Los efectos del COVID-19 en la comunidad educativa.

Susana Sorribes Membrado
Inspectora de Educación en la CV
Profesora Asociada de la UJI
Profesora Asociada de la UNED

Ya llevamos 32 días de confinamiento, sí, y el “quédate en casa” se ha convertido en un Hashtag de Twitter y en un Gif de Instagram. Hemos aceptado que esa era la única forma de plantar cara al coronavirus. Mientras tanto, nos esperan unos 15 días más o serán 30 de confinamiento, ¿quién lo sabe? De algún modo se deberá planificar la vuelta a la calle. Quizás nos espera, en un tiempo no muy lejano, la realización de las famosas pruebas para saber quién ha pasado el virus y quién todavía no lo ha conocido, pero lo que si nos queda claro es que los viajes largos se aplazan sin fecha a la vista, y las vacaciones, festivales y más festejos no podrán celebrarse como antes para evitar la concentración de gente. Esto, sin ser muy adivina, plantea la inviabilidad de que las escuelas vuelvan a abrir sus puertas y se retome la actividad lectiva de manera presencial, situación que ya han aceptado ya las universidades.

Entre tanto, en nuestra nueva vida en casa, me he lanzado a hacer deporte en el salón, he sucumbido a esta experiencia lo reconozco, a base de carreras o caminatas por el pasillo de mi apartamento. También he recordado a mi madre con su expresión: “toca limpieza general” y he acabado haciendo limpieza profunda en casa, quitando los muebles y cortinas y volviendo a ponerlos, previo pase de lejía, jabón y agua. Y como no, he hecho tartas y guisos como nunca (creo que la levadura es otro de los productos “top ten” del supermercado que ha desbancado al papel higiénico, ¡quién lo iba decir!).

Es indudable que la enfermedad llamada COVID_19 ha dejado tocada no sólo a la población española a nivel sanitario, sino que además ha causado un revuelo en muchos ámbitos. En el ámbito político dudamos de lo que nos dicen. En el económico muchos conocen en primera persona lo que es quedarse sin empleo o tener un ERTE en su empresa. En lo social valoramos más a nuestros amigos ahora que no podemos abrazarlos y besarlos pero, en contrapartida, resulta que conocemos a los vecinos de los balcones de enfrente y los saludamos en la distancia todas las tardes cuando salimos a aplaudir a los héroes sanitarios. A nivel afectivo, ahora sabemos que solo la felicidad está dentro de uno mismo, y es la capacidad de adaptarse a la adversidad, “la resiliencia” la que nos hace seguir adelante en este confinamiento, incluso con enfermedad de amigos y familiares.

A nivel educativo este confinamiento ha definido formas de actuar y de hacer de los miembros de la comunidad educativa: las familias, el alumnado, el profesorado, todas las personas que forman los equipos directivos, y la inspección de educación.

El confinamiento ha servido para que las familias tengan que participar activamente en el seguimiento del aprendizaje de sus hijos e hijas. Recuerden que hace nada tuvimos una gran polémica educativa en torno a los deberes en casa, con una mayoría de familias no partidarias de los mismos. Nos habíamos acostumbrado a que en casa no se llevaran tareas escolares o que estas fueran las mínimas. Sin embargo, no debemos olvidar que existen distintos tipos de estilos educativos parentales y que no todos habrán estado ahí. Las familias con estilos negligentes no están ni se les espera, son los que desgraciadamente no cubren ni las necesidades de sus hijos en aspectos básicos. Las familias con estilos indulgentes habrán utilizado el “laisser-fair” (dejar hacer) con sus hijos en cuanto a las tareas escolares, sin ningún tipo de control. Las familias con estilos autoritarios se habrán empeñado en el control, pero no en el acompañamiento en las tareas: “te digo que hagas lo deberes y me enfado si no cumples, esto se hace así y punto”. Y los padres y madres democráticos se han centrado en acompañar en la medida de sus conocimientos en la tarea en casa, dialogan sobre lo que se debe hacer y ponen medidas de supervisión y horarios de acompañamiento.

