21 de enero de 2026
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Teletrabajo o presencial: cómo saber qué opción te cuesta menos dinero cada mes

Trabajar desde casa se ha convertido en una realidad habitual para miles de personas, pero no siempre se analiza una cuestión clave: el impacto real que tiene en el bolsillo. Más allá de la comodidad o la flexibilidad, elegir entre teletrabajo y oficina también es una decisión económica.

En muchos casos se da por hecho que quedarse en casa siempre es más barato. Sin embargo, cuando se revisan todos los gastos asociados, la respuesta no es tan evidente. La clave está en sumar, restar y comparar con datos reales.

Gastos que desaparecen cuando no vas a la oficina

El ahorro más evidente del teletrabajo está en los desplazamientos. Reducir o eliminar los trayectos diarios supone menos gasto en transporte público, combustible, peajes o aparcamiento. A esto se añade un menor desgaste del vehículo y menos visitas al taller.

También suele reducirse el gasto en comidas fuera de casa, cafés diarios, ropa de trabajo o pequeños consumos asociados a la rutina presencial. Aunque cada partida parezca pequeña, el conjunto puede representar una cantidad relevante a final de mes.

Además, el tiempo ganado al evitar desplazamientos tiene un valor indirecto. No aparece en la cuenta bancaria, pero puede traducirse en más horas para descansar, formarse o incluso generar ingresos extra.

Los nuevos gastos que aparecen al trabajar desde casa

Teletrabajar implica asumir costes que antes pasaban desapercibidos. El consumo eléctrico aumenta, especialmente si se utilizan varios dispositivos durante toda la jornada. Lo mismo ocurre con la calefacción en invierno o el aire acondicionado en verano.

El acceso a una conexión a internet estable, la compra de una silla adecuada, una mesa ergonómica o material de oficina también suponen un desembolso. Aunque la normativa establece que estos gastos deberían ser compensados por la empresa, no siempre ocurre así en la práctica.

Por eso, es importante contabilizar estos costes y no asumir que trabajar desde casa es gratuito.

Una forma sencilla de comparar ambas opciones

Para tomar una decisión objetiva, conviene analizar la situación con números. Un método práctico consiste en hacer dos listas mensuales.

Costes asociados a trabajar de forma presencial

  • Transporte público o combustible
  • Aparcamiento o peajes
  • Comidas fuera de casa
  • Desgaste del vehículo
  • Tiempo invertido en desplazamientos

Costes asociados al teletrabajo

  • Aumento en la factura de luz
  • Mayor consumo de calefacción o aire acondicionado
  • Internet y telefonía
  • Mobiliario y material de trabajo
  • Gastos no compensados por la empresa

Una vez tengas ambas cifras, compara el total mensual de cada modalidad. El resultado te dará una visión clara de cuál te cuesta realmente menos dinero.

Factores que pueden inclinar la balanza

No todas las situaciones son iguales. El número de días de teletrabajo, la distancia al centro de trabajo o el medio de transporte utilizado pueden cambiar completamente el resultado.

También conviene tener en cuenta si existe alguna compensación económica por teletrabajar o beneficios indirectos como cheques de transporte, comedor o ayudas para suministros.

En muchos casos, un modelo híbrido —combinando días en casa y días en oficina— resulta ser el equilibrio más rentable tanto en términos económicos como personales.

Más allá del dinero

Aunque este análisis se centre en el coste económico, hay otros factores que también influyen en la decisión. La flexibilidad horaria, la conciliación familiar, el contacto con compañeros o la visibilidad dentro de la empresa pueden tener un impacto a largo plazo en la carrera profesional.

Estos elementos no se reflejan en una hoja de cálculo, pero pueden suponer un coste u oportunidad futura que conviene valorar.

Conclusión

Decidir entre teletrabajar o acudir a la oficina no es solo una cuestión de preferencias personales. Analizar los gastos reales de cada opción permite tomar decisiones más informadas y ajustadas a la situación de cada trabajador.

Revisar periódicamente este equilibrio es fundamental, ya que los precios de la energía, el transporte o los acuerdos laborales cambian con el tiempo. En un entorno laboral cada vez más flexible,

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