El presidente del Gobierno español deja a un lado los discursos institucionales para grabar un house tour al más puro estilo influencer. TikTok, relojes de cuerda, democracia y referencias a Isabel Preysler se mezclan en un vídeo que parece sacado de una parodia… pero no lo es.
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Introducción innecesariamente solemne para algo tan banal
En el inmaculado y sofisticado universo de los contenidos virales, donde bailes, mascotas y recetas exprés compiten por la atención de las generaciones más distraídas de la historia, Pedro Sánchez ha decidido plantarse con algo que nadie había pedido, pero todos están viendo: un house tour del Palacio de la Moncloa. Sí, han leído bien. El presidente del Gobierno ha optado por desentrañar los misterios arquitectónicos e históricos de su lugar de trabajo… en TikTok. Y lo ha hecho con una frase que ya ha pasado a la posteridad política reciente: “Aquí, a lo Isabel Preysler”.
Así, sin despeinarse, el jefe del Ejecutivo se lanza al universo de los creators, sin filtros ni cromas (bueno, alguno habrá), en una jugada que pretende “acercarse a los jóvenes”, pero que también podría tener algo que ver con la sobreexposición crónica de nuestros líderes modernos. Porque claro, ¿qué es más 2025 que un presidente haciendo reels?
Un reloj de cuerda, una sala con historia y una pizca de Preysler
El vídeo, que en apenas cuatro horas ya superaba las 250.000 reproducciones, comienza con Sánchez caminando por los pasillos de la Moncloa como si fuera una mezcla entre guía del Museo del Prado y estrella de YouTube. Y cuando se detiene en la conocida Sala del Reloj, no decepciona:
“Se llama así porque está presidida por un reloj de cuerda”, explica, dejando claro que la creatividad para nombrar salas tampoco es que haya sido prioridad en la democracia.
Pero no todo es estética y cronometraje. El presidente aprovecha la ocasión para repasar un poco de historia institucional (con tono casual, eso sí). Según relata, en esa misma sala se celebraron algunos de los Consejos de Ministros más relevantes del inicio de la democracia, con Adolfo Suárez y Felipe González al mando. Todo muy solemne, aunque la cámara gire con un gimbal de TikTok y el plano se detenga en una moldura dorada.
Influencer, pero con contexto político
Lo curioso es que el vídeo no se limita a enseñar muebles. Sánchez da clase de historia como si fuera profe de instituto con buen karma. Explica que Felipe González decidió construir un nuevo edificio para los Consejos de Ministros, y que esta sala fue testigo de muchas decisiones importantes que moldearon España. Así, el presidente convierte su TikTok en una cápsula de divulgación light, con fondo de salón imperial.
Y es que la estrategia está clara: si los jóvenes están en TikTok, él también. Pero en vez de hacer un challenge de baile, decide hablar de arquitectura institucional, historia democrática y recuerdos en madera tallada. Una apuesta arriesgada, pero sorprendentemente eficaz, al menos a nivel de engagement.
¿Y qué dice la audiencia? Pues lo de siempre: entre el fanatismo y el emoji
Los comentarios no se han hecho esperar. Entre corazones, aplausos virtuales y gifs reciclados, los mensajes van desde la devoción (“Eres el mejor PRESIDENTE que hemos tenido”) hasta el interés educado (“Queremos ver más del palacio”). Alguno incluso pide que enseñe la cocina, lo cual, admitámoslo, sería contenido de oro.
Otros, claro, ven en esto una jugada mediática más, un intento desesperado de parecer “uno más” en la red social del momento. Pero eso no quita que, de alguna manera, funcione. Porque no es habitual que un presidente se grabe paseando por una sala que parece sacada de Downton Abbey, explicando decisiones políticas entre tapices y lámparas doradas.
¿Un simple capricho comunicativo o parte de una estrategia de largo recorrido?
Aquí viene el análisis que nadie pidió, pero todos necesitaban. Este movimiento no es casual. Desde hace tiempo, Pedro Sánchez está apostando por una narrativa de cercanía, que pasa por entrevistas ligeras, respuestas en redes sociales y, ahora, tours en vídeo.
TikTok no es nuevo para el presidente. Ya ha utilizado la plataforma para felicitar fiestas, compartir mensajes institucionales o simplemente dejarse ver en versión relax. Pero este nuevo enfoque —abrir las puertas del lugar más simbólico del poder ejecutivo español— es un paso más allá.
Y sí, hay una intención clara: mostrar transparencia, cercanía y modernidad. Porque en un mundo donde la política parece cada vez más lejana, un presidente hablando de relojes de cuerda mientras cita a Isabel Preysler puede parecer, paradójicamente, más humano.
¿Qué más podría enseñar en la Moncloa? (Sugerencias gratuitas que nadie pidió)
Visto el éxito del primer episodio de MTV Moncloa Cribs, las posibilidades son infinitas. Aquí algunas ideas que, si algún asesor de comunicación nos está leyendo, puede tomar libremente:
- El despacho de los lunes por la mañana: con taza de café institucional incluida.
- El pasillo de los teléfonos rojos: si es que existen.
- La sala donde se elige qué corbata llevar para los discursos: contenido de alta tensión.
- El jardín donde se hacen las fotos con líderes internacionales: ideal para meter un filtro ‘vintage’.
- La cocina de los discursos: porque seguro que hay alguna sala donde se cocinan las frases míticas.
Cada rincón del Palacio de la Moncloa puede ser una excusa perfecta para una nueva entrega. Incluso el garaje. ¿Por qué no?
¿Y qué opina la prensa tradicional? Pues lo habitual: mezcla de escepticismo y resignación
Mientras algunos medios celebran el “nuevo lenguaje político” que rompe barreras generacionales, otros se preguntan si no estamos desdibujando las fronteras entre la política y el entretenimiento.
¿Puede un presidente ser una figura institucional seria mientras graba vídeos para TikTok? ¿Se pierde algo de solemnidad en el camino o, por el contrario, se gana legitimidad al hablar el idioma de las nuevas generaciones?
La respuesta, como todo en política, depende de a quién se lo preguntes.
SEO, historia, Preysler y política viral: todo en un mismo post
Este house tour de Pedro Sánchez no es solo un vídeo más en TikTok. Es un síntoma. De los nuevos tiempos, de la nueva forma de comunicar y, por supuesto, de la nueva forma de consumir política: breve, directa, con un toque de humor y muchas, muchas vistas.
En plena era de la saturación informativa, donde los discursos largos no los ve ni el gato del community manager, Sánchez ha apostado por el formato comprimido con contenido masticado. Y funciona. No porque sea revolucionario, sino porque es, simplemente, inesperado.
Una Moncloa más accesible… ¿o más decorativa?
Habrá quien diga que esto banaliza la política. Que un presidente no está para enseñar salones en vídeo vertical. Que se pierde el respeto a las instituciones. Pero también habrá quien vea aquí una forma legítima de abrir las puertas del poder —literalmente— a la ciudadanía.
La Moncloa ya no es solo un lugar inaccesible. Ahora también es escenario de contenido viral. Y eso, en tiempos de distancia política, quizás no sea tan mala idea.
¿Y ahora qué? ¿Se viene la serie? ¿El spin-off? ¿La secuela en YouTube?
Con el éxito del primer capítulo, solo queda esperar. ¿Veremos un “behind the scenes” de una cumbre europea? ¿Un vídeo enseñando el despacho durante la pandemia? ¿Un day in the life presidencial con desayuno, reuniones y discurso improvisado?
Todo es posible. Y, francamente, no podemos esperar a ver qué sigue.