5 de diciembre de 2025
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“Valencia: El Equilibrio entre lo Local y lo Global en el Comercio”

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De la ‘botigueta del cantó’ a los grandes almacenes

Desde la modesta tienda del barrio hasta los grandes centros comerciales. Desde la tienda de lozas y la farmacia de jarabes, pasando por la ferretería del cedazo y la azada, hasta los grandes almacenes de moda. Durante sus 160 años, LAS PROVINCIAS ha dedicado una parte importante de sus contenidos a la publicidad comercial. A través de ella, los lectores han conocido, junto con las noticias globales, aquellas esenciales para la vida diaria: desde ofertas de carbón a la nueva aparición de vehículos. Comercio y publicidad están intrínsecamente relacionados con la vida.

Críticos mencionan que don José Campo Pérez Arpa aseguró siempre que su padre se dedicaba al comercio de salsas, una forma elegante de decir que la familia vivía de un simple ultramarinos. Esto era en la primera mitad del siglo XIX en Valencia, con tiendas iluminadas por luz de carburo y mostradores de caoba. Tal como Blasco Ibáñez relató en sus novelas, algunos padres dejaban a sus hijos de doce años en estas tiendas, enfrentándolos al ‘pardal de Sant Joan’. Allí trabajaban y dormían hasta que el esfuerzo y la suerte permitían que uno de cada diez lograra ser un buen dependiente, y uno de cada cien, un próspero propietario.

La Tienda del Lorito, en la calle del Trench, número 2, ofrecía a su distinguida clientela hasta ‘siete calidades de bacalao’. Era un ultramarinos tradicional, donde su dueño, don José Bellot, se esmeraba por traer los mejores embutidos, quesos, aceites, conservas y un exquisito jamón de Wesfalia. Este anuncio, publicado en 1878, es representativo del modelo comercial que rodeaba la zona del Mercado.

Desde el inicio, la cuarta página del diario ha estado dedicada a la llegada de barcos y la venta de cocinas económicas. A las tiendas de máquinas de coser, calefactores y lavaderos, de uniformes para empleadas del hogar y zapatos para caballeros. Era la vida misma, el continuo progreso de una ciudad donde los comercios llevaban nombres memorables como la Tienda de las Ollas, El Cáliz, Las Barracas, la Huerta Valenciana y El Sol, y exhibían en sus fachadas anuncios visuales llamativos, fundamentales en una época en que la alfabetización no era común.

El vino y el aceite se vendían a granel mediante artefactos con manubrio. Estos establecimientos tenían barriles con grifos que vertían vermús, mistelas y anises. Las farmacias ofrecían ungüentos, preparados medicinales, píldoras milagrosas contra el reumatismo y tratamientos para la firmeza del busto y la reducción de hernias, junto con linimentos para aliviar el dolor y grandes cantidades de aceite de hígado de bacalao para los niños de débil apetito.

Los clientes de la provincia

Una de las claves del comercio en la ciudad fue su atracción sobre clientes de poblaciones vecinas, quienes encontraban en las tiendas de Valencia un surtido inigualable. Visitar la ciudad para realizar compras, facilitado por trenes, tranvías y autobuses, era un hábito saludable. Los comerciantes apoyaron iniciativas para organizar eventos y festividades que atrajeran visitantes, incluidos los festejos de mayo y la Feria de Julio, con verbenas y corridas de toros, sin mencionar la atracción de las playas cada temporada.

Las tiendas especializadas pronto contaron con la compañía de grandes almacenes de varias plantas que ofrecían una amplia gama de productos, desde moda para hombres y mujeres hasta artículos para el hogar. Valencia contaba con comercios históricos como Almacenes El Águila, la Isla de Cuba (San Vicente-Paz) y El Siglo Valenciano (calle San Fernando), inspirados por emporios parisinos como Le Printemps o La Samaritaine.

Comercio y publicidad siempre estuvieron interrelacionados, como en mayo de 1898, cuando Almacenes El Águila ofreció mapas ilustrados con el escenario de la guerra hispano-estadounidense. Lo Rat Penat, tienda de saldos, anunciaba liquidaciones frente a El Águila, y unos años después se leía: «Aviso a las señoras: gran saldo de sombreros, adornos, plumas, cintas desde 0,25 pesetas en San Vicente, frente al Ayuntamiento.»

Tiendas memorables incluyen La Pastora en la calle de los Ramilletes, El Tranvía en la plaza de la Merced, e incluso Alberola Hermanos, especializada en fajas y sostenes, que sigue abierta bajo la protección de la Virgen de los Desamparados. Negocios perdurables de recuerdos entrañables como Más Masía, La Botiga del Poal y Ernesto Ferrer. Y la reconocida tienda de cedazos en la plaza del Doctor Collado, cerrada recientemente. La evolución del comercio, desde las telas baratas hasta las prendas de firmas internacionales como Calvin Klein o Polo Ralph Lauren, se ha visto también en la tienda de regalos de don Vicente Fos, conocida por su famoso cocodrilo Chumbo en una fuente inverosímil. Ultramarinos, bodegas, pasamanerías, armerías, tocinerías y bombonerías describen un comercio vibrante lleno de opciones para todas las necesidades.

La exposición

Con motivo del 160 aniversario de LAS PROVINCIAS, se realiza una exposición que muestra la evolución urbanística de la ciudad donde nació y tiene su sede el diario.

– Dónde: Centre del Carme Cultura Contemporània.
– Sala: Sala Dormitorio, piso 2.
– Fechas: Del 11 de diciembre a mediados de febrero.
– Horario: De martes a domingo, de 10:00 a 20:00 horas.
– Entrada: Libre.

Cada hito de la historia comercial está ilustrado por un artista plástico, y las reflexiones son aportadas por escritores, periodistas, arquitectos y profesores.

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