Antes de que los despertadores se popularizaran, existía un oficio tan curioso como necesario: recorrer las calles de madrugada para despertar a los obreros. Mary Smith se hizo famosa en Londres por utilizar una cerbatana con la que lanzaba guisantes secos contra los cristales.
Mucho antes de que los teléfonos móviles y los despertadores digitales nos levantaran cada mañana, miles de trabajadores británicos dependían de una persona para llegar puntuales a sus puestos de trabajo.
Durante la Revolución Industrial surgió una profesión conocida como knocker-up, que podría traducirse como «despertador humano».
Su misión era sencilla: recorrer las calles antes del amanecer y despertar a quienes habían contratado sus servicios.
Entre quienes ejercieron este oficio destacó Mary Smith, una mujer del East End de Londres que utilizaba un método verdaderamente singular: disparaba guisantes secos contra las ventanas mediante un largo tubo.
Una cerbatana para despertar a los vecinos
Mary Smith trabajaba en el barrio londinense de Limehouse, una zona estrechamente vinculada a la actividad portuaria y a las industrias de la capital británica.
Mientras otros despertadores humanos utilizaban largas varas de bambú para golpear los cristales de las viviendas, Smith prefería lanzar pequeños proyectiles vegetales.
Colocaba guisantes secos en un tubo y soplaba con fuerza para hacerlos impactar contra las ventanas de sus clientes.
El ruido avisaba al trabajador de que había llegado la hora de levantarse.
Este sistema tenía una ventaja: permitía alcanzar ventanas elevadas sin necesidad de transportar una vara demasiado larga.
¿Por qué pagaban por despertarse?
La puntualidad era fundamental para los obreros de las fábricas, los trabajadores portuarios y otros empleados de las ciudades industriales.
Llegar tarde podía suponer descuentos salariales, sanciones o incluso perder el empleo.
Aunque ya existían despertadores mecánicos, no todas las familias podían permitirse uno y su fiabilidad era variable.
Por eso, algunos trabajadores preferían pagar una pequeña cantidad semanal a una persona que garantizara que se levantarían a tiempo.
Los despertadores humanos recorrían rutas previamente organizadas y no abandonaban una vivienda hasta comprobar que el cliente había respondido.
Un oficio que sobrevivió durante décadas
Los knocker-ups fueron especialmente conocidos en ciudades industriales británicas durante el siglo XIX y parte del XX.
La progresiva difusión de los relojes despertadores económicos terminó reduciendo la necesidad de estos servicios.

Sin embargo, el oficio no desapareció de forma inmediata. Todavía existen testimonios de despertadores humanos que trabajaron en algunas localidades británicas durante buena parte del siglo XX.
Mary Smith se convirtió en una de las figuras más recordadas de esta profesión gracias a las fotografías históricas que muestran su particular método.
¿Quién despertaba a los despertadores?
El oficio planteaba una pregunta inevitable: ¿cómo conseguían levantarse tan temprano las personas encargadas de despertar a los demás?
Algunos trabajadores organizaban sus horarios para permanecer despiertos durante la madrugada. Otros podían recurrir a personas que trabajaban de noche.
La pregunta dio lugar a bromas populares sobre despertadores que necesitaban, a su vez, otro despertador.
Era una paradoja que reflejaba hasta qué punto la puntualidad había pasado a formar parte de la vida cotidiana de las ciudades industriales.
Una fotografía que conserva una profesión desaparecida
La imagen de Mary Smith con su tubo para lanzar guisantes se ha convertido en un testimonio muy conocido de la historia social británica.
Más allá de lo pintoresco de la escena, recuerda las dificultades que afrontaban los trabajadores antes de que determinadas tecnologías domésticas fueran accesibles para la mayoría de la población.
Hoy basta con programar una alarma en el teléfono móvil. Hace aproximadamente un siglo, algunas personas pagaban para que alguien recorriera las calles y lanzara guisantes contra su ventana.
Una profesión que puede parecer absurda en nuestros días, pero que durante décadas respondió a una necesidad real de miles de trabajadores.
Nota histórica: La existencia de Mary Smith y del oficio de knocker-up está documentada. Sin embargo, detalles del texto compartido, como el cobro exacto de seis peniques semanales, que despertara a cientos de personas cada mañana, la fecha precisa de su retirada o las anécdotas sobre quién la despertaba, necesitan fuentes adicionales antes de presentarse como hechos comprobados.



