No ha sido el colofón esperado por Yolanda Díaz tras meses de negociación. El decreto de la reforma laboral, su proyecto estrella en esta legislatura, ha sido convalido en el Congreso por la mínima. Con tal solo un voto de diferencia. 175 votos a favor frente a 174 en contra. En un primer momento, la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, por error, comunicó que el decreto no había sido convalidado, para posteriormente rectificar, lo que provocó las quejas del PP y algunos diputados de Vox que abuchearon y gritaron “tongo”. En el bloque del sí, el Gobierno solo logró sumar del bloque progresista a Más País y Compromís.
El Ejecutivo tuvo que recurrir al apoyo de Ciudadanos y otras formaciones conservadoras como PDeCAT o UPN. Sin embargo, los dos representantes de los conservadores navarros, Sergio Sayas y Carlos García Adanero, rompieron la disciplina de voto, como habían amenazado, al no compartir las directrices de la dirección de su partido. Con sus dos votos en contra, el decreto no hubiera sido convalidado, por lo que tuvo que haberse producido otro error. Esto es, que alguno de los diputados que telemáticamente iban a votar en contra en línea con su grupo parlamentario, lo hizo a favor. Según han reconocido fuentes parlamentarias del PP, se trataría de un diputado de su grupo, Alberto Casero.
Una carambola parlamentaria que ha producido que la reforma laboral salga adelante gracias a un solo voto, de un representante popular. Desde el PP lo atribuyen a “un error informático”, que habrían puesto en conocimiento de la Cámara, reclamando que lo dejasen votar presencialmente para rectificarlo. El PP ha pedido una reunión urgente de la Mesa del Congreso. Ni el voto telemático ni el presencial pueden modificarse una vez emitidos.
Quién es Alberto Casero
Los principales socios de investidura (ERC, PNV, EH Bildu y BNG) se han opuesto con duras críticas. “La misma reforma laboral que hubiera negociado Albert Rivera siendo vicepresidente”, lamentó el portavoz de los republicanos, Gabriel Rufián. “Estamos aquí para cambiar las cosas que no podemos aceptar”, argumentó el portavoz de EH Bildu.
Con una tímida celebración del “sí se puede” entre los diputados morados y sin apenas entusiasmo entre los miembros del Gobierno, la pregunta más repetida tras el debate fue a quién debilitaba más este resultado en la votación. No tanto por lo cuantitativo, sino sobre todo por lo cualitativo de los apoyos. Hace apenas unas semanas, la pregunta era si esta reforma reforzaría a Pedro Sánchez y Nadia Calviño o solamente a Yolanda Díaz. “A quien más debilita es al bloque de la investidura”, intentaba zanjar un dirigente del grupo parlamentario de Unidas Podemos.
El malestar que se trasladaba en privado desde la vicepresidencia segunda durante las últimas horas lo verbalizó Díaz con todas las letras desde la tribuna de oradores, reprochando a sus socios que hayan convertido este debate “en un campo de rivalidades partidistas”. “Confieso que me apena que la norma más importante de la legislatura se sustancie en debates superficiales que no ayudan a superar el descrédito de la política”, añadió tras reconocer “tristeza” y “preocupación”. Frente a su intento por llevar los contenidos de la norma a las negociaciones con sus socios parlamentarios, “solo he escuchado proyecto personal, humo, maquillaje o norma insignificante”.
“Llevamos hablando muchos días y muchas semanas con los interlocutores políticos para que al respaldo del diálogo social se sume el político, amplificando la legitimidad de una norma con consensos porque, cuando hay consensos, es una norma de país, pero no lo he logrado”, lamentó. En el capítulo de agradecimientos nombró a todas las formaciones que avalaron la reforma, pero también al PNV porque, dijo, a pesar de que finalmente se situó en el bloque del no, sí se habría sentado con disposición a negociar. Fuentes de los nacionalistas vascos y de la vicepresidencia segunda aseguraron que mantuvieron negociaciones hasta las 08:00 horas de este jueves, una hora antes de que se iniciase el debate en el pleno del Congreso. Algo que Díaz negó que hicieran ERC o EH Bildu. El mismo reproche, sin embargo, que trasladaron desde estas formaciones al entender que la negativa a realizar cambios en el texto no supone una negociación real.
La vicepresidenta de Unidas Podemos centró sus negociaciones en el bloque de investidura y las formaciones netamente progresistas, mientras que los socialistas se encargaron de abrir las conversaciones con los naranjas, UPN y hasta el diputado díscolo de Ciudadanos que abandonó el grupo para integrarse en el mixto. Partidos de uno y otro bloque se excluyen mutuamente, como ocurrió con las negociaciones de los primeros presupuestos. Entonces se impuso la mayoría de la investidura por la que apostó Pablo Iglesias. Hasta ahora.
La ruptura del bloque de investidura es coyuntural, pero el tono entre Díaz y los soberanistas, así como los avisos de estos últimos, marca un punto de inflexión. A lo que se suma la amenaza de los comunes de retirar su apoyo a ERC en el Parlament. Con la pista despejada para no depender de sus socios parlamentarios y coincidiendo con el arranque del ciclo electoral, Sánchez ha tratado de mirar al centro y levar anclas con las formaciones independentistas, cuyo coste electoral es notorio.
Los independentistas catalanes se mostraron visiblemente molestos con la vicepresidenta segunda. “Si te gusta o si te dicen que te tiene que gustar la misma reforma laboral que le gusta a la CEOE, al Santander o a Cs, ¿quién se equivoca, tú o ellos?”, se ha preguntado desde la tribuna de oradores el portavoz de ERC. Para Rufián, la posición del Gobierno, aceptando los votos de Cs o UPN, es un error. “ERC le está pidiendo al Gobierno hoy que cumpla con sus promesas”, añadió, recordando el “programa, programa, programa” de Julio Anguita.
Apenas un mes después de sacar adelante los presupuestos con los que se podrá consumar la legislatura, de la mano del bloque de investidura, se produce un brusco cambio de rasante. Al distanciamiento de los socios parlamentarios se suma la pérdida de oxígeno de Unidas Podemos que le proporcionaba negociar bajo la amenaza de hacer descabalgar al Ejecutivo. La dependencia, tras las cuentas, es menor para todos los actores en los que se ha apoyado Sánchez en la primera fase de la legislatura. Además, los morados, y principalmente Díaz, no tienen incentivos para romper la coalición sin elecciones a la vista.