La fotografía adjunta de 1922 nos trae el recuerdo de un lugar idílico. Al dorso de la imagen pone “Barraca en el camino a Pinedo”. No tenemos constancia de la acequia que se aprecia pero tal vez se trate de la del Comú de Momperol que transcurría junto al camino del Salinar atravesando el actual camino de Pinedo.

Recordemos la toponimia del lugar, todo un discurrir entre barracas y alquerías en la jurisdicción de La Punta.
Recordemos la toponimia del lugar, todo un discurrir entre barracas y alquerías en la jurisdicción de La Punta. Caminos del Pou, Caminot, del Roig y del Fiscal, las barracas de Caruana, de Angeleta, Casa del Ricó, del Sabateret, del Escolapio o Casa Pancha, junto a otras alquerías de Tamargo, Gales, del Coixo, Serrano, Simó el Francés, Lorenzo el Burro, Romance, Fermín, Boro, Colero… y otras tantas agrupadas en un área de aproximadamente un kilometro.

El Camino dels Roigs atravesaba la acequia. En el citado barrio de La Punta se hallaba la senda dels Sabaters, Casa del Frare, de Camilo, Siurana, Pipa, del General

El Camino dels Roigs atravesaba la acequia. En el citado barrio de La Punta se hallaba la senda dels Sabaters, Casa del Frare, de Camilo, Siurana, Pipa, del General… más arriba la senda dels Vivons frente a la casa del Reyet y a la entrada de Martinot.
Tampoco tenemos constancia de la barraca que se aprecia en la fotografía, pero sí queremos describir ese momento mágico, auténtico de huerta. La mujer del cántaro mira a la cámara como quien espera la eternidad. Viste con amplia falda, quizá de lino o tal vez de arpillera, como los sacos de alfalfa y tabaco. El niño de caña y gorra se inclina en el agua reverenciando el juego, abstraído.
Es invierno. El hombre junto a la puerta, tapado en manta, también mira a la cámara y no se atreve aún a sentarse en esa silla de enea testigo de tanto pasado. El sumiso jamelgo, con su carro, va lleno de huerta, al mando de blusones y gorras manchadas de vida. La mujer del fondo lava en la acequia blusas, faldones y medias; las gorras y los pañuelos de cabeza no se lavan, deben de permanecer en ellos el sudor como signo de la huerta, del esfuerzo, de la acequia.
Un lugar idílico de barraca, carro y silla, de cántaro con asas gastadas, de acequia con puente para el paso de tantos mundos
Un lugar idílico de barraca, carro y silla, de cántaro con asas gastadas, de acequia con puente para el paso de tantos mundos, de cebollas, caracoles, patatas y sol. El agua es la vida que va llena de “cabuts”, “parotets” y anguilas de juego con caña. Camino a Pinedo, al universo de mares, jazmín y agua.
A. P. R. S. : Archivo Privado de Rafael Solaz
Que Rafael Solaz nos tenga ya acostumbrados a la excelencia en las aportaciones literarias y gráficas de todos y cada uno de sus artículos no es obstáculo para reconocer que, en ésta ocasión, ha alcanzado un nivel sublime aunque de seguro no tardará a igualarlo y/o superarlo en sus nuevas aportaciones.
La evidente e innegable belleza de las imágenes, acompañadas de explicaciones y matizaciones que sólo un experto observador como él puede realizar nos trasladan a un pasado en el que la huerta era un signo de identidad y una filosofía de vida del pueblo valenciano.
Por un error involuntario, en el Comentario anterior se ha reflejado ·…igualarlo y/o superarlo en sus nuevas aportaciones” en lugar de “…igualarlo y/o superarlo en lo sucesivo”.
Toda una lección magistral de cómo ver una fotografia y aprender de ella. Rafael Solaz no es un coleccionista al uso que cuida y mima la foto. Nada de esto. La observa, la estruja, le saca todo su zumo, y como un forense la descuartiza milimetro a milimetro para sacar a la luz todo lo que en ella se esconde, para después dejarla en limpio y brillante informe para ofrecerselo al lector.
Gracias Rafael por enseñarnos a ver lo mucho que es esconde es un octavo de papel.