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Médico relata su dura experiencia humanitaria en Gaza
Una misión de esperanza entre el caos
En medio de un conflicto que no da tregua, un médico español ha compartido su dura experiencia humanitaria en Gaza, donde trabajó como parte de una misión internacional para ayudar a las víctimas civiles del conflicto. Su testimonio ofrece una mirada cruda pero necesaria sobre la situación sanitaria en la región, y el desafío emocional y físico que supone prestar ayuda en un entorno de guerra.
Desde la primera línea del hospital Al-Shifa y otras instalaciones sanitarias del enclave palestino, este profesional valenciano atendió a decenas de heridos, muchos de ellos en condiciones extremas tanto por la falta de recursos como por la presión constante de los bombardeos.
Una experiencia que va más allá de la medicina
El doctor, cuya identidad se omite por razones de seguridad, llegó a Gaza con la organización Médicos Sin Fronteras en noviembre de 2023, apenas unas semanas después de que estallara uno de los peores capítulos del conflicto. Lo que presenció sobrepasó completamente sus expectativas.
“No es solo una cuestión médica. Es tremendamente humano. Ves niños amputados, mujeres embarazadas esperando atención bajo metralla, y ancianos que han perdido a toda su familia”, relata el galeno, visiblemente afectado. Su labor con los heridos pasó a ser también una lucha por mantener la esperanza en medio del dolor.
Pocas manos ante demasiadas heridas
La situación en Gaza es crítica. El sistema sanitario está al borde del colapso, y muchos hospitales operan a menos del 30% de su capacidad por la escasez de medicinas, electricidad e instrumental quirúrgico. “Había días en que solo éramos tres médicos para atender a un centenar de heridos”, explica.
- Crisis sanitaria en Gaza: Faltan antibióticos, anestésicos y incluso vendas limpias.
- Infraestructura destruida: Varios hospitales han sido dañados por los ataques.
- Condiciones insalubres: Las cirugías se realizan, en ocasiones, sin agua potable.
El médico valenciano detalla cómo realizaban amputaciones o limpiezas quirúrgicas sin anestesia en pacientes conscientes por la imposibilidad de acceder a fármacos esenciales. “Sentíamos impotencia, frustración e incluso rabia. Eso, a veces, te rompe por dentro”, confiesa.
Una jornada entre la vida y la muerte
Las jornadas de trabajo eran interminables. Turnos de más de 14 horas en quirófano, con pausas mínimas entre una intervención y otra. Las explosiones cercanas eran rutina. Lo peor: decidir quién podía salvarse y quién no.
“Nos basábamos en criterios de supervivencia. Dábamos prioridad a quienes tenían más posibilidades. No había espacio para lo contrario. Es una carga emocional destructiva, sobre todo cuando los descartados son niños”, agrega con evidente dolor en su voz.
Traumas emocionales para cooperantes y pacientes
El impacto psicológico de la violencia también deja profundas cicatrices, no solo físicas. Muchos pacientes presentaban síntomas graves de estrés postraumático, al igual que los propios trabajadores sanitarios.
- Niños con pesadillas recurrentes y mutismo selectivo tras los bombardeos.
- Sanitarios con crisis de ansiedad y agotamiento emocional.
- Falta de apoyo psicológico adecuado por la saturación del sistema.
El médico destaca que, pese al agotamiento, los equipos humanitarios recurrían a pequeños gestos para mantener la moral: canciones compartidas, cartas de ánimo de cooperantes internacionales o dibujos hechos por los niños que sobrevivieron a los ataques.
Gaza bajo fuego: vivir con miedo es la norma
Más allá de la labor médica, vivir en Gaza significaba convivir con el miedo constante. Las noches en refugios improvisados, la escasez de alimentos y las restricciones de movimiento eran parte del día a día.
“Dormíamos en colchones tirados en un sótano. Los bombardeos eran tan constantes que perdías la noción del tiempo”, narra. A pesar de las dificultades, el espíritu de colaboración entre las ONG y la comunidad local fue, según él, lo que permitió seguir adelante.
Colaboración internacional frente a la adversidad
Organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja y la Organización Mundial de la Salud han redoblado esfuerzos para mantener operativo un mínimo de atención sanitaria en la zona.
El testimonio del médico español resalta la valentía de los profesionales locales, muchos de los cuales han permanecido en sus puestos incluso después de que sus propios familiares hayan sido víctimas del conflicto.
- Personal médico que trabaja sin pagarles salario desde hace meses.
- Voluntarios palestinos jóvenes que traducen, limpian y colaboran en primera línea.
- Donaciones de ciudadanos extranjeros que llegan a través de paquetes humanitarios.
Una reflexión desde el regreso
Tras más de un mes en Gaza, el médico regresó a Valencia con el alma marcada por lo vivido. A su llegada al aeropuerto, apenas pudo contener las lágrimas. “Pensé que no volvería a ver mi país. La guerra te cambia”, asegura.
Ahora trabaja voluntariamente para sensibilizar a la población sobre la grave situación humanitaria en Palestina y la importancia de seguir apoyando las misiones sanitarias internacionales.
¿Por qué es necesario actuar?
Para el médico, no basta con conmoverse. La clave está en actuar. “Cada pequeña acción cuenta, desde una donación hasta una llamada de atención a los líderes políticos. La gente en Gaza no necesita lástima, necesita apoyo activo”, recalca.
Además, insiste en que la cobertura mediática debe ser constante y veraz. En su opinión, es fundamental que la ciudadanía esté informada mediante medios comprometidos y voces reales que relaten lo que sucede en el terreno.
El futuro de los cooperantes y la población de Gaza
Mientras el conflicto en Gaza sigue intensificándose, el porvenir de miles de civiles continúa pendiendo de un hilo. Las ONG alertan de una necesidad creciente de médicos, equipos quirúrgicos y apoyo psicológico en la zona.
Sin embargo, el médico valenciano no descarta volver. “Si me necesitan ahí, ahí estaré. Porque aunque uno se rompe, también se reconstruye. Y para eso estamos los médicos: para sanar heridas, incluso las que no se ven.”
Conclusión: la medicina como fuerza de resistencia
El relato de este médico evidencia cómo la acción humanitaria en zonas de conflicto no solo es una cuestión de salud, sino un acto de resistencia moral frente al abandono. Su historia es también un llamado a la empatía, al compromiso colectivo y a la memoria.
La guerra en Gaza continúa, pero también sigue latiendo la esperanza a través de profesionales como él, que arriesgan su vida para salvar las de otros. Porque como afirma el protagonista de esta historia: “Donde hay dolor, también hay humanidad”.
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