El transporte ferroviario encara una de sus semanas más complicadas del año con la huelga de 24 horas convocada por los maquinistas para los días 9, 10 y 11 de febrero, un paro que ya ha provocado la cancelación de más de 330 trenes de alta velocidad y ha puesto en alerta a todo el sistema ferroviario español.
Pese a los contactos mantenidos en los últimos días, Ministerio de Transportes y sindicatos siguen sin un acuerdo cerrado, y la posibilidad de una reunión de última hora continúa en el aire. Mientras tanto, las operadoras han comenzado a reducir servicios y a avisar a los viajeros afectados.
Un conflicto que va más allá de los trenes
Las organizaciones sindicales aseguran que la huelga no responde a una reivindicación puntual, sino a un malestar acumulado por la gestión de la seguridad ferroviaria y el mantenimiento de las infraestructuras, especialmente tras los accidentes registrados en Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona).
Los representantes de los trabajadores denuncian falta de planificación, carencias de personal, escasez de medios técnicos y externalización de funciones clave, factores que, según advierten, están deteriorando la fiabilidad del servicio público.
Desde Transportes sostienen que el diálogo sigue abierto, aunque reconocen que no hay, por ahora, una nueva cita confirmada. Los sindicatos, por su parte, consideran que las reuniones previas han sido insuficientes al no concretarse compromisos firmes.
Paro generalizado en todo el sector ferroviario
La convocatoria afecta a todo el personal ferroviario, incluyendo maquinistas, personal de circulación, mantenimiento, logística y atención a bordo. El impacto alcanza tanto a Renfe y Adif como a los operadores privados Iryo y Ouigo, lo que amplía el alcance del conflicto a viajeros de alta velocidad, media distancia, Cercanías y mercancías.
Según estimaciones sindicales, hasta cinco millones de usuarios podrían verse afectados, muchos de los cuales ya han recibido notificaciones de cancelación o modificación de sus trayectos.
Servicios mínimos y recortes inevitables
El Ministerio ha fijado servicios mínimos del 73 % en alta velocidad y larga distancia, con excepciones territoriales, del 65 % en media distancia, del 21 % en mercancías y un esquema muy limitado en Cercanías, donde en horas punta solo circulará una parte reducida de los trenes.
En la práctica, esto se traduce en una reducción significativa de la oferta, especialmente en las franjas de mayor demanda. Ouigo ha confirmado la supresión de 30 servicios, mientras que Iryo mantiene en el aire más de una veintena de trenes. Renfe, por su parte, ha ajustado tanto la alta velocidad como la larga distancia.
Viajeros atrapados y redes tensionadas
La situación se complica aún más en territorios con redes ya saturadas, como Rodalies, donde las cancelaciones y la falta de alternativas están generando un fuerte malestar entre los usuarios. En ciudades como Vigo, la ausencia de trenes desde hace días agrava la sensación de bloqueo y desconexión.
A la espera de un posible acuerdo in extremis, la huelga avanza y deja un mensaje claro: el conflicto ferroviario no está resuelto y el impacto sobre la movilidad, la economía y la vida diaria de millones de personas ya es una realidad.