**Una urbanización en Turís sigue aislada por la falta de un puente para acceder al pueblo**
La crecida del río Magro el pasado 29 de octubre ocasionó graves daños en varios puentes de la región, entre ellos el puente de la Fallereta que conecta Turís con la urbanización Altury, siendo esta la única vía directa hacia el pueblo. Desde hace más de cinco meses, los más de 400 residentes de Altury deben recorrer más de media hora para acceder a servicios básicos que previamente alcanzaban en 9 minutos.
Esta situación genera serias complicaciones en la vida cotidiana de los vecinos. “Es muy difícil día a día. Podemos hacer compras en otros pueblos, pero servicios como el médico o Correos son necesarios y no nos llegan los paquetes porque los repartidores no acceden hasta aquí, obligándonos a desplazarnos para recogerlos”, comenta Beatriz, residente de Altury.
La situación también impacta en los escolares, ya que el autobús no llega a la urbanización. Los niños deben salir temprano para tomar el transporte en Real, o sus padres ajustan sus horarios laborales para llevarlos, complicando la conciliación familiar.
Los vecinos también temen por la falta de respuesta adecuada en emergencias, donde cada minuto cuenta, poniendo en riesgo la vida de los más vulnerables. Personas con enfermedades crónicas sufren la espera prolongada para recibir asistencia médica. “La seguridad no puede depender de infraestructuras en mal estado, ya que el coste en vidas humanas podría ser incalculable, como hemos visto con la dana”, expresan los residentes de Altury.
Han presentado quejas al Ayuntamiento de Turís y a la Diputación de Valencia, propietaria de la carretera afectada, y han iniciado una recogida de firmas para exigir una solución urgente. Sin embargo, las respuestas han sido limitadas, y aunque las obras están en marcha, avanzan más lentamente de lo previsto. La Diputación de Valencia, que coordina las reparaciones, proyecta concluir la obra a finales de mayo con un presupuesto superior a dos millones de euros, duplicando la longitud original del puente y ampliando la plataforma para sumar al nuevo proyecto de carretera ya aprobado.
Pese a las previsiones, los vecinos dudan del cumplimiento del plazo y piden un paso alternativo. Desde la Diputación aseguran que los plazos se mantienen y descartan la alternativa por posibles retrasos en la obra.
Durante el verano, la población de la urbanización se triplica, lo que podría agravar los problemas si el puente no se reabre. Los vecinos también temen incendios forestales como el de 2011 y que la falta de acceso incremente el riesgo. Se planteó de manera informal un camino alternativo en Sabotxa, usado por tractores pero demasiado estrecho y sin señalización, siendo intransitable con lluvias.
Además, los agricultores de la zona también se ven afectados, ya que llegar a sus parcelas se ha vuelto más complicado y costoso debido al aumento de kilómetros que deben recorrer diariamente.