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Cuando el IVA llegó a España: el impuesto que nació con Europa y cambió la vida cotidiana
El 1 de enero de 1986 marcó un antes y un después en la fiscalidad española y en la relación del país con el proyecto europeo
El comienzo de 1986 no fue un año más para España. Aquel 1 de enero el país estrenaba pertenencia plena a la Comunidad Económica Europea y, con ella, un nuevo modelo fiscal que transformaría la forma de consumir, facturar y recaudar: el Impuesto sobre el Valor Añadido.

La implantación del IVA supuso abandonar el antiguo sistema de impuestos indirectos para alinearse con el modelo común europeo. No se trataba solo de un cambio técnico, sino de un símbolo político y económico de integración en el mercado comunitario.
Un impuesto ligado al ingreso en Europa
La adhesión de España a la Europa comunitaria se había formalizado meses antes, en junio de 1985, con la firma del Tratado de Acceso. Sin embargo, fue al arrancar 1986 cuando los ciudadanos empezaron a notar de forma directa lo que significaba ese paso histórico.
El IVA entró en vigor con un tipo general del 12% que afectaba a la mayoría de bienes y servicios. Para muchos consumidores y pequeños comerciantes, aquello supuso aprender de golpe nuevos conceptos como bases imponibles, tipos reducidos o deducciones fiscales.
Una pedagogía fiscal poco convencional
La llegada del IVA no estuvo acompañada de protestas masivas, en parte por el clima de optimismo que rodeaba a la entrada en Europa. También influyó la curiosa campaña de divulgación impulsada por el Gobierno para explicar el nuevo impuesto.
En un especial televisivo de Nochevieja, la actriz Concha Velasco protagonizó una actuación musical que hoy forma parte de la memoria colectiva, en la que el IVA se presentaba con tono festivo como un paso natural hacia la modernización del país.
De novedad fiscal a pilar del sistema tributario
Cuatro décadas después, el IVA es uno de los principales instrumentos de recaudación del Estado y una pieza central del sistema tributario español. Desde aquel 12% inicial, el tipo general ha ido aumentando hasta el 21% actual, adaptándose a las necesidades presupuestarias y a los ciclos económicos.
Lo que en 1986 era un impuesto desconocido se ha convertido en una presencia constante en la vida diaria, integrada en cada ticket de compra y en la actividad de empresas y autónomos.
Un cambio que marcó una época
La implantación del IVA simbolizó mucho más que una reforma fiscal. Representó la entrada definitiva de España en un espacio económico común, la homologación de sus reglas de juego y la consolidación de un modelo moderno de gestión tributaria.
Hoy, cuarenta años después, aquel impuesto que nació entre discursos europeos y campañas televisivas forma parte del paisaje cotidiano, recordando uno de los hitos más decisivos de la historia económica reciente del país.
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