6 de marzo de 2026
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Cooperación “sin contraprestación”: la tertulia de Horizonte carga contra AECID, subvenciones millonarias y proyectos con nombres imposibles

La conversación arranca con una idea que lo cambia todo: “esto va rápido”. Y ya sabemos lo que significa en televisión cuando alguien dice que va rápido: que vienen curvas, cifras, y un desfile de ejemplos con los que buscan que el espectador se atragante con la cena.

El invitado Pablo Cambronero (que se presenta como alguien que ha analizado la cooperación española) centra el tiro en AECID, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, dependiente del Ministerio de Exteriores. Según su relato, la cooperación internacional española mueve más de 4.000 millones de euros al año (cifra que sitúa en 2024) y añade que en 2025 habría crecido, anunciado por el propio ministro.

Y aquí llega la palabra mágica, la que repiten como si fuera un sello de caucho: “subvención dineraria sin contraprestación”. Traducido a lenguaje de barra de bar: “se da dinero y punto”. Sin factura de resultados, sin “tanto pones, tanto obtienes”, sin un “vale, ¿y esto qué ha cambiado?”. La mesa lo pinta como el tipo de mecanismo perfecto para que, bajo la etiqueta de “bondad” y “solidaridad”, se cuele lo que sea sin demasiadas preguntas.

El argumento central: un sistema con aura de bondad… y una niebla de opacidad

En el debate de Horizonte se insiste en que la cooperación internacional está cubierta por una especie de presunción moral: como suena bien, cuesta criticarla sin que te llamen de todo. Según el invitado, esa presunción ha facilitado opacidad durante años y ha terminado creando una red estable, casi “industrial”, de donantes y receptores que se repite con distintos nombres, pero con dinámicas parecidas.

La tertulia plantea el gran dilema: ¿se puede salir de ese sistema? Y aquí meten el ejemplo estadounidense: dicen que Estados Unidos habría reducido drásticamente la actividad de su agencia (USAID) tras una auditoría y “no pasó nada”. Es decir: “se puede recortar”, sugieren, “y el mundo no se hunde”.

El momento estrella: “vulvas dialogantes” (y el cálculo más televisivo del año)

Luego llega el plato fuerte, el concepto que el programa convierte en meme: un taller de escultura en Tegucigalpa (Honduras) con un título que repiten con delectación: “escultura de vulvas dialogantes desde vivencias trans”.

Leen el objetivo con tono de “mirad lo que pone aquí”, y lo presentan como ejemplo del “disparate” al que, según ellos, se puede llegar. Y, por si fuera poco, el invitado mete un cálculo que parece escrito para TikTok:

  • dice que AECID les contestó en su día que el taller costó unos 350 euros
  • que participaron 14 alumnos
  • durante tres días, tres horas al día
  • y acaba sacándose de la manga una especie de “contabilidad creativa”: “a una vulva por hora, 126 vulvas”.

Es sarcasmo con calculadora. No busca precisión técnica: busca que la audiencia diga “¿pero esto qué es?”.

“Ahora sí, vamos a sorprendernos”: el desfile de partidas del programa Ellas Plus

Después el bloque cambia de marchas: pasan del ejemplo “viral” a lo “documentado”. Aseguran que la información viene de la Base de Datos Nacional de Subvenciones (Ministerio de Hacienda) y empiezan a sacar fichas.

El programa se centra en un plan concreto: Ellas Plus, que sitúan activo desde 2021 y del que dicen que ha repartido más de 20 millones de euros en subvenciones. Añaden dos detalles importantes para su narrativa:

  1. que el programa sigue (no se habría terminado en 2025, “y más allá”)
  2. que han localizado 58 subvenciones desde 2022 (porque, dicen, los datos anteriores desaparecen tras cuatro años o dejan de estar accesibles)

La forma en la que lo cuentan es muy clara: “esto es solo un programa… y aun así ya hay millones”.

Caso 1: Colombia, 400.000 euros

Primera ficha: un proyecto con un título largo (participación política, interseccionalidad, feminismos, educación popular…) y un receptor con un nombre que suena impecable: Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad. La mesa hace lo de siempre: “suena bien”. Y acto seguido, “pero…”.

