La periodista Maribel Vilaplana, que compartió mantel con Carlos Mazón el día de la trágica DANA del 29 de octubre, ha roto su silencio para explicar que todo fue una “maldita coincidencia”. Mientras la Comunitat Valenciana se ahogaba —literalmente— en una de las peores catástrofes naturales de su historia, el president comía (supuestamente de trabajo) con la que ya es conocida como “la periodista del menú incómodo”. Tras meses de especulaciones, presiones y ataques, Vilaplana se ha despachado con una carta abierta… y el fuego cruzado no ha hecho más que reactivarse.

Hay comidas que se indigestan más por lo que pasa fuera del restaurante que por el menú. Y si no, que se lo digan a Maribel Vilaplana, periodista de trayectoria reconocida, que tuvo la “maldita mala suerte” (según sus propias palabras) de sentarse a comer con Carlos Mazón el mismo día que la DANA arrasaba la provincia de Valencia y se cobraba 228 vidas. Un dato que convierte cualquier almuerzo en una tragedia con posdata.
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Coincidencia, ¿pero con salsa política?
Vilaplana ha decidido romper su silencio 10 meses después, harta de “ataques, falsedades y mensajes de odio”. A través de una carta abierta que mezcla justificación personal, alivio emocional y un toque de “ya basta”, ha querido dejar claro que no participó en nada que tenga que ver con la gestión de esa jornada, y que fue un error haber pedido que no se supiera que había comido con el president.
Vamos, que si lo llegamos a saber desde el principio, la sobremesa habría sido aún más movida que la tormenta.
“No pregunté, no participé, no sabía nada”
Vilaplana, que actualmente es portavoz del Levante UD, cuenta que durante la comida, Mazón empezó a recibir llamadas constantes, pero que ella ni preguntó ni le preguntaron. Que el hombre estaba claramente liado, pero como en València no llovía, nadie en la mesa pensó que la situación fuera lo que era: un desastre natural histórico.
Salió del restaurante entre las 18:30 y las 18:45, y al llegar a casa, ya con las imágenes del caos en televisión, se dio cuenta de la magnitud real. Llamó al president, expresó su angustia, y le pidió que no la mencionara. Porque claro, el titular “Carlos Mazón comía con una periodista mientras caía el diluvio universal” no da para premio de comunicación institucional.
La Generalitat entra al quite… como siempre, tarde
Después de la carta, desde la Generalitat han salido a asegurar que todo está clarísimo. Que gracias al relato de Vilaplana queda “ratificado” que Mazón estuvo pendiente e informado de todo desde el primer minuto. Lo que no explican es por qué esa “pendienteza” no se notó ni en declaraciones ni en acciones durante las primeras horas críticas.
Además, condenan los “ataques machistas” que ha recibido la periodista, algo que nadie debería soportar jamás, pero que tampoco justifica el oscurantismo comunicativo de aquellos días.
El menú que nadie quiere repetir
Todo este embrollo nace de lo que en principio era, según algunas fuentes, una comida para ofrecerle a Vilaplana la dirección de la futura televisión valenciana. Es decir, lo que iba a ser una conversación profesional terminó siendo la madre de todas las polémicas políticas post-DANA.
¿Y por qué? Porque en política, comer con alguien no es solo comer. Es un gesto. Es presencia. Es ubicación. Y si ese alguien es el president de la Generalitat en plena emergencia meteorológica, pues a lo mejor no era el mejor día para proponer una oferta laboral.
Daños colaterales: salud mental, reputación y televisión
Vilaplana ha revelado que la presión ha sido tan brutal que llegó a necesitar tratamiento psicológico y fue ingresada por estrés postraumático. Algo que debería hacernos reflexionar —aunque sea un poquito— sobre lo rápido que se alimenta el linchamiento público cuando se mezcla política, catástrofes y redes sociales.
Ahora bien, lo que sigue en el aire es:
- ¿Qué se habló realmente durante esa comida?
- ¿Sabía Mazón ya la magnitud del desastre?
- ¿Y si no lo sabía, por qué nadie lo informó?
- ¿Y si lo sabía, por qué se quedó en el restaurante hasta bien entrada la tarde?
Preguntas que, de momento, no tienen respuesta más allá de comunicados diplomáticos y cartas de tono personal.
Pregunta final al lector
¿Tú qué opinas? ¿Fue una “maldita coincidencia” o un ejemplo de falta de reflejos políticos? ¿Y tú, con quién no comerías jamás durante una emergencia nacional?