Tras años sin un comercio de este tipo, los vecinos celebran la apertura del nuevo supermercado como un triunfo colectivo. “Ya hacía falta —dicen—, porque la gente tenía que salir fuera para comprar.”
Un día que se recordará en el pueblo
En Xert, las puertas del nuevo supermercado no solo se abren al consumo, sino también a la esperanza. En este municipio del interior castellonense, con poco más de 800 habitantes, volver a tener un comercio de proximidad se siente como recuperar una parte de la vida cotidiana que el tiempo y la despoblación habían ido arrebatando.
“Ya hacía falta”, repite una vecina mientras llena su cesta. “Teníamos que desplazarnos a otros pueblos para hacer la compra. Ahora, por fin, podemos quedarnos aquí.”
Dos semanas y las estanterías ya se vacían
El establecimiento abrió hace apenas dos semanas, y la respuesta ha sido abrumadora. “Los aparadores se vacían enseguida y tenemos que reponer corriendo”, cuentan las trabajadoras entre risas.
El supermercado apuesta por los productos de cercanía, con un toque muy valenciano: queso de Catí, carne fresca y pescado de Vinaròs llenan los mostradores, recordando que la calidad también puede tener sabor local.
Hasta ahora, los vecinos solo contaban con una pequeña tienda con pocos productos. Hoy, la rutina ha cambiado: el ir y venir de carros, las conversaciones en la puerta, los saludos entre vecinos… El comercio ha devuelto ritmo y comunidad.
La fuerza de una cooperativa y de un pueblo
Detrás de este logro está la Cooperativa Sant Marc de Xert, con Juan Antonio Adell al frente. Él lo tiene claro: “Esto es un cambio de vida. Ahora la gente no tiene que coger el coche, no hay peligro en la carretera, y además ayudamos a que quien trabaja aquí no se marche a vivir fuera.”
El supermercado es más que un negocio: es un proyecto de arraigo. “Cada compra aquí es una forma de mantener vivo el pueblo”, resume Adell con orgullo.
Un pequeño gesto que vale mucho
En una época en la que tantos pueblos del interior luchan por no vaciarse, Xert demuestra que el futuro también se construye con gestos sencillos: abrir un comercio, apostar por lo local, cuidar de los suyos.
Porque en los estantes de este nuevo supermercado no solo hay productos:
hay vida, dignidad y la certeza de que el corazón del interior sigue latiendo.


