19 de octubre de 2025
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“¿No han tenido tiempo de arreglar el ascensor?”: la indignación de las personas con discapacidad tras la DANA en l’Horta Sud

Casi un año después de las inundaciones, los vecinos de Catarroja y Benetússer siguen sin poder usar el tren de Cercanías por los ascensores averiados. “Nuestro tiempo vale lo mismo que el de los demás”, denuncia Carol, usuaria en silla de ruedas.


Un año sin poder subir al tren

El 29 de octubre de 2024 la DANA anegó estaciones, calles y hogares de l’Horta Sud. Casi doce meses después, las aguas se han ido, pero las barreras siguen ahí.
Carol, vecina de Catarroja, y Salva, de Benetússer, no han podido volver a usar el Cercanías desde aquel día. No por el tren, que ya funciona, sino por algo tan básico como un ascensor roto.

“Es indigno”, dice Carol, que llega a la entrevista acompañada de su asistente personal. “No hay derecho. En cinco minutos estaría en València si pudiera coger el tren, pero tengo que esperar a que pase un autobús con rampa… y a veces pasa el segundo o el tercero.”
El trayecto se multiplica por tres, y cada desplazamiento se convierte en una carrera de obstáculos.


“Nos tratan como ciudadanos de tercera”

Carol lo dice sin rabia, pero con una mezcla de cansancio y firmeza:

“Somos ciudadanos de segunda o de tercera. Mi tiempo vale igual que el del resto, pero parece que no les importa.”

Ha llamado varias veces a Renfe, que le responde que los ascensores dependen de Adif. Mientras tanto, las promesas se alargan y la accesibilidad se queda en papel mojado. Compromís ya exigió una solución en marzo, pero nada ha cambiado.


Benetússer: el ascensor que separa dos pueblos

En Benetússer, Salva también espera. Activista por la accesibilidad, recuerda con ironía que su municipio presume de calles adaptadas, pero que un solo ascensor roto impide cruzar a pie hacia Alfafar, donde está el centro de salud y otros servicios básicos.

“Ya tienes que pedirle a un familiar que te acerque o coger un taxi para ir a urgencias. Es absurdo”, lamenta.
Su petición es clara: “Que el ministro de Transportes se ponga las pilas. Que tenga un poco menos de vergüenza y lo arreglen pronto.”


Un año después, el mismo andén roto

Desde Adif aseguran que estos asuntos tienen “prioridad absoluta” y que algunos ascensores ya se han reparado, pero reconocen que las empresas adjudicatarias tienen sus plazos. En abril prometieron que el de Alfafar-Benetússer estaría listo en agosto. Estamos en octubre.

Mientras tanto, la accesibilidad se deteriora más allá del andén. Calles llenas de socavones, rampas dañadas, coches aparcados sobre las aceras… “Así no se puede vivir”, resume Carol.


Donde la DANA nunca terminó

La tormenta pasó, pero sus efectos aún se sienten bajo las ruedas de quienes luchan cada día por moverse libremente.

“No pedimos milagros —dice Carol—, solo poder hacer lo mismo que el resto: salir de casa, subir al tren y llegar a València sin tener que suplicar ayuda.”

Porque en Catarroja y Benetússer, casi un año después, la verdadera inundación es la de promesas incumplidas.

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