Noticias de Valencia: Devoción en el Besamanos a la Virgen
El evento del Besamanos a la Virgen, caracterizado por una profunda devoción y emociones a flor de piel, se desarrolló este miércoles desde las 6.30 horas en la Basílica de la Virgen. Este acto, que se celebra desde 2003, continúa creciendo en la cantidad de fieles que congrega. El año pasado, la participación alcanzó un récord al recibir a 35,000 visitantes de todas las edades. Este año, habrá que esperar para conocer la cifra exacta de asistentes, ya que la Basílica mantiene sus puertas abiertas hasta que el último devoto haya pasado; en 2023, esto sucedió a la 1.15 de la madrugada.
Marisa Rosa Alfaro fue nuevamente la primera en pasar ante la imagen de la Peregrina, marcando su octava vez consecutiva. Para lograrlo, comenzó a hacer fila 17 horas y media antes de que la Basílica abriera. Durante la larga espera, Marisa contó con la compañía de otros devotos, como los hermanos Rosa y Paco Ferris, quienes siguen la tradición iniciada por su madre al asistir al evento. Armados con sillas, mantas, comida y café, intercambiaron vivencias del último año, encontrando que la espera valió la pena al poder expresar sus plegarias a la Mare de Déu.
Este año, Marisa tenía un motivo especial para estar en la fila: su hija, Carmen Vionnet, afectada por una dana en Aldaia, ha vivido situaciones difíciles, como la pérdida del coche y problemas con el ascensor del edificio. Aun así, Marisa rezó para que no se repitan desastres similares y para dar gracias por la seguridad de su familia.
Para esta ocasión del Besamanos, la imagen Peregrina lució un manto azul grisáceo elegido por María Dolores Alonso, camarera de la Virgen. Este manto, confeccionado por el Gremio de Sastres y Modistas de la Comunitat Valenciana, es una seda del siglo XVIII y XIX bordada con hilo de oro. Además, el Niño lleva una joya conmemorativa donada por Álvaro Martínez, que incluye diseño y pintura de Pedro Arrúe, y contiene perlas, amatistas, corales y esmeraldas.
Asimismo, la imagen Peregrina porta un collar con una cruz que perteneció a la madre de Carlos Osoro, arzobispo emérito de Madrid. Este regalo a la Mare de Déu se dio durante su tiempo como arzobispo de Valencia entre 2009 y 2014.