animales ante un eclipse. Su comportamiento depende de factores como su ecología, la forma en que utilizan la luz para orientarse, la presencia de depredadores o presas e incluso las diferencias de personalidad entre individuos.
Precisamente por ello, los eclipses solares se han convertido en una valiosa herramienta científica para comprender cómo perciben los animales los cambios bruscos del entorno y cómo adaptan su comportamiento ante un fenómeno tan poco frecuente.