En el convulso siglo XVII, tras las catástrofes que asolaron la ciudad y sus inmediaciones: epidemias en los animales y personas, enfermedades por falta de higiene, hambre… proliferó la devoción a santidades consideradas como beneficiosas o protectoras de cualquier mal al que se le consideraba castigo divino. Así se vio un aumento en el fervor autóctono a santas y santos como, Santa Lucía (sanadora de la vista), Santa Bárbara (tempestades), Virgen de los Desamparados (protección de los más necesitados), Sant Antoni del Porquet (protector de los animales de crianza) o Sant Roc, (protector de la pestilencia).
Santa Lucía (sanadora de la vista), Santa Bárbara (tempestades), Virgen de los Desamparados (protección de los más necesitados), Sant Antoni del Porquet (protector de los animales de crianza) o Sant Roc, (protector de la pestilencia).


Tras la devastadora epidemia de peste que padeció la ciudad en 1647 la devoción a Sant Roc aumentó. No sólo proliferaron los altares dedicados al santo sino que se votó guardar fiesta el día 16 de agosto, acordándose realizar procesión con final en el convento del Carmen. La comitiva cantaba: Doncs sant Roc per Déu amat, conegam l’experiència: que vos fou dada potestat de guarir de pestilència. En los trágicos días de peste también se recordaba a la Mare de Déu de la Misericòrdia. Eran corrientes las procesiones rogando que todo volviera a la normalidad y solicitando su amparo, cantándole los gozos que ensalzaban su carácter benefactor: Quan la devoció vos reclama, en mal temps i malalties, feu miracles tots els dies. Emparau-nos Verge pura, Mare de Misericòrdia.
Las fiestas en honor a Sant Roc tenían lugar en diversos puntos de la ciudad, ofreciendo entre otros actos las denominadas corregudas de bous en sarauells en la festa al Beneyt Sent Roch. Tal fue su repercusión que circularon copias de un romance satírico que recogía algunos de los pormenores de la fiesta relativos a su protección sobre la pestilencia.

Eran frecuentes las diferentes procesiones y rogativas, debido a la devoción que siempre existió en Valencia a este santo protector de la peste y otras enfermedades, se cantaban sus gozos: Puix tenim tal advocat, fent dels pecats penitència, serem per ell deslliurats del contagi i pestilència.
Eran frecuentes las diferentes procesiones y rogativas, debido a la devoción que siempre existió en Valencia a este santo protector de la peste.
…el barrio del Carmen, lugar bastante insalubre en el siglo XVII, que fue duramente castigado por las epidemias.
El auge y mantenimiento de esta devoción duró hasta finales del siglo XIX. Fueron muchos los altares dedicados al santo, sobretodo en el barrio del Carmen, lugar bastante insalubre en el siglo XVII, que fue duramente castigado por las epidemias. El Sent Roch del Carme se erigió como uno de los patrones de la barriada.
VLC Noticias | Redacción
Ante los graves avatares y notables dificultades de distinto signo que la vida nos depara, el ser humano se ve desbordado y siente su limitación y su incapacidad para afrontar tales contingencias. Vuelve su mirada hacia Dios y lo hace acogiéndose a la intercesión de los/las santos/as hacia quienes siente particular devoción.
El Siglo XVII, en base a los acontecimientos históricos acaecidos en nuestra ciudad, fué una época que propició la necesidad encontrar remedio a tantas calamidadades, acogiéndose a la intervención y/o amparo de quienes gozaban del favor de la Divina Providencia y al fervor de quienes necesitaban encontrar una solución real a sus problemas cotidianos.
Especial gratitud a Rafael Solaz por mencionar a “Sant Roc”, Titular Parroquia del mismo nombre en Benicalap y, que hace breves fechas, gracias al interés de su actual Cura – Párroco y de la Comunidad Parroquial en pleno, tuvo la oportunidad de contemplar ya concluída la rehabilitación/recuperación de su -de nuestra- Capilla.
El siglo XVII ya desde su inicio supuso para Valencia un gran deterioro económico por la expulsión de los moriscos y por supuesto en lo social, que se agravó aún más por la peste de mediados de siglo. Un siglo decadente. Y efectivamente, si uno se acuerda de Santa Bárbara cuando truena, lo convulso de aquellos años propicio las rogativas a los Santos en mayor grado. Rafael Solaz nos traslada a la época con el día a día aportando el valor documental con su acostumbrada rigurosidad. Entrañable la mención a la Iglesia de Benicalap donde recibí el bautismo.