26 de octubre de 2026
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Peña Cortada, el acueducto romano que atraviesa las montañas de Valencia

Puentes sobre barrancos, galerías excavadas en la roca y una profunda brecha en la montaña forman una de las obras hidráulicas más singulares del interior valenciano.

En la comarca de Los Serranos, el acueducto de Peña Cortada conserva el rastro de una infraestructura romana que transformó el paisaje para conducir agua. Sus restos se distribuyen por Tuéjar, Chelva, Calles y Domeño, entre barrancos y laderas que obligaron a combinar distintas soluciones constructivas. El conjunto está declarado Bien de Interés Cultural.

Turismo de Chelva sitúa su construcción en el siglo I d. C. y señala que se conservan tramos a lo largo de unos 28 kilómetros. Esa extensión permite comprender que el acueducto era mucho más que el puente que protagoniza sus imágenes más conocidas: constituía una larga conducción adaptada a la montaña.

El paso sobre el barranco de la Cueva del Gato, en término de Calles, es uno de sus elementos más espectaculares. El puente mide aproximadamente 36 metros de longitud y alcanza los 33 metros de altura. Sus tres arcos descansan sobre pilares escalonados y están construidos con grandes bloques de piedra tallados a escuadra, mediante la técnica conocida como opus quadratum.

La otra gran protagonista es la propia Peña Cortada. El corte vertical abierto en la roca da nombre al conjunto y enlaza con galerías excavadas en la montaña. En algunos puntos, las aberturas de la canalización permiten contemplar el paisaje desde el interior, mostrando cómo la obra se integró en un relieve especialmente difícil.

La captación se encontraba en el río Tuéjar, pero el destino final del agua continúa siendo una cuestión abierta. La información oficial de Turisme Comunitat Valenciana mantiene esa incertidumbre: conocer el origen y varios tramos de la conducción no equivale a haber identificado con seguridad su punto de llegada.

Hoy, el sendero PR-CV 92 permite acercarse a este patrimonio entre Chelva y Calles. Turismo de Chelva describe un itinerario de unos 12 kilómetros, con una duración aproximada de cuatro horas y dificultad media. El recorrido reúne túneles, el paso por la brecha y vistas del puente, aunque existen distintas variantes para conocer el conjunto.

Peña Cortada conserva así dos historias inseparables: la del agua que debía recorrer la serranía y la del trabajo necesario para abrirle camino entre sus montañas.

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