El exdirigente del aparato militar de ETA Mikel Garikoitz Aspiazu Rubina, conocido como Txeroki, ha obtenido el régimen de semilibertad que le permitirá abandonar la cárcel de lunes a viernes y regresar únicamente para dormir y pasar los fines de semana. La medida, concedida por las instituciones penitenciarias vascas, se aplica a través del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, una fórmula intermedia que no supone el tercer grado, pero sí una flexibilización efectiva de la condena.
Aspiazu cumple condena en la prisión de Martutene tras acumular penas que superan los 400 años de cárcel por múltiples delitos terroristas. Entre ellos figuran el asesinato del magistrado José María Lidón, el atentado con bomba lapa contra Eduardo Madina —que sobrevivió con graves secuelas— y su implicación en otros ataques mortales como el de Capbreton, donde fueron asesinados dos guardias civiles.
Un historial marcado por planes frustrados en la Comunitat Valenciana
Más allá de los atentados consumados, el historial de Txeroki incluye operaciones que no llegaron a ejecutarse, pero que evidencian la magnitud de sus planes. En 2008 fue procesado por ordenar una campaña de atentados en la Comunitat Valenciana, entre ellos un ataque contra la Copa América de vela celebrada en Valencia, uno de los mayores eventos internacionales celebrados entonces en España.
Según la investigación judicial, el exjefe etarra marcó objetivos estratégicos, facilitó documentación falsa, recursos económicos y logística, y ordenó el desplazamiento de un comando para recabar información sobre infraestructuras portuarias, hoteles, actos oficiales y zonas de gran afluencia turística tanto en Valencia como en Alicante. La operación fue desarticulada tras la detención del etarra encargado de ejecutarla cuando se dirigía a Valencia, evitando una cadena de atentados durante la temporada estival.
Qué implica el artículo 100.2
El régimen concedido permite a Txeroki desarrollar una actividad laboral o realizar tareas de voluntariado fuera del centro penitenciario. Para ello, el interno debe presentar un plan detallado de horarios y ocupación, que es supervisado por el juzgado de Vigilancia Penitenciaria. A diferencia del tercer grado, esta medida no puede ser recurrida por la Fiscalía, lo que la convierte en una vía más estable para la progresión penitenciaria.
Esta fórmula ha sido utilizada en los últimos años por distintos reclusos de alto perfil, especialmente ante las dificultades legales y políticas que rodean la concesión del tercer grado a condenados por terrorismo.
Reacciones y malestar entre las víctimas
Las asociaciones de víctimas del terrorismo han expresado su rechazo a la decisión, recordando que Txeroki nunca ha mostrado arrepentimiento público ni ha colaborado en el esclarecimiento de los crímenes cometidos. Consideran que la medida supone un agravio moral, especialmente por la gravedad de los delitos y por el simbolismo que tiene su figura dentro de la historia de ETA.
La concesión de la semilibertad se produce, además, en un contexto en el que la gestión penitenciaria depende del Gobierno vasco desde 2021 y tras el fin de la política de dispersión, que ha permitido que la mayoría de presos de ETA cumplan condena en cárceles del País Vasco y Navarra.
Un nombre clave en los años más duros de ETA
Nacido en Bilbao en 1973, Txeroki fue una de las figuras centrales de ETA tras la ruptura de la tregua de Lizarra. Protagonizó una intensa pugna interna por el control de la organización y fue uno de los máximos responsables de la estrategia terrorista en los años previos a su detención en Francia en 2008.
Hoy, casi dos décadas después de aquellos planes que pretendían golpear Valencia y Alicante, su acceso a la semilibertad reabre el debate político y social sobre el final de las condenas, la memoria de las víctimas y los límites de la reinserción en casos de terrorismo.