La afectada asegura que compró su entrada meses antes del concierto, pero un tumor cerebral cambió su vida y no consiguió una localidad adaptada para acudir al estadio Ciutat de Valencia.
Lo que iba a ser una noche inolvidable viendo el regreso de El Último de la Fila terminó convirtiéndose en una gran decepción para Carmen, una vecina de Burjassot que denuncia no haber podido asistir al concierto celebrado el pasado 4 de julio en el estadio Ciutat de Valencia después de perder la movilidad y no conseguir adaptar su entrada a una zona accesible.
La afectada había adquirido su localidad meses antes junto a un grupo de amigas, sin imaginar que pocos días después su situación personal cambiaría por completo.
Índice de contenidos
Un diagnóstico que cambió todos sus planes
Según explica Carmen, el pasado 5 de febrero ingresó en el hospital y permaneció allí durante varias semanas hasta recibir el diagnóstico de un tumor en el tronco encefálico.
Las secuelas de la enfermedad le obligan actualmente a desplazarse en silla de ruedas, una circunstancia que hacía imposible utilizar la entrada original que había comprado para el concierto.
Ante esta situación, intentó modificar su localidad para acceder a una zona habilitada para personas con movilidad reducida.
La petición de cambio fue rechazada
La vecina de Burjassot asegura que contactó con la plataforma de venta de entradas para solicitar una adaptación de su localidad.
Según su relato, la única alternativa que le ofrecieron fue la posibilidad de asistir a otro concierto en una ciudad diferente, una opción completamente inviable dadas sus circunstancias médicas.
Posteriormente se puso en contacto con la promotora del evento, desde donde le comunicaron que las plazas destinadas a personas con movilidad reducida ya estaban completas.
Además, tampoco se le permitió acceder con su entrada original a otras zonas del recinto por motivos de seguridad y aforo.
Finalmente decidió quedarse en casa
Ante la falta de una solución clara y la incertidumbre sobre si podría acceder o no al concierto, Carmen optó finalmente por no desplazarse al estadio.
Sin embargo, durante el espectáculo, sus amigas comprobaron que sí había asistentes en silla de ruedas ubicados en otras zonas del recinto, una situación que incrementó todavía más su frustración.
La afectada asegura que no busca compensaciones económicas ni responsabiliza al grupo musical, sino que pretende visibilizar las dificultades que todavía encuentran muchas personas con movilidad reducida para acceder a determinados eventos.
La normativa contempla ajustes razonables
La legislación española en materia de accesibilidad establece que los servicios abiertos al público deben garantizar la igualdad de acceso y estudiar posibles ajustes razonables y proporcionados para personas con discapacidad o movilidad reducida.
Precisamente por ello, Carmen considera que su situación debería haberse analizado de forma individual para intentar encontrar una solución compatible con las condiciones de seguridad del recinto.
Un problema que afecta a muchos espectadores
Las asociaciones de personas con discapacidad llevan años reclamando una mayor flexibilidad en la gestión de las entradas adaptadas, especialmente cuando las circunstancias personales de los asistentes cambian después de haber realizado la compra.
En muchos casos, enfermedades, accidentes o intervenciones médicas pueden modificar la movilidad de una persona en apenas unas semanas, generando situaciones similares a la vivida por esta vecina de Burjassot.
“No quiero que le pase a nadie más”
La afectada insiste en que su objetivo no es señalar a ningún artista ni iniciar una reclamación económica, sino evitar que otras personas se encuentren con las mismas dificultades en el futuro.
Su petición es sencilla: que los organizadores de espectáculos y las plataformas de venta de entradas dispongan de mecanismos ágiles para adaptar localidades cuando las circunstancias de los asistentes cambian de manera sobrevenida.
Porque, como ella misma resume, perder la movilidad ya supone un cambio lo suficientemente duro como para tener además que renunciar a momentos especiales que llevaban meses esperando disfrutar.