20 de diciembre de 2025
4 mins read

“Valencia amplía su red de conexiones: Nuevo tramo del Paseo al Mar hasta la avenida Blasco Ibáñez”

RSS de noticias de valencia-ciudad

Del Paseo al Mar a la avenida Blasco Ibáñez

Valencia experimenta un despertar hacia la modernidad al derribar sus murallas en 1865 e incorporarse a las propuestas de “crecimiento urbano” mediante el ensanche y la reforma interior, siguiendo el ejemplo de otras ciudades europeas y españolas a finales del siglo XIX. Estas iniciativas responden a necesidades sanitarias, al negocio inmobiliario y a ideas de renovación urbana, todas respaldadas por nuevas leyes específicas.

Las políticas de ensanche, que debían llevar a cabo los propietarios, resultan mediocres y limitadas, salvo la gran propuesta de Mora de 1906, recogida en su Plan de 1924, que planteaba un ensanche casi infinito y en todas direcciones, estudiado por Taberner. En contraste, las políticas de reforma interior, responsabilidad del Ayuntamiento, son múltiples y extendidas, durando más de un siglo. Valencia cuenta con casos de éxito como la plaza Redonda, la calle de la Paz y el barrio de Pescadores, así como proyectos paralizados como la avenida del Oeste o la bajada de San Francisco.

Existen otras fórmulas de crecimiento urbano, destacando la creación de “nuevas tramas urbanas” que siguen modelos colonizadores, a medio camino entre la Ciudad Lineal de Arturo Soria y la Ciudad-Jardín de E. Howard. También se observa, a partir de los años 30, un aumento desmesurado de alturas en “edificios singulares”, que evocan una ciudad moderna ideal, con referencias icónicas, principalmente americanas, y un trasfondo especulativo evidente. Ejemplos de esta tendencia son la nueva fachada oeste de la plaza del Ayuntamiento, la Torre de Valencia, el edificio Illueca, la Finca de Hierro y el Balcón de Levante.

Un ejemplo destacado de nuevas tramas es el Camino-Paseo de Valencia al mar. Aunque otros intentos similares como el paseo-avenida de la Dehesa hasta el Saler o el Vedat hasta Torrent no prosperaron, el único proyecto consolidado tras cien años es el nuevo camino al mar formulado por la sociedad La Valenciana, diseñado por el arquitecto Manuel Sorní. Este proyecto se extiende a lo largo de 3,2 kilómetros desde los Jardines del Real e incluye un tranvía de caballos por su andén central para descongestionar la avenida del Puerto.

En el “Camino al Mar” y sus vastos espacios urbanizables, inicialmente se planearon 22 manzanas de casas y equipamientos, adaptándose progresivamente a las nuevas demandas de la burguesía que no podían ser satisfechas en el núcleo urbano. Estas incluían la Feria de Muestras, nuevas Facultades como Ciencias y Medicina, el campo de fútbol de Mestalla, las primeras cooperativas de vivienda de clase media y algunas promociones de vivienda obrera. En la posguerra, continuaron proyectos como una Residencia Universitaria, colegios privados y barrios de vivienda protegida en San José-Xúquer e Isla Perdida, urbanizándose paso a paso con sus 100 metros de ancho y una isleta central que evolucionó de tranvía a paseo a chalets, conduciendo hacia el deseado mar.

El antiguo caserío de Poble Nou, junto con Vilanova del Mar y la Colonia la Malvarrosa, fue incorporado al municipio mientras crecían con distintas bases económicas, sociales y aspiraciones, lo que más tarde provocó confrontaciones públicas. Finalmente, en democracia, estos conflictos despertaron a la población de aquel sueño burgués. “En la imposibilidad de traer el mar a Valencia, vamos a llevar Valencia al mar”, afirmaba Sorní en su Memoria, aludiendo al deseo histórico de superar la ubicación fluvial a cuatro kilómetros del mar, un desafío compartido por otras ciudades de la costa valenciana que intentaban resolver esta cuestión.

Con la moda de los baños de mar, el turismo y el veraneo, el proyecto del arquitecto Ramón Sorní, revelado por J.V. Boira, cobró interés. Aunque sufrió modificaciones por parte de Meseguer, Mora y Pedrós antes de la guerra civil, la realidad emergente tras el conflicto se opuso a ese sueño original. Finalmente, los poblados marítimos fueron protegidos como bienes culturales y, al final del siglo XX, se salvaron de su “reforma exterior”. Coincidentemente, la ciudad obtuvo el Jardín del Turia, un parque urbano de 8 kilómetros sobre el antiguo cauce, que por fin debería llegar de Valencia al mar.

Las controversias generadas por estas persistentes políticas de reforma han sido ampliamente estudiadas y aún repercuten en nuestra memoria. Los pactos alcanzados para resolverlas reflejan nuestro complejo y titubeante avance hacia la modernidad. Actualmente, contamos con un paseo y una avenida que conecta Viveros con los Poblados Marítimos, conocida como Blasco Ibáñez, en honor a quien defendió estos sueños desde El Pueblo y sus mayorías municipales, desde las trincheras de la modernidad. Blasco Ibáñez decía: “Hay que revolucionar Valencia; es necesario llevar a cabo el boulevard desde el antiguo jardín del Real a los poblados marítimos. Valencia tendría un nuevo paseo, una verdadera calle moderna semejante a la avenida del Parque de Bolonia de París o la Castellana de Madrid”.

Hoy, la avenida constituye una importante arteria urbana, consolidada como una especie de recorrido que, paradójicamente, va “de ninguna parte a ninguna parte”. Esta característica, lejos de ser una crítica, es una observación urbanística que refleja su estatus de espejo de la Valencia actual, además de alimentar el sueño de un ámbito urbano moderno que todavía espera un tratamiento específico que lo defina sin ambigüedades. Sería conveniente conectar la ciudad en sus principales intersecciones, especialmente cuando surjan oportunidades, como en la avenida de Aragón-Mestalla.

La ilustración de Alba García actúa como un recorrido visual por la historia del Paseo al Mar, ahora avenida Blasco Ibáñez. En primer plano, una joven observa la escena, enlazando presente y pasado, entre el espectador y lo observado. En la parte inferior, Casimiro Meseguer dibuja el plano original del proyecto de 1893, mientras una mujer y un niño miran tras comprar un periódico, y al fondo, los célebres chalés de los periodistas, testigos del proyecto original.

La ilustración despliega una narrativa urbana de edificios emblemáticos como la Facultad de Medicina, vegetación y escenas de la vida universitaria. En la parte superior izquierda, la estación de metro de Serrería simboliza la conexión con los poblados marítimos. A la derecha, se representa la relación entre la expansión urbana y el barrio del Cabanyal, en un contraste entre progreso y resistencia vecinal, planeamiento urbano e identidad arquitectónica del barrio. La playa, al fondo, simboliza una meta no alcanzada, recordando que, pese a su nombre, el Paseo al Mar nunca llegó al mar.

Alba García, nacida en Valencia

Previous Story

La Comunitat Valenciana alcanza récord con 12,2 millones de pasajeros aéreos internacionales, representando el 11,7% del total

Next Story

{“role”:”assistant”,”content”:”loteria-navidad-2024-comunitat-valenciana”,”refusal”:null,”annotations”:[]}

Latest from Blog

La mejor tarifa de fibra y móvil de 2021

El mercado de las operadoras de telefonía en España es muy amplio, y por ello, escoger las mejores tarifas de fibra y móvil puede ser complicado. En concreto, en nuestro país existen
Go toTop