El invitado afirma que, tras mirar su web, lo que ve es actividad política intensa, y sostiene que hay condenas a unos países o a ciertas acciones, pero silencio sobre otras cuestiones. Lo que intenta establecer es un patrón: “no es ayuda humanitaria, es activismo ideológico”.

Caso 2: Perú, 450.000 euros

Siguiente: Perú. Otra vez Ellas Plus. Otra vez un título solemne: “organizaciones feministas de mujeres indígenas y campesinas… gobernanza democrática… derechos humanos”.

Y aquí meten otro golpe: dicen que no han encontrado rastro claro de ese dinero en las entidades (lo presentan como una sospecha de falta de trazabilidad). El receptor sería la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, y se detienen en un término que, según ellos, aparece una y otra vez: “personas defensoras”.

La tertulia ridiculiza la etiqueta y la traduce a su manera: “personas defensoras” como “activistas profesionales”. Ponen ejemplos exagerados (batucadas, actos públicos, espectáculos) para reforzar el mensaje de que el dinero estaría financiando estructura militante y no proyectos de impacto medible.

Caso 3: República Dominicana, 500.000 euros

Siguiente parada: República Dominicana. Otra vez la fórmula: título muy bonito, cifra grande y receptor. Hablan de Konamuka, Confederación de Mujeres del Campo, y se burlan de un resultado que la entidad reivindicaría: “han empoderado a 10.000 mujeres”. El debate entra en modo ironía total: inventan el “empoderómetro” y se preguntan cómo se demuestra que alguien ha sido empoderado. El objetivo es evidente: cuestionar que haya métricas verificables.

El “pozo sin fondo” y la gran frase: “esto sale de nuestros impuestos”

Aquí la tertulia aprieta la tuerca. Uno pregunta lo obvio para el espectador: “¿de dónde sale este dinero?”. Y lo responden como si fuera una revelación, aunque sea lo esperable: “de nuestros impuestos”.

Y suben la apuesta: aseguran que no solo es el Estado, sino que ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas también tienen sus propios mecanismos de cooperación. Es decir: si creías que el grifo era uno, según ellos hay grifos por todas partes.

El invitado añade otra idea que repite: que seguir el dinero “en destino” es casi imposible por “hostilidad y opacidad” y porque los datos, al cabo de un tiempo, desaparecen o dejan de estar visibles.

¿Lo que más dinero se lleva? “El clima”

Cuando les preguntan si el gran agujero es el feminismo, responden que no: que el gran bloque es el cambio climático y que, además, muchas partidas lo mezclan todo: clima, feminismo, sostenibilidad, pobreza… como si fuese una licuadora de palabras que siempre queda bien en un formulario.

También mencionan partidas de LGTBI “puro y duro” (así lo llaman) y una categoría que presentan como especialmente llamativa: “contribuciones voluntarias” a grandes organismos (ONU y otros). Y ahí meten otro dardo sarcástico: “voluntarias… pero yo estoy obligado a pagarlas”.

Cierre con cifra grande: “1.800 millones desde 2021”

El bloque remata con un número que buscan que se quede en la cabeza: alrededor de 1.800 millones de euros otorgados desde 2021 en ese marco que describen. Y cierran encumbrando al investigador como “el único” que se ha puesto a mirar estas cosas, insistiendo en que seguirá habiendo entregas.

Lo que realmente está pasando en el discurso

Más allá de los ejemplos, el mecanismo del segmento es siempre el mismo:

  • Presentar la cooperación como un sistema bienintencionado, pero con demasiada oscuridad.
  • Coger conceptos con nombres raros o provocadores para convertirlos en símbolo (“vulvas dialogantes” funciona como icono).
  • Encadenar cifras grandes y títulos larguísimos para transmitir sensación de burbuja burocrática.
  • Rematar con la comparación moral: “mientras tanto, hay otras prioridades”.

Si quieres, te lo adapto en guion de locución para radio (60–90 segundos) con ritmo de informativo, manteniendo el sarcasmo, pero sin perder claridad ni sonar a monólogo.

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