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“Estudié tras llegar a casa agotado de limpiar barro”
Paiporta sigue siendo una ciudad muy afectada. La oficina de la Cruz Roja local está repleta de actividad. En una pared cercana se puede leer un grafiti que reza: “La victoria es para los que no se rinden”. A modo de broma, alguien añadió: “Y para los que se rinden un poco también”. La tierra ha tomado posesión de las calles y se resiste a desaparecer.
La biblioteca del pueblo quedó devastada, al igual que muchos otros edificios públicos y privados. Por una pequeña puerta metálica, casi de manera clandestina, entran y salen aquellos que están aprovechando las últimas horas antes de la Ebau, que empieza este martes. Este lunes, dos de las plantas estaban llenas: “A las nueve de la mañana éramos casi cien”, comenta un joven. Los que ya han pasado por la selectividad, algunos ya con canas, restan importancia al momento. La vida continuará a partir del viernes, les dicen a los que están a punto de medir su nivel académico. Son jóvenes y tendrán muchas oportunidades de equivocarse y rectificar.
Sin embargo, entre los casi 24,000 valencianos que este año enfrentan la prueba de acceso a la universidad, bastantes lo hacen con una sensación de reto extremo. El curso ha estado lejos de ser normal en Paiporta y en otras tantas localidades que sufrieron las consecuencias de la catástrofe del 29 de octubre.
Marcos Daniel Gómez, de 18 años, aspira a estudiar Ingeniería Civil o Ingeniería de las Energías. Como sus compañeros, confía en que su esfuerzo se verá reflejado en los resultados. Tras el 29 de octubre, las rutinas diarias cambiaron drásticamente: “Tenía que salir a buscar alimentos o ayudar a limpiar casas de amigos y afectados”. Así, “llegaba a casa exhausto y tenía que ponerme a estudiar”, un desafío que ha puesto a prueba la determinación de quienes ahora se enfrentan al examen.
“Pero creo que lo haremos bien porque hemos acelerado el ritmo y hemos logrado abarcarlo todo”, resume.
Cecilia Zurano, Inés Jaramillo y Ana Embuena, de entre 17 y 18 años, pasan unos minutos de descanso comiendo fuera de la biblioteca. Se preparan para una prueba que han anticipado durante años. Aunque viven en Paiporta, estudian en instituciones de otras localidades, como Torrent, Benetússer y Valencia, y lamentan las dificultades que han enfrentado: “Además de la dana, hemos tenido alertas por lluvias e incluso un apagón…”, recuerdan. Consideran injusto que les hayan retirado el ‘modelo Covid’ instaurado durante la pandemia de 2020: “Ese modelo nos hubiera permitido descartar mucho temario”, menciona Ana. Cecilia se ve obligada a estudiar en la biblioteca: “Mi casa está en obras. Además, hay obras por todas partes y el ruido es insoportable”.
Rubén Poveda tiene una variedad de temas sobre los que podría basar su comentario, desde las elecciones hasta la elección de un nuevo Papa o la polémica sobre el libro de José Bretón. Se siente más seguro con las materias específicas y le teme un poco más al examen de Castellano, pero reconoce que, aunque han tenido que estudiar algunos temas por su cuenta “al no haber podido tratarlos en clase”, van completamente preparados. Las primeras semanas fueron las más complicadas, con un cambio de centro al quedar el suyo, La Sénia, devastado por la riada: “Al principio me costaba mucho concentrarme”, señala Rubén, quien aunque aún no está del todo seguro, está interesado en estudiar alguna Ingeniería Mecánica o Biomédica.
La confianza en sus capacidades es el factor común entre todos ellos. No hay pesimismo ni quejas. Saben de qué son capaces y creen que podrán demostrarlo.