Todo, sin embargo, no depende de las familias, ni de las condiciones tecnológicas de las viviendas. Hay una variable que resulta la más importante y es el alumnado. Las variables que definirían los tipos de alumnos y alumnas serian “el querer” y el “poder”. Alumnos que quieren hacer las tareas programadas, pero no pueden por falta de recursos tecnológicos, los que quieren y pueden, ahí están entregando sus tareas y usando los medios tecnológicos que disponen en sus casas. Los que no quieren, pero si pueden, simplemente están en una fase de negación de las tareas o desmotivación, y los que no quieren, ni pueden que posiblemente son el colectivo más vulnerable porque ni el sistema presencial ha cumplido sus expectativas de para qué estudiar.

La brecha digital ha debido hacer estragos entre el alumnado, así lo pone de manifiesto Toni Solano (@tonisolano), director de un IES en Castellón en un reciente artículo periodístico, las familias con menores recursos económicos son las que no tienen ordenadores, ni wifi en sus casas, ni siquiera dinero para reponer saldo en los móviles de sus hijos. Las diferencias entre las familias y los alumnos a la hora de abordar las tareas escolares estarán mediadas también por tener o no dispositivos informáticos en casa y la posibilidad de pagarlos. En esta tarea ingente, las familias con varios terminales tecnológicos (ordenador, Tablet, móvil) han tenido mejores condiciones, pero sin olvidar que habrá que turnarse en su uso, porque todos necesitan el ordenador y más si el padre y la madre teletrabajan en casa.

Alguien dirá que me olvido del profesorado y los equipos directivos. Pues no, no podría olvidarme. Los docentes en su mayoría se han adaptado rápidamente: miles de emails, de programaciones adaptadas, envíos masivos, Padlet con materiales e información educativa, videoconferencias con Zoom, DUO, Webex etc. han permitido enviar tareas para el periodo de confinamiento. Los docentes y directores y directoras han puesto en marcha su creatividad y su dedicación y están ahí del modo que pueden, pero están en contacto con los alumnos porque quizás ahora han descubierto que ser maestro es, no solo enseñar, sino también ser un referente, un héroe. De lo que no cabe duda, es que todos los docentes han tenido un curso acelerado y autodidacta de nuevas tecnologías y que hay que agradecer ese esfuerzo. Los directores y directoras han colaborado en facilitar a las familias más vulnerables los vales-comedor, así como las tablets y ordenadores con conexión, para poder dotarles de material informático a través del centro.

La inspección de educación en esta situación ha asesorado y colaborado con los centros educativos en procesos administrativos, a través de videoconferencias con los directores y sobre todo coordinándose, entre ellos, en sus zonas y circunscripciones. Ha pasado al teletrabajo, con un horario interminable de llamadas, emails y videoconferencias, al uso de plataformas informáticas para tener acceso on-line a sus informes, para concluir tareas relevantes como los informes de evaluación del profesorado en prácticas, entre otras. Comienza a trabajar en la supervisión y control del proceso de admisión on-line que se espera novedoso. Colabora dando su visión de cómo deberá ser la evaluación educativa en función de los niveles de enseñanza sobre todo en los niveles donde se pueden dar reclamaciones de notas (4º de la ESO y 2º de Bachillerato)

Solo el trabajo en grupo y colaborativo y en la misma dirección puede hacer llegar a buen término la acción educativa en los tiempos del COVID_19. El año 2020 nos ha cambiado la vida, pero también ha servido para ver que somos una comunidad resiliente que sabe adaptarse y que sale fortalecida. Por ello debemos seguir así, hacia adelante, para lograr que ningún alumno se quede rezagado o desatendido. La unión hace nuestra fuerza.

«Si estamos juntos no hay nada imposible. Si estamos divididos todo fallará» Winston Churchill.


 

 

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