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Un reportaje desde las playas de Benítez y El Trampolín recoge testimonios sobre marcas asociadas a episodios violentos y supuestos códigos entre grupos, aunque no existe confirmación policial de que identifiquen a bandas concretas
Las cicatrices en los brazos y las lesiones provocadas por mordeduras en las orejas se han convertido en uno de los aspectos más inquietantes de los testimonios recogidos entre algunos de los migrantes que permanecen en las playas de Ceuta.
Un reportaje realizado sobre el terreno ha intentado descifrar el significado que tendrían estas marcas después de que sus periodistas observaran a varios jóvenes con numerosas cicatrices, heridas antiguas y lesiones visibles en las orejas.






Según las explicaciones recogidas por la reportera durante varios días de conversaciones fuera de cámara, algunas de estas señales estarían relacionadas con peleas, pasos por prisión y episodios violentos. El programa plantea incluso la existencia de determinados códigos utilizados entre grupos para reconocerse o marcar las consecuencias de enfrentamientos.
Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre los testimonios recogidos en las playas y lo que puede darse por demostrado: no existe por ahora confirmación policial que permita establecer que una determinada cicatriz o una oreja mordida identifique automáticamente a un integrante de una banda criminal concreta.
“Cada cicatriz es una historia”
La periodista explica que comenzó a fijarse en las marcas después de hablar durante varios días con los jóvenes asentados en la zona.
Uno de los casos que más llamó su atención fue el de un hombre que presentaba numerosas cicatrices en los brazos.
Cuando consiguió hablar con él, según relata la reportera, el joven le explicó que “cada cicatriz es una historia”.
La conversación fue avanzando hasta que el entrevistado afirmó haber estado en prisión desde los 13 años. La periodista comenzó entonces a preguntarle por el origen de las diferentes marcas.
Según su relato, algunas estarían relacionadas con robos y otras con agresiones.
La reportera llegó a preguntarle directamente si había matado alguna vez a alguien. Inicialmente, el joven se negó a contestar y posteriormente respondió negativamente.
La periodista insistió entonces preguntándole si entre todas aquellas cicatrices podía existir alguna relacionada con más de un asesinato y asegura que recibió una respuesta afirmativa.
Este testimonio, pese a su impacto, no permite concluir que esa persona haya cometido homicidios. No existe en el reportaje documentación judicial o policial que permita relacionar las cicatrices con delitos concretos.
Las mordeduras en las orejas
El segundo elemento que llamó la atención del equipo desplazado a Ceuta fueron las lesiones en las orejas.
La periodista asegura que llevaba días intentando comprender su significado porque distintas personas le habían hablado de las mordeduras durante enfrentamientos.
Según los testimonios que dice haber recopilado, en determinadas peleas, cuando uno de los contendientes no dispone de un arma, puede llegar a morder violentamente la oreja del contrario e incluso arrancarle una parte.
El programa relaciona esta práctica con dos amputaciones de oreja que, según afirma la reportera, se habrían registrado en Ceuta.
Y durante la propia cobertura televisiva se produjo otro episodio.
Una pelea en El Trampolín y un joven sangrando de la oreja
La reportera asegura que esa misma mañana se produjo una pelea en la zona de El Trampolín.
Al acercarse al lugar, el equipo encontró a un joven que sangraba por una oreja.
La periodista intentó hablar con él para conocer lo sucedido, pero el afectado se negó a explicar ante las cámaras el origen de la lesión.
El episodio reforzó las preguntas que el equipo llevaba planteándose durante los días anteriores sobre el significado de este tipo de heridas.
¿Es realmente la mordedura de oreja el código de una banda?
Durante la conexión televisiva se da un paso más.
Desde el plató preguntan directamente a la periodista si una mordedura en la oreja significaría que la persona pertenece a una determinada organización.
La respuesta lleva a plantear que una banda concreta utilizaría la mordedura como una especie de seña de identidad.
Esta es precisamente la afirmación que necesita mayor cautela.
No hemos encontrado confirmación de la Policía Nacional, Guardia Civil u otra fuente oficial que permita establecer que las mordeduras en las orejas constituyan un código reconocido de una banda marroquí determinada.
Tampoco existe base suficiente para concluir que una persona que presente una lesión de estas características sea delincuente o pertenezca a una organización criminal.
Lo que existe son testimonios recogidos por periodistas entre personas que permanecen en las playas, además de lesiones que el propio equipo asegura haber observado.
Cicatrices, cárceles y violencia: qué puede significar realmente una marca
Las cicatrices pueden tener numerosos orígenes y, sin información adicional, no permiten reconstruir el pasado del individuo que las presenta.
Una lesión puede proceder de una pelea, un accidente, una intervención médica, una autolesión o multitud de circunstancias diferentes.
Por ello, sería incorrecto establecer una equivalencia del tipo “muchas cicatrices = miembro de una banda”.
Otra cuestión diferente es que dentro de determinados grupos criminales puedan existir símbolos, tatuajes, gestos o prácticas utilizados para expresar pertenencia, jerarquía o rivalidad. Pero para atribuir una señal concreta a una organización determinada hace falta documentación policial, judicial o académica que la respalde.
En el caso descrito en Ceuta, esa confirmación todavía no existe.
Lo que cuentan algunos migrantes
El interés periodístico del reportaje está precisamente en otