Castellón, 22 de abril – El juicio contra seis personas acusadas por la Fiscalía de integrar una secta en Vistabella del Maestrat ha sido aplazado para extender las sesiones inicialmente pautadas, debido al elevado número de testigos y peritos involucrados. La Audiencia Provincial de Castellón iba a iniciar las diligencias este martes, pero la solicitud del fiscal de postergar el juicio fue aceptada por las partes, ya que se estima que habrá 55 testigos y se presentarán 25 informes de forenses. El ministerio público ha propuesto extender las sesiones a 20 días, lo que requerirá reprogramar el juicio.
Los acusados –cinco mujeres y un hombre– enfrentan penas que varían entre los 16 y los 76 años de prisión, acusados de nueve delitos de abuso sexual, seis de ellos a menores de edad, y de asociación ilícita. En el escrito de conclusiones provisionales, la Fiscalía describe a los acusados como partícipes de un grupo pseudo-religioso alrededor de un líder fallecido el 15 de mayo de 2002, mientras estaba en prisión provisional. El líder, según la acusación, ejercía un control psicológico sobre sus seguidores con el objetivo de satisfacer sus deseos sexuales.
La comunidad comenzó a formarse en 1990, cuando el líder y su esposa –una de las acusadas– ofrecían en Castellón terapias espirituales de manera privada, a las que acudían principalmente mujeres con preocupaciones o problemas de salud. Estas terapias culminaban con la ‘imposición de manos’, prometiendo sanación física mediante supuestos ritos sexuales. Con el crecimiento del grupo, se trasladaron a Vistabella del Maestrat, consolidándose en un inmueble de más de 700 metros cuadrados, donde los adeptos vivían temporal o permanentemente con sus familias.
En este lugar, el líder continuaba sus ritos, con el conocimiento y la colaboración de cuatro de los acusados. Las mujeres de la comunidad realizaban tareas domésticas, mientras que los hombres se encargaban del mantenimiento del lugar. Aquellos que no seguían sus órdenes eran castigados con humillaciones públicas.
El fiscal sostiene que el líder corrompía la adolescencia de los menores con el propósito de satisfacer sus deseos libidinosos, impartiendo ‘escuelas’ donde los iniciaba en la actividad sexual a través de videos y fotografías pornográficas, y mantenía relaciones con las menores. Las cinco acusadas facilitaron estos encuentros, a pesar de que el líder tenía escasa movilidad debido a diversas enfermedades. La acusación concluye que los seis acusados pertenecían a una entidad que, bajo un disfraz pseudo-religioso, captaba miembros con fines sexuales, especialmente con menores, impulsados por el líder de la secta.