No llevan focos, ni manager, ni discográfica. Llevan canciones, recuerdos y muchas ganas de vivir. Y con eso les basta para provocar algo extraordinario: que una residencia de ancianos se convierta, durante una hora, en una fiesta.
Son 15 jubilados de Borriol, miembros de la Associació de la Gent Major Sant Bartomeu, y desde septiembre han encontrado una misión inesperada para su jubilación: llevar el karaoke a las residencias de mayores de Castellón. El resultado ha sido tan potente que ya suman 25 actuaciones… y tienen la agenda de 2026 prácticamente completa.
Todo empezó con una canción… y una residencia
La chispa surgió casi por casualidad. Un compañero propuso cantar en la residencia de Benicàssim donde estaba ingresado un familiar. Fueron, cantaron… y algo hizo clic.
“Vimos cómo la gente se animaba, cómo recordaban letras, cómo se les iluminaba la cara”, explica José Luis Sotelo, presidente de la asociación. Desde entonces, no han parado.
Las peticiones se multiplicaron. Residencias de toda la provincia comenzaron a llamar. “Si pudiéramos, haríamos tres o cuatro actuaciones a la semana”, reconoce.
Canciones que despiertan recuerdos dormidos
El repertorio no es casual. Raphael, Camilo Sesto, el Dúo Dinámico, Carlos Cano. Canciones que forman parte de la vida de quienes hoy viven en residencias.
Y ocurre algo casi mágico:
personas con principio de Alzheimer tararean, otros marcan el ritmo desde la silla de ruedas, algunos se levantan a bailar… incluso hay quien se anima a coger el micrófono.
“La música es de lo último que se pierde. Estimula la memoria, las emociones, la alegría. Ves cosas que te ponen la piel de gallina”, cuenta José Luis.
No solo participan los residentes. También los cuidadores acaban cantando y bailando.
Más que ocio: una terapia emocional sin receta
Lo que hacen estos jubilados va mucho más allá del entretenimiento. Es estimulación cognitiva, es compañía, es romper la rutina, es sentirse visto.
Las residencias lo saben. Les llegan cartas de agradecimiento, mensajes emocionados de directores y familiares. Porque durante una hora, el centro deja de ser un lugar silencioso y se transforma en un salón lleno de vida.
Lo pagan de su bolsillo… y aun así no paran
No reciben subvenciones. No cobran. Son pensionistas y asumen los gastos de gasolina, furgoneta, equipos de sonido y pantallas.
Todos los viernes ensayan. El día de la actuación cargan altavoces, mezcladores y micrófonos en sus propios coches. Y se van.
“Supone un esfuerzo económico, sí. Pero lo que recibimos a cambio no se puede pagar”, dicen.
Una jubilación que inspira
Mientras muchos hablan del envejecimiento como un problema, ellos lo convierten en motor de alegría. Demuestran que la jubilación no es apagarse, sino reinventarse.
Sin grandes titulares, sin ruido político, estos jubilados de Borriol están haciendo algo revolucionario: combatir la soledad con canciones.
Y eso, en estos tiempos, vale oro.