La transformación digital de la banca está dejando una consecuencia cada vez más visible en muchas ciudades y municipios: las personas mayores encuentran más dificultades para realizar operaciones tan básicas como retirar dinero en efectivo.
El cierre progresivo de oficinas, la reducción de la atención presencial y el traslado de numerosos cajeros automáticos al exterior de las sucursales están aumentando la sensación de inseguridad y vulnerabilidad entre buena parte de la población de mayor edad.
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Más cajeros en la calle y menos atención en las oficinas
Durante los últimos años, la red bancaria española ha vivido una profunda transformación marcada por la digitalización y la reducción de costes.
Miles de oficinas han desaparecido y muchas entidades han reducido horarios, personal y servicios presenciales, trasladando parte de la operativa diaria a aplicaciones móviles y cajeros automáticos.
Esta situación obliga a muchos usuarios a realizar gestiones bancarias en la vía pública y, en numerosos casos, sin asistencia directa del personal de la entidad.
El miedo a los robos preocupa especialmente a las personas mayores
Uno de los principales problemas señalados por asociaciones y colectivos de mayores es la sensación de inseguridad al utilizar cajeros situados en la calle.
La retirada de efectivo puede convertir a algunos usuarios en objetivos fáciles para delincuentes que aprovechan distracciones, engaños o falsas ayudas para cometer robos o hurtos.
Las personas con movilidad reducida, problemas de visión o dificultades para utilizar la tecnología son especialmente vulnerables a este tipo de situaciones.
La brecha digital sigue siendo una barrera importante
La digitalización bancaria ha facilitado muchas operaciones para una parte de la población, pero también ha generado dificultades para quienes no están familiarizados con aplicaciones móviles, claves de seguridad o sistemas electrónicos.
Operaciones que antes se resolvían con la ayuda de un empleado bancario ahora requieren navegar por menús, recordar contraseñas o utilizar dispositivos que muchas personas mayores no manejan con comodidad.
Esta brecha digital está provocando que algunos clientes dependan de familiares o terceros para gestionar parte de sus finanzas diarias.
Las asociaciones reclaman una banca más accesible
Las organizaciones que representan a las personas mayores llevan tiempo reclamando medidas que permitan compatibilizar la innovación tecnológica con la atención a los colectivos más vulnerables.
Entre las propuestas más repetidas figuran la instalación preferente de cajeros dentro de las oficinas, el refuerzo de la atención presencial y la creación de protocolos específicos para personas mayores o con dificultades tecnológicas.
También solicitan horarios adaptados y personal de apoyo para las operaciones más habituales.
Los pequeños municipios afrontan otro problema añadido
En muchas localidades pequeñas la situación es todavía más compleja debido a la desaparición de sucursales bancarias y la escasez de servicios financieros presenciales.
En algunos casos, los vecinos deben desplazarse varios kilómetros para realizar gestiones básicas o retirar dinero en efectivo, aumentando la dependencia del vehículo privado o de terceros.
El reto de combinar tecnología e inclusión
La modernización del sistema financiero parece irreversible, pero expertos y asociaciones coinciden en que el avance tecnológico no debería dejar atrás a una parte importante de la población.
El envejecimiento demográfico y el incremento del número de personas mayores hacen que la accesibilidad bancaria se haya convertido en un desafío social de primer nivel.
Garantizar que cualquier ciudadano pueda acceder de forma segura y sencilla a su dinero seguirá siendo uno de los grandes retos del sector financiero durante los próximos años.