10 de abril de 2013
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Repercusiones de nuestra ira

Mª José González HiguerasMª José González Higueras
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica y Sexóloga
Itaka Sexología

La ira es una emoción humana tan natural como la tristeza, la alegría o el miedo; esa rabia espontánea, ha sido necesaria para la supervivencia durante siglos de evolución y le ha facilitado al ser humano el poder defenderse ante la hostilidad, ayudándole a protegerse cuando ha sido atacado, para poder sobrevivir. Ahora le ayuda a pasar por circunstancias realmente adversas debido a una crisis voraz y despiadada especialmente con los más frágiles.

La manera instintiva de expresar la ira es responder agresivamente, pero aunque es una respuesta adaptativa ante las amenazas y las situaciones adversas también puede convertirse en un problema físico y mental si no aprendemos a controlarla de forma satisfactoria.

La existencia de la ira es inevitable y aunque existen personas que la ocultan, diversos estudios demuestran que la ira no expresada puede llegar a dañar la salud. Eso no quiere decir que debamos dar rienda suelta a la ira, ya que si está fuera de nuestro control, se vuelve destructiva; por lo que nos será necesario encontrar una manera apropiada de liberarla, controlándola y/ o reconduciéndola eficazmente para que no cause daño: a los demás (en las relaciones sociales, si convertimos en objeto de nuestra cólera a los que nos rodean), o a nosotr@s mism@s (un estado de irritación duradero influye negativamente en la salud).

La ira puede ser debida a estímulos externos (podemos enfadarnos si alguien se nos “cuela” en la cola del supermercado) o internos (si pensamos que una persona quiere “arrebatarnos a nuestra pareja); hechos actuales (nos acaban de despedir del trabajo) o anteriores (rememoramos un momento del pasado donde sufrimos algún tipo de abuso).

Podemos utilizar varias estrategias para controlar nuestra ira, algunas de las cuales son:

  • Verbalizar la ira
  • Calmarnos
  • Desarrollar técnicas para cambiar pensamientos y conductas por otras más constructivas
  • Aprender técnicas de relajación
  • Resolver problemas pasados
  • Irnos

Las personas que se enfurecen con facilidad suelen tener una baja tolerancia a la frustración: consideran “subjetivamente” que ellas no “deberían” verse sometidas ni a frustraciones ni a situaciones adversas, ocultando internamente otros problemas personales: sentimientos de impotencia e incompetencia, baja autoestima, falta de habilidades sociales, etc. Es importante reflexionar sobre el poder que tenemos para cambiar nuestros pensamientos ante los diferentes acontecimientos que se van produciendo en nuestra vida y que nos provocan ira.

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