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Las víctimas de la dana llegan a Alemania y confirman la lentitud de la reconstrucción
Las similitudes evidentes entre las inundaciones que ocurrieron en el sur de Alemania en 2021 y la dana en Valencia hace ocho meses son temas de análisis en las jornadas que se llevan a cabo en el valle del Ahr. Estas jornadas, organizadas por instituciones públicas y privadas, buscan identificar elementos comunes que puedan proporcionar enseñanzas para ambas comunidades y ofrecer ideas para afrontar futuras catástrofes, que según los expertos participantes, son inevitables.
Entre los asistentes a estas sesiones de debate están Rosa Álvarez y Carmen Gil, presidenta y vicepresidenta de la Asociación de Víctimas Mortales de la Dana 29O. Ambas han compartido experiencias con los residentes de las zonas afectadas en julio de 2021, han escuchado a los científicos y han asimilado las perspectivas de las autoridades locales con las que se han reunido. Su conclusión es clara: «Viendo cómo está Alemania cuatro años después, en Valencia no estamos tan mal».
Esta conclusión surge tras visitar áreas que aún esperan ser reconstruidas. Se trata de infraestructuras críticas cuya reparación sigue pendiente, proyectos que no avanzan, viviendas provisionales que aún albergan a quienes lo han perdido todo, y servicios de emergencia que continúan ofreciendo alimentos y artículos esenciales a las víctimas de las inundaciones. Los socorros siguen siendo necesarios para los habitantes de zonas dispersas por un valle de complicada orografía, hacia quienes la ayuda no ha llegado por completo y dependen del apoyo comunitario.
Las diferencias observadas por Álvarez y Gil, junto con el resto de la delegación valenciana, contrastan con las poderosas semejanzas entre ambas catástrofes, que los participantes del evento insisten en destacar. Territorios similares, aunque con fisonomías distintas, un balance de víctimas comparables, y un elemento clave: la admirable reacción ciudadana tras el desastre. Este factor es fundamental para Álvarez y Gil, ya que creen que permite una mirada esperanzadora sobre la situación en el valle del Ahr.
«La esperanza es lo que nos mantiene en pie», coinciden en señalar. «Esperanza, resiliencia, reconstrucción… Y justicia, que no debemos olvidar por su importancia». Tanto Álvarez como Gil han tenido la oportunidad de conversar con personas que, al igual que ellas, fueron afectadas por la tragedia en una región de Alemania que aún lucha por salir adelante después de 2021. Personas como el arquitecto Uro Heimermann, con quien conversaron el jueves sobre su experiencia durante el desastre y su contribución al retorno de la normalidad. De esa conversación, destacan la unidad ciudadana como el factor clave para afrontar el daño causado por la dana.
Una lección adicional se centra en la necesidad de que las medidas de seguridad se basen en la colaboración entre administraciones, un aspecto que no ha funcionado adecuadamente en ninguno de los dos desastres. Existen otras analogías significativas. El Ahr, generalmente un riachuelo tranquilo, se convirtió en una poderosa fuerza destructiva al desbordarse, similar al Poyo en Valencia. La desembocadura del Ahr en el Rhin es un paisaje protegido, de gran valor natural, comparable a la Albufera, que ayudó a mitigar los efectos de la dana en Valencia. Y otra coincidencia, más desalentadora: la falta de cooperación institucional se suma a la pesadilla burocrática, que tanto en Alemania como en la zona cero en Valencia, obstaculiza que la ayuda llegue a quienes la necesitan, lo que añade una crueldad más al proceso. Como comentó esta mañana en Dernau un responsable del organismo que gestiona las ayudas, «hay dinero, pero no llega».
Estas cuestiones son también las que Álvarez y Gil han constatado en Alemania, reflejando la frustración de quienes fueron duramente golpeados por la dana del 29 de octubre.