España estrenará 2026 con los mismos Presupuestos Generales del Estado que en 2023. Es la tercera prórroga consecutiva y la undécima en la democracia. El Gobierno promete unas cuentas “expansivas y responsables”, pero, de momento, seguimos con el Excel de hace tres años.
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Como cada diciembre: ¿Habrá Presupuestos? No. Pero gracias por preguntar
En un gesto ya casi navideño, el Consejo de Ministros ha aprobado la prórroga de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2023 por tercera vez consecutiva, esta vez para el ejercicio de 2026. Así, entraremos en el nuevo año con una fotocopia fiscal que ya empieza a amarillear, mientras el Gobierno de Pedro Sánchez continúa intentando reunir los apoyos parlamentarios necesarios para sacar adelante unas nuevas cuentas.
Sí, ya sabemos lo que estás pensando: “¿Pero esto no lo viví ya el año pasado?” Pues sí. Y el anterior también. Y si no fuera por los cambios cosméticos en el techo de gasto y alguna modificación puntual para que Bruselas no se enfade, podríamos estar hablando de un fenómeno de ciencia ficción: los Presupuestos que se resisten al paso del tiempo.
¿Esto es legal? Spoiler: sí, pero no muy inspirador
El Ejecutivo se ampara en el artículo 134 de la Constitución Española, que establece que si no se aprueban unos nuevos PGE antes del 1 de enero, los del año anterior se prorrogan automáticamente. Vamos, que el sistema ya prevé que a veces los políticos no se ponen de acuerdo. Lo que quizá no preveía era que esa previsión se convirtiera en costumbre.
Con esta, ya son 11 las veces que se ha recurrido a esta herramienta en democracia, y tres seguidas con los mismos presupuestos. ¿Motivos? Una fragmentación parlamentaria casi deportiva, y la ruptura con Junts, que deja al Gobierno sin la calculadora completa para cuadrar una mayoría.
El futuro no es muy alentador, pero el Excel está actualizado
A pesar de la parálisis presupuestaria, el Gobierno no ha perdido el tiempo en otras áreas. El techo de gasto para 2026 ya está listo, y sube hasta la cifra récord de 216.177 millones de euros. Porque si hay que repetir presupuestos, al menos que parezca que hacemos algo nuevo. También se ha actualizado la senda de déficit y deuda:
- Déficit: del 2,1% en 2026 al 1,6% en 2028.
- Deuda pública: del 100,9% del PIB en 2026 al 99,1% en 2028.
Todo esto con un matiz importante: el Congreso rechazó el plan fiscal del Gobierno, pero, como se suele decir en estos casos, Bruselas manda. Así que entra en vigor el plan estructural a medio plazo que ya se envió a la UE, el cual —por cierto— aprieta más a las comunidades autónomas y da un poco más de aire a la Administración Central. Porque el café para todos ya no se lleva.
Montero, como cada año, promete: “Serán expansivos y responsables”
La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, asegura que los Presupuestos de 2026 —los nuevos, los reales, los que aún no existen— serán “expansivos y responsables”. Una frase que se ha convertido en un mantra presupuestario desde 2020, a medio camino entre promesa electoral y palabra mágica.
Montero también ha dicho que está trabajando para que estos PGE sean vistos como una “necesidad” por todos los grupos políticos. Aunque, a estas alturas, esa necesidad parece tan evidente como invisible.
¿Y qué pasa con los fondos europeos? Que no se pierdan, por lo que más quieran
Uno de los grandes temores —y con razón— es que la falta de Presupuestos comprometa la ejecución de los fondos Next Generation, esos 140.000 millones que vinieron con fanfarria europea y que, si no se gastan, se evaporan.
Para evitarlo, el Gobierno ha aprobado una serie de medidas y modificaciones:
- En septiembre, se aprobó un nuevo componente del plan para priorizar proyectos que refuercen la capacidad de respuesta ante fenómenos meteorológicos extremos. Muy necesario, viendo cómo está el clima últimamente.
