Durante siglos, las cocinas británicas utilizaron perros de patas cortas para hacer girar los espetones donde se asaba la carne. Corrían durante horas dentro de una rueda conectada al asador y acabaron desapareciendo cuando las máquinas hicieron innecesario su trabajo.
Mucho antes de los hornos eléctricos, los robots de cocina y cualquier electrodoméstico moderno, conseguir que una gran pieza de carne se asara uniformemente podía requerir varias horas de trabajo.
Había que mantenerla girando frente al fuego.
Primero fueron personas quienes realizaron esta pesada tarea. Pero en las cocinas británicas apareció una solución que hoy resulta difícil de imaginar: meter un perro dentro de una rueda y utilizar su movimiento para hacer girar el asador.
No es una leyenda. Aquellos animales existieron y fueron conocidos como Turnspit dogs, perros de cocina o perros de rueda.
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Un perro seleccionado para trabajar en una rueda
El Turnspit tenía unas características físicas muy particulares. Era un perro de cuerpo alargado, patas cortas y constitución resistente, seleccionado especialmente para correr dentro de estas ruedas.
El National Trust británico conserva una rueda de madera del siglo XVII en The George Inn, en Lacock. La institución explica que el mecanismo se instalaba junto a la chimenea y se conectaba mediante una cadena al espetón.




El funcionamiento era sencillo: el perro corría dentro de la rueda, la rueda movía la cadena y esta hacía girar la carne delante del fuego.
Aquellos animales se convirtieron así, literalmente, en parte de la maquinaria de la cocina.
Hay referencias desde 1576
La existencia de estos perros está documentada desde hace aproximadamente 450 años.
Una de las primeras descripciones conocidas aparece en 1576 en Of Englishe Dogges, obra del médico y naturalista inglés John —Johannes— Caius.
Caius ya describía entonces al animal encargado de hacer girar el espetón. Fuentes vinculadas a la historia canina consideran esta obra la primera referencia escrita conocida al Turnspit.
Con el paso del tiempo recibió diferentes denominaciones, entre ellas Kitchen Dog, Cooking Dog o Wheeling Dog.

Horas corriendo junto al fuego
El trabajo distaba mucho de ser cómodo.
Las ruedas estaban instaladas junto a enormes chimeneas y los perros podían permanecer trabajando durante las largas horas necesarias para asar grandes piezas de carne.

Era un esfuerzo tan considerable que las cocinas podían disponer de más de un perro para alternarlos por turnos. Las fuentes históricas señalan que las parejas se relevaban para evitar que un único animal tuviera que soportar continuamente el esfuerzo.
Los Turnspit ocupaban además uno de los escalones más bajos entre los animales domésticos. Su valor estaba fundamentalmente relacionado con el trabajo que podían realizar.
Algunas crónicas históricas recogen incluso episodios de maltrato destinados a conseguir que los animales continuaran corriendo cuando disminuían el ritmo, aunque estos relatos deben tratarse con prudencia porque resulta difícil determinar hasta qué punto determinadas prácticas estaban generalizadas.
¿De aquí viene «cada perro tiene su día»?
Una de las historias más repetidas asegura que los turnos de estos perros dieron origen a la expresión inglesa «every dog has its day», equivalente aproximadamente a «a todo el mundo le llega su momento».
La explicación resulta atractiva: si dos perros se alternaban, cada uno tendría su jornada.
Pero probablemente no sea cierta.
El Oxford English Dictionary documenta una versión del proverbio inglés ya en 1546, varias décadas antes de la descripción del Turnspit publicada por Caius en 1576.
Por tanto, aunque algunas instituciones y publicaciones todavía mencionan la posible relación con los perros de cocina, no puede afirmarse que la expresión naciera de ellos.
Las máquinas acabaron con los perros de cocina
La historia del Turnspit tuvo un final paradójico.
La misma tecnología que había convertido al perro en una especie de motor terminó liberándolo de aquella función.
Durante el siglo XIX comenzaron a popularizarse mecanismos mecánicos capaces de hacer girar automáticamente los espetones. El National Trust señala que hacia mediados de ese siglo las llamadas dog wheels quedaron obsoletas debido a la introducción de dispositivos económicos para mover los asadores.
Si una máquina podía realizar el trabajo, ya no tenía sentido mantener y criar perros específicamente para hacerlo.
Y ocurrió algo todavía más sorprendente.
El Turnspit terminó desapareciendo.
Dejó de criarse para la función que había determinado sus características durante generaciones y acabó considerado un tipo o raza extinta.
Whiskey, el recuerdo de un perro desaparecido
Sin embargo, todavía podemos contemplar cómo era uno de aquellos animales.
En el Abergavenny Museum, en Gales, se conserva disecado un Turnspit llamado Whiskey.
El museo lo mantiene entre sus piezas más conocidas y la colección histórica galesa lo describe como el último ejemplar conservado de estos perros.
Su cuerpo permite entender perfectamente por qué podía desenvolverse dentro de aquellas ruedas: pequeño, alargado y con patas cortas.
Hoy resulta casi imposible imaginar una cocina en la que un perro forme parte del mecanismo para preparar la comida.
Pero durante siglos ocurrió.
Antes de que un motor hiciera girar automáticamente el asador, hubo cocinas donde ese motor tenía cuatro patas.