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El paraíso a una hora de Valencia: un espectacular jardín en Pedreguer
Un viaje en coche en dirección a Pedreguer permite descubrir, entre un mar de urbanizaciones, la maravilla conocida como el Jardín de la Albarda. Este lugar de extraordinaria belleza está situado en medio de un paisaje aparentemente desolado pero a solo una hora de Valencia. Al cruzar su entrada, uno se siente como si atravesara un portal hacia el paraíso, una experiencia que merece la pena desde los primeros pasos, donde un túnel vegetal, formado por miles de árboles, acompaña al visitante hasta la casa del creador de este espacio único, Enrique Montoliú. Su historia es tan fascinante como el propio jardín.
Mientras se avanza por el sendero en suave pendiente, la casa de Montoliú emerge de fondo, en una escena que parece salida de un sueño. El Jardín de la Albarda, llamado así por los montes cercanos, es un lugar que mezcla realidad y fantasía. Sus parterres cuidados, sus rincones acogedores y su arquitectura detallada invitan a pasear como si se caminara entre nubes. Este jardín es también un refugio de belleza, en contraposición a la rutina diaria. Fue creado por Montoliú en los años 90, casi por casualidad, y se ha convertido en una obra maestra del diseño paisajístico.
El nacimiento del Jardín de la Albarda está marcado por el azar y la buena fortuna. Montoliú, un empresario de Valencia, buscaba un lugar para desarrollar su visión. Finalmente, encontró el sitio ideal en Jávea, donde pasaba los veranos de su infancia. Inspirado por la arquitectura de Andrea Palladio, diseñó su casa sin haber estudiado su obra. A lo largo de la visita, menciona que su jardín tiene conexiones con Italia, en especial con la cultura del Renacimiento, y al mismo tiempo, es un homenaje a la tradición valenciana. El resultado es un recorrido sensorial donde el aroma de los naranjos en flor es uno de sus sellos distintivos.
El jardín, que abarca 50.000 metros cuadrados, es el resultado de años de esfuerzo meticuloso. Montoliú adquirió el terreno en 1990 y, cinco años después, comprendió que la naturaleza sigue sus propias reglas. Su espacio está dividido en un jardín bien organizado y una zona más salvaje, donde la naturaleza reina con cierta libertad, siempre bajo la atenta supervisión de Montoliú y sus colaboradores. El conjunto refleja un tributo a la cultura del Renacimiento, complementado por un método de construcción que se nutre de experiencias personales y viajes.
Originalmente, el Jardín de las Albardas abarcaba 20.000 hectáreas, expandiéndose orgánicamente con el tiempo. Montoliú ha usado este jardín como un laboratorio de reflexión sobre la naturaleza, tratando de corregir los descuidos habituales del ser humano. Actualmente, el jardín es autosuficiente, gracias a una estrategia de financiación basada en su uso como escenario de eventos, lo que ha permitido mantenerlo vivo y en expansión.
La arquitectura juega un papel esencial en este jardín, con elementos inspirados en el Mediterráneo. Destaca un invernadero en forma de anfiteatro, cautivador por su disposición de plantas y el charco central. Cada rincón del jardín ofrece una nueva oportunidad fotográfica, con cerca de 700 especies de plantas convivientes, desde la lavanda hasta el raro boldo de la India. Montoliú reflexiona sobre la diversidad de la naturaleza mientras guia a los visitantes.
Para Montoliú, vivir rodeado de este entorno es un privilegio que pocos experimentan. El jardín refleja su deseo de preservar la naturaleza y dejar un legado de sensibilidad ambiental a futuras generaciones. Con el Jardín de las Albardas, Montoliú busca inspirar a quienes lo visitan y fomentar un respeto por la naturaleza que parece perdida en la actualidad. En sus propias palabras, “La cultura va hacia abajo. No hay sensibilidad hacia la naturaleza”.
Como incansable viajero y amante del paisaje, Montoliú encuentra en su jardín una fuente de esperanza, un lugar donde la armonía, proporción y belleza están en perfecta sintonía, transformando cada visita en una experiencia casi mística.