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Maduro pasa su primera noche encarcelado en Brooklyn mientras Delcy Rodríguez asume el poder en Caracas
La captura del presidente venezolano por Estados Unidos abre un escenario incierto de transición y profundiza la división política en América Latina
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha pasado su primera noche detenido en el Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn, en Nueva York, tras ser capturado en una operación estadounidense ejecutada en Caracas durante la madrugada del jueves.
La detención del mandatario, llevada a cabo hace menos de 24 horas, incluyó también a su esposa, Cilia Flores, y culminó con el traslado inmediato de Maduro a territorio estadounidense, donde afronta graves cargos penales relacionados con narcotráfico, conspiración criminal y delitos vinculados al uso de armas.
Traslado bajo máxima seguridad a Estados Unidos
Maduro fue trasladado inicialmente a la base militar de Stewart, al norte del estado de Nueva York, bajo un fuerte dispositivo de seguridad. Posteriormente fue conducido a instalaciones federales vinculadas a la Agencia Antidroga estadounidense (DEA), antes de ingresar en la prisión federal de Brooklyn.
La Casa Blanca difundió imágenes del traslado en las que se observa al presidente venezolano caminando por un pasillo escoltado por agentes federales. Según fuentes judiciales, está previsto que comparezca en los próximos días ante un juez federal en Manhattan.
Delcy Rodríguez asume el control del Ejecutivo en Caracas
En Caracas, la detención de Maduro ha provocado una reconfiguración inmediata del poder. El Tribunal Supremo de Justicia ordenó que la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asuma de forma provisional la jefatura del Ejecutivo para garantizar la continuidad administrativa del Estado.

Rodríguez se convierte así en la primera mujer en encabezar el Gobierno venezolano. En su primer mensaje institucional, defendió la legitimidad del Ejecutivo chavista y afirmó que Maduro sigue siendo “el presidente legítimo”, al tiempo que se mostró abierta a una vía de diálogo con Washington bajo una “agenda constructiva”.
Un proceso de transición lleno de incógnitas
La posibilidad de una transición política ha generado posiciones divergentes tanto dentro como fuera de Venezuela. Estados Unidos ha defendido la necesidad de una transición “ordenada y segura”, mientras que algunos países de la región han mostrado posturas contrapuestas.
Brasil ha reconocido a Delcy Rodríguez como autoridad provisional en ausencia de Maduro, mientras que Panamá ha rechazado hacerlo. Otros gobiernos, como los de Argentina y Ecuador, respaldan que el liderazgo de la transición recaiga en la oposición venezolana, concretamente en Edmundo González Urrutia, candidato respaldado por María Corina Machado.
Desde Washington, el presidente Donald Trump ha descartado que Machado asuma el poder alegando una supuesta falta de respaldo interno, una afirmación que la dirigente opositora niega de forma tajante.
América Latina, profundamente dividida
La intervención estadounidense ha evidenciado una nueva fractura en América Latina. Países como Ecuador, Perú y Paraguay han anunciado restricciones de entrada a personas vinculadas al entorno de Maduro, mientras que Colombia ha convocado una reunión urgente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) para consensuar una respuesta regional.
En el ámbito internacional, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tiene previsto celebrar una reunión de urgencia para analizar la operación, mientras que la Organización de Estados Americanos (OEA) ha pedido a ambas partes que eviten una escalada y apuesten por una salida pacífica.
La detención de Maduro y la asunción provisional del poder por parte de Delcy Rodríguez abren un capítulo inédito en la historia reciente de Venezuela, con un desenlace todavía incierto y un fuerte impacto geopolítico.
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