Mientras Venezuela vive horas decisivas tras años de represión, fraudes y violencia, una parte relevante del arco parlamentario español vuelve a quedar retratada: votar contra condenar al régimen de Nicolás Maduro también es una forma de posicionarse. Y sí, la hemeroteca no perdona.
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Un país al borde… y un debate que España no quiere dar
Venezuela atraviesa momentos críticos. La sociedad civil reclama, una vez más, libertad política, fin de la represión y reconocimiento del resultado electoral que la oposición democrática sostiene haber ganado. En ese contexto, resulta llamativo —por no decir bochornoso— que en España haya partidos que se nieguen siquiera a exigir el cese de la violencia estatal o a reconocer al candidato opositor como vencedor.
Porque aquí no hablamos de “matices diplomáticos”, sino de votaciones concretas y posiciones públicas. Y cuando toca votar, algunos miran al techo.
El régimen de Nicolás Maduro: doce años, cero excusas
Doce años después de consolidarse en el poder, el régimen de Maduro acumula acusaciones internacionales por violaciones de derechos humanos, fraudes electorales, represión sistemática de la oposición y alianzas con otros gobiernos autoritarios. El resultado es conocido: colapso económico, migración masiva y pérdida de libertades.
La pregunta ya no es qué pasa en Venezuela. La pregunta es qué hacen los socios europeos cuando pasa.
Los apoyos explícitos: cuando no hay ni pudor
Hay partidos españoles que han avalado abiertamente la “victoria” de Maduro pese a la falta de actas y evidencias verificables. Entre ellos, según comunicados y mensajes públicos:
- Partido Comunista de España (PCE)
- Podemos
- Izquierda Unida
- EH Bildu
- Bloque Nacionalista Galego (BNG) y Unión do Povo Galego (UPG)
- Candidatura d’Unitat Popular (CUP)
- Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE)
Todos ellos coincidieron en dar por buena una victoria cuestionada mientras la oposición presentaba documentación alternativa y denunciaba irregularidades.
Los apoyos por omisión: votar “no” también es decidir
Luego están los que no aplauden, pero tampoco condenan. Los que votan contra pedir el fin de la represión o se niegan a reconocer al candidato opositor como presidente electo.
Aquí aparecen nombres de peso:
- Partido Socialista Obrero Español (PSOE): votó en contra de exigir el fin de la represión y no ha reconocido al vencedor opositor.
- Sumar: coalición de gobierno con postura ambigua y voto negativo en iniciativas de condena.
- Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Más Madrid: alineados en votaciones que evitan señalar al régimen.
En política exterior, la neutralidad frente a la represión no es neutral.
Zapatero, la constante venezolana
Mención aparte merece José Luis Rodríguez Zapatero, convertido desde hace años en interlocutor privilegiado del chavismo. Su papel, presentado como mediación, nunca se ha traducido en avances democráticos. Para muchos, es la prueba de que la “comprensión” con el régimen siempre fue asimétrica: comprensión para el poder, silencio para las víctimas.
Democracia selectiva: el problema no es Venezuela, es el espejo
El argumento se repite: “no interferir”, “no polarizar”, “prudencia diplomática”. Pero cuando se vota contra pedir que cesen las detenciones, la violencia y la persecución política, la prudencia se parece demasiado a la complicidad.
Y aquí llega el espejo incómodo: ¿qué idea de democracia defiende quien relativiza una dictadura cuando es ideológicamente afín? La respuesta no es retórica. Se mide en votos, comunicados y silencios.
España, Europa y la credibilidad
España presume —con razón— de defender derechos humanos en foros internacionales. Pero esa credibilidad se resiente cuando en casa se bloquean condenas claras o se evita reconocer resultados incómodos. La política exterior no se sostiene solo con discursos; se sostiene con coherencia.



Epílogo (porque siempre hay uno)
Venezuela no necesita palmaditas ni equilibrios retóricos. Necesita libertad, elecciones creíbles y fin de la represión. Y España, si quiere estar del lado correcto de la historia, debería decirlo sin rodeos.
Porque cuando un pueblo pide ayuda y algunos responden con abstenciones, silencios o votos en contra, la hemeroteca toma nota. Y luego pregunta.