25 de octubre de 2025
2 mins read

Robin Williams y Steven Spielberg: la risa que rescató a un alma en medio del Holocausto

Durante el rodaje de La lista de Schindler (1993), Steven Spielberg cargaba con un peso invisible.
Cada día, en el set de Cracovia, rodeado por los fantasmas del Holocausto, veía a sus actores revivir una de las horas más oscuras de la humanidad: madres separadas de sus hijos, humo saliendo de las chimeneas, la esperanza desvaneciéndose en un mundo de blanco y negro.

Cuando las cámaras se detenían, el silencio lo seguía hasta su casa.

“Sentía que vivía dentro de la tragedia”, confesó alguna vez Spielberg.
“La frontera entre el pasado y el presente empezaba a borrarse.”

Y entonces sonaba el teléfono.

—«¡Helloooooo! ¡Aquí llega tu dosis diaria de locura!»

Era la voz inconfundible de Robin Williams, irrumpiendo en el auricular como un rayo de sol rompiendo las nubes.
Robin nunca preguntaba cómo estaba Spielberg —ya lo sabía—. En lugar de eso, atacaba la tristeza con su mejor arma: la risa.

A veces improvisaba un sketch sobre pingüinos que abrían una sandwichería en Polonia.
Otras, eran decenas de voces absurdas discutiendo quién debía ser el asistente del director.

“Robin tenía un radar para la tristeza”, recordaría Spielberg.
“Sentía cuando yo me hundía demasiado… y entonces aparecía, de la nada, con alegría.”

Las llamadas nunca estaban planeadas.
Llegaban a medianoche, al amanecer o entre sesiones de montaje, como si el corazón de Robin supiera instintivamente cuándo su amigo necesitaba volver a respirar.
Spielberg solía empezar la conversación en silencio, con los hombros pesados, y terminaba riendo hasta las lágrimas.

“A veces reía hasta llorar. Y ese era precisamente el propósito: recordarme que aún podía sentir algo más que dolor.”

Una noche, después de filmar la brutal escena de la liquidación del gueto de Cracovia, Spielberg se encerró en su habitación, exhausto.
El teléfono volvió a sonar.

Robin no dijo hola.
Comenzó directamente un sketch sobre dos elefantes de circo tratando de formar una banda de jazz.

—«¡Larry, tu trompa está desafinada!»
—«¡Tal vez porque tocas la tuba con las narices!»

Durante diez minutos, Spielberg rió hasta que las lágrimas que corrían por su rostro ya no eran de tristeza.

—«Robin, no tienes idea de lo que acabas de hacer por mí.»
—«Oh, creo que sí», respondió Robin con ternura.
—«Hasta Dios necesita reír después de mirar el mundo por demasiado tiempo.»

A la mañana siguiente, Spielberg regresó al set más ligero.
No porque el mundo hubiera cambiado, sino porque su amigo le había recordado que aún quedaba calor dentro de él.

Años después, el director lo resumiría así:

“Las llamadas de Robin no eran entretenimiento: eran misiones de rescate. Cada vez se sumergía en la oscuridad para sacarme de ella.”

Aquella amistad se convirtió en una lección silenciosa de compasión:
a veces el amor no se muestra con grandes discursos ni promesas solemnes.
A veces llega simplemente como una voz al otro lado del teléfono que dice:

“Oye, amigo… ¿y si buscamos un poco de luz esta noche?”

Y para Steven Spielberg, esos momentos fueron la prueba de algo profundo:
que la risa, cuando nace del amor, puede ser un salvavidas — incluso a la sombra de la Historia.

Previous Story

Fiebre por Quevedo en Valencia: centenares de fans hacen cola en el Roig Arena para su último concierto de gira

Next Story

El Clec Fashion Festival convierte Valencia en capital de la moda sostenible y creativa

Latest from Blog

La mejor tarifa de fibra y móvil de 2021

El mercado de las operadoras de telefonía en España es muy amplio, y por ello, escoger las mejores tarifas de fibra y móvil puede ser complicado. En concreto, en nuestro país existen
Go toTop