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En Valencia, un fenómeno social ha llamado la atención en la calle Torno del Hospital, cerca de la plaza del Pilar, detrás de la comisaría de la calle Hospital. Personas en situación de sinhogarismo se instalan en este solar, utilizando colchones, cartones y carros de compra llenos de chatarra. Según los vecinos de Velluters, el entorno se ha convertido en un foco de acumulación de desechos y malos olores.
Manuel, un residente cercano, describe la situación: «En Valencia, no solo enfrentamos problemas de sinhogarismo en el río o el Parque Central; en el centro también vivimos esta realidad». El cambio frecuente de estas personas es una característica notable, cada cuatro o cinco meses llegan nuevos individuos, en su mayoría procedentes de Europa del Este. Manuel explica que parecen dedicarse a la recolección sistemática de chatarra, pernoctando en el solar sin gastar en otra residencia.
Relata que, tras un tiempo, parecen regresar a su lugar de origen una vez que han recaudado suficiente dinero, siendo reemplazados por otros. Este ciclo parece estar organizado, ya que en días de lluvia o eventos como una dana, una furgoneta los recoge.
Tanto Manuel como Paolo, otro vecino, han presenciado eventos disruptivos, como el día en que unas personas llevaron tubos de aire acondicionado y los desmantelaron con martillazos, impidiendo el descanso dominical. Ante esto, llamaron a la Policía para recordar el cumplimiento de normas.
Cada mañana desmantelan su campamento y ocultan sus pertenencias en un solar cercano, regresando por la tarde con carros llenos de chatarra. Según los vecinos, el solar es utilizado no solo para dormir y comer, sino también para vender metales, lo cual han observado cuando furgonetas llegan a comprar el material.
La situación se complica con problemas de higiene, ya que se han visto restos de comida, atrayendo a palomas y ratas, y las personas realizando sus necesidades en la vía pública. Los vecinos señalan la presencia reciente de jóvenes, posiblemente menores, durmiendo juntos para protegerse.
A pesar de las denuncias al Ayuntamiento y servicios sociales, las personas sin hogar prefieren quedarse en el solar que ir a albergues donde no pueden llevar su fuente de ingresos: la chatarra. Curiosamente, durante las Fallas, el grupo desaparece, solo para volver después.
Paolo menciona que la limpieza del lugar es efímera, pues la basura y desechos humanos vuelven al regresar los ocupantes. Los residentes han pedido al Consistorio que cierre el solar, pero se desconoce al propietario, y la situación parece una constante desde hace décadas, como reflejan documentos desde 1995.