- En diciembre, se simplificaron los procedimientos de verificación y ejecución para reducir la carga burocrática y optimizar el uso de los fondos antes de agosto de 2026, cuando se cierra el grifo europeo.
- Además, los ministerios podrán adaptar los créditos prorrogados a los objetivos del Plan de Recuperación, para no quedarse atrapados en un bucle fiscal.
Porque una cosa está clara: repetir Presupuestos puede ser una rutina, pero perder fondos europeos es una tragedia.
¿Cómo afecta esto a Valencia y al resto de comunidades?
Pues aquí viene la parte menos divertida: la falta de nuevos PGE limita el margen de maniobra de las comunidades autónomas, que dependen en parte de las transferencias del Estado para financiar sanidad, educación, servicios sociales y hasta las fallas si me apuras.
Y como el plan fiscal en vigor —sí, el aprobado por Europa pero no por el Congreso— da más poder a la Administración Central, las autonomías tienen menos capacidad de gasto. Esto, en plena resaca de reformas fiscales autonómicas, puede generar tensiones (y titulares).
Valencia, que ya cuenta con una financiación autonómica reconocidamente injusta (y aún sin resolver), podría ver cómo sus ya ajustados márgenes se estrechan aún más. Porque aquí no solo se trata de cuadrar cifras, sino de mantener servicios básicos sin subir la tensión política.
Y ahora, el dato inútil para romper el hielo en la cena de Nochevieja
¿Sabías que los Presupuestos de 2023 ya han sido prorrogados más veces que los de 2018? Sí, los de 2018, aquellos de Rajoy primero y de Sánchez después, se prorrogaron dos veces. Los de 2023 van camino de convertirse en los “presupuestos más rentables por día de uso” de la historia democrática.
Por no hablar de que la idea de tener un “nuevo” Presupuesto podría convertirse en anécdota generacional: “¿Abuelo, tú viviste alguna vez con presupuestos nuevos?” – “Sí, hijo, en 2023. Fue bonito mientras duró.”
¿La solución? Spoiler: pactar (lo sé, qué locura)
La única forma de salir del bucle es la de siempre: pactar, negociar, ceder, sumar mayorías, todo eso que parece obvio en democracia pero tan complicado con 17 partidos en juego. Y con Junts fuera de la ecuación, no parece que Sánchez lo tenga fácil.
Podría buscar apoyos puntuales, jugar la carta de “Presupuestos de país”, o incluso volver a agitar el fantasma de la ingobernabilidad como palanca política. Lo cierto es que nadie parece estar ganando demasiado con este déjà vu fiscal… salvo los contables del Estado, que ya tienen el archivo listo para imprimir.
¿Y si no se aprueban tampoco los de 2026? Bienvenidos a la economía del déjà vu
El problema de repetir Presupuestos no es solo la imagen. Es que se congela la acción política real, se retrasan inversiones, se bloquean nuevos proyectos y se ralentiza la recuperación económica. Es como intentar avanzar por la autopista con el freno de mano echado.
Y ojo, que en teoría, 2026 debía ser el año de consolidación de todos los planes lanzados post-pandemia. El año del cierre del mecanismo de recuperación europeo. El año de la reindustrialización. El año de la transición verde. Todo eso está sobre el papel… un papel que lleva la fecha de 2023.
Conclusión: Presupuestos sin sorpresa, pero con consecuencias
Lo de prorrogar presupuestos puede sonar técnico, aburrido y lejano. Pero afecta a tu centro de salud, a tu colegio, a las becas, a los trenes que coges (o no coges) y hasta a si ese polígono industrial se moderniza o no.
Y aunque las cifras macro vayan bien, aunque el déficit baje y la deuda se contenga, sin nuevos presupuestos, no hay nueva política real. Solo gestión a medio gas, y mucha contención.