La localidad valenciana pasa de unos 1.300 habitantes a cerca de 4.500 coincidiendo con sus Festes Grosses, que se celebran cada cinco años. Familias que regresan a sus raíces y nuevos visitantes llenan las calles y dan un importante impulso a hornos, carnicerías y pequeños negocios
Frente a las playas abarrotadas y los grandes destinos turísticos, cada vez que llega agosto muchos valencianos vuelven a elegir una fórmula de vacaciones mucho más sencilla: regresar al pueblo, reencontrarse con familiares y amigos y recuperar la vida en la calle.
En municipios del interior de la provincia de Valencia como Tuéjar, el cambio durante estas semanas resulta evidente. Las casas vuelven a llenarse, aumenta la actividad comercial y las calles recuperan durante buena parte del día una vitalidad difícil de encontrar durante el invierno.
Este verano está siendo especialmente intenso. Tuéjar pasa de contar habitualmente con alrededor de 1.300 habitantes a acercarse a los 4.500, coincidiendo además con la celebración de sus esperadas Festes Grosses.
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Tuéjar pasa de 1.300 a cerca de 4.500 habitantes
La llegada del verano multiplica habitualmente la población de muchos municipios del interior valenciano, pero en Tuéjar el incremento de este año tiene un componente añadido.
La localidad celebra en 2026 sus Festes Grosses, que tienen lugar cada cinco años y constituyen una de las celebraciones más esperadas por los vecinos.
Durante estos días, la Virgen sale de la ermita, algo que únicamente ocurre cada cinco años, y recorre las calles del municipio.
La celebración se convierte así en un poderoso motivo para regresar a casa incluso para quienes viven y trabajan habitualmente lejos de Tuéjar.
Agosto, el mes de volver a las raíces
Buena parte de quienes llenan estos días las calles mantienen una estrecha vinculación familiar con el municipio.
“Soy del pueblo de toda la vida, trabajo en Valencia y vengo a veranear todo el mes de agosto”, explica una de las vecinas.
Pero junto a quienes regresan a sus raíces aparecen también visitantes que han descubierto recientemente esta forma de pasar las vacaciones.
“Vengo a pasar unos días desde hace tres años, que vine a casa de una amiga”, relata otra visitante.
El resultado es una mezcla entre vecinos habituales, familias que regresan durante el verano y personas que descubren por primera vez la tranquilidad del interior valenciano.
El comercio local nota el efecto del verano
El aumento de población supone también una importante inyección económica para los pequeños negocios de Tuéjar.
Hornos, carnicerías, tiendas y otros establecimientos trabajan durante estas semanas a un ritmo muy superior al del resto del año.
Uno de los ejemplos más claros se encuentra en el horno.
“En invierno solemos hacer 300 un día normal entre semana y ahora llegamos a los mil”, explica el panadero sobre el incremento de la producción durante la temporada estival.
La diferencia muestra hasta qué punto la llegada de veraneantes transforma temporalmente la economía cotidiana del municipio.
Productos locales y artesanales a pleno rendimiento
El verano supone también una oportunidad para poner en valor los productos locales y artesanales.
La mayor presencia de visitantes incrementa las ventas y permite que los establecimientos tradicionales tengan durante estas semanas uno de sus principales momentos de actividad del año.
Para el carnicero de la localidad, el efecto va mucho más allá de las ventas.
El verano representa “una inyección para el pueblo, de economía, de gente y de darlo a conocer”.
El impacto resulta especialmente importante en pequeños municipios donde mantener abierto el comercio de proximidad durante todo el año constituye uno de los retos para conservar servicios y actividad.
Tomar la fresca y recuperar la vida en la calle
Pero quienes eligen Tuéjar para pasar sus vacaciones no buscan únicamente fiestas o gastronomía.
Uno de los principales atractivos es recuperar una forma de vida que todavía permanece muy vinculada a los pueblos: salir por la noche a la calle, sentarse a conversar y tomar la fresca.
“A las noches sales a charlar, a tomar la fresca”, explica una vecina.
Las temperaturas nocturnas y el entorno también forman parte del atractivo. “Se duerme genial, duermo tapada”, añade.
Una tranquilidad especialmente valorada durante los episodios de altas temperaturas que afectan a buena parte de la Comunitat Valenciana en pleno agosto.
“Para los niños esto es un paraíso”
Las familias encuentran otro atractivo importante en la libertad que ofrece la vida en un municipio pequeño.
Los niños recuperan espacios de convivencia y juego en la calle difíciles de reproducir en las grandes ciudades.
“Los niños juegan, salen a la calle, se relacionan. Esto es un paraíso”, resume una de las personas que pasa sus vacaciones en Tuéjar.
A ello se suma la acogida que destacan quienes llegaron inicialmente como visitantes y han terminado regresando verano tras verano.
“Llevo diez años viniendo y te acogen desde el principio”, explica una veraneante.
El turismo de interior da vida a los pueblos valencianos
El caso de Tuéjar muestra la importancia que puede tener el verano para los municipios del interior de la Comunitat Valenciana.
La llegada temporal de población ayuda a mantener el comercio, aumentar el consumo en establecimientos locales, promocionar productos tradicionales y dar a conocer el patrimonio natural y cultural de estas localidades.
Pero existe también un componente emocional difícil de medir en cifras: el regreso de quienes tuvieron que marcharse por motivos laborales o personales y aprovechan las vacaciones para recuperar durante unas semanas sus vínculos con el pueblo.
Naturaleza, tranquilidad y unas vacaciones diferentes
Tuéjar ofrece durante agosto una imagen muy diferente a la del resto del año. Sus aproximadamente 1.300 habitantes se convierten en cerca de 4.500 durante estas fechas, y las Festes Grosses multiplican todavía más el ambiente en las calles.
Para algunos es volver a casa. Para otros, descubrir una alternativa a las vacaciones de playa. Y para los negocios locales, representa uno de los momentos más importantes del año.
“Este entorno y estos parajes te cambian el ánimo”, resume uno de los vecinos.
Una frase que explica buena parte del atractivo de unas vacaciones con sabor a pueblo, donde la naturaleza, las tradiciones, el comercio de proximidad y algo tan sencillo como sentarse por la noche a tomar la fresca siguen siendo los principales reclamos.