La imagen fue tan elocuente como incómoda: Óscar Puente compareciendo durante siete horas en el Senado, sin un solo ministro a su lado, sin el presidente del Gobierno y con la bancada convertida en un muro de reproches. Afuera, el país aún lloraba a 46 muertos por los accidentes ferroviarios. Dentro, la política mostraba su vacío más crudo.

El Senado de España fue escenario de una sesión extraordinaria que acabó retratando algo más que una crisis de infraestructuras: una soledad política absoluta. Ni respaldo coral del Ejecutivo, ni gesto de acompañamiento institucional. Pedro Sánchez no estuvo en el funeral ni acudió a la Cámara Alta. La agenda, cancelada. El silencio, atronador.

“Váyase, señor Puente”
El tono de la sesión fue subiendo hasta convertirse en una auténtica enmienda a la totalidad. Portavoces de casi todos los grupos —incluidos aliados habituales— desmontaron los argumentos del ministro. Pero la intervención que lo condensó todo fue la del senador del PP por Murcia, Francisco Bernabé, que recordó que ya advirtió hace dos meses del deterioro de la red ferroviaria.
La acusación fue directa: seis versiones distintas sobre las causas del siniestro, promesas de “renovación integral” que no se sostienen y una cadena de rectificaciones que, lejos de aclarar, alimentan la desconfianza. El cierre, sin rodeos: “Si le queda algo de dignidad, pida perdón a las víctimas y váyase”.
La ausencia que pesa más que cualquier discurso
Mientras Puente defendía su gestión —“he dormido tres horas al día”, “la respuesta estuvo a la altura”—, la pregunta flotaba en el aire: ¿dónde estaba el Gobierno? La política de la comparecencia sin preguntas, el recurso al “bulo” como cortina de humo y la insistencia en que “las tragedias suceden” no llenan el vacío que deja la ausencia del presidente en los momentos más delicados.
En un país donde el ferrocarril es vertebral, la confianza es tan importante como el mantenimiento. Y aquí fallan ambas. Porque cuando hay muertos, no basta con ruedas de prensa largas ni con señalar a “la ultraderecha” o a “campañas de miedo”. Hace falta liderazgo. Presencia. Asunción de responsabilidades.
La aritmética antes que la ética
El debate dejó otra sensación incómoda: la responsabilidad política se administra según convenga a la aritmética parlamentaria. Con decenas de víctimas, nadie dimite. Con menos, han caído cargos en otras etapas. El mensaje que cala es demoledor: la ética depende del equilibrio de apoyos.
Puente defendió inversiones, negó abandono y prometió transparencia futura. Pero la transparencia no se proclama, se demuestra. Y la verdad no se corrige seis veces. Cuando los familiares reclaman respuestas, lo mínimo exigible es unidad institucional. Ayer no la hubo.
Un cierre que deja huella
La comparecencia terminó como empezó: con Puente solo. Solo ante los senadores, solo ante el relato, solo ante el desgaste. Y con una frase que ya resuena más allá del hemiciclo: “Váyase, señor Puente”. No es un eslogan; es el síntoma de una crisis más profunda, donde la ausencia pesa tanto como los errores y donde 46 muertos exigen algo más que explicaciones: exigen responsabilidad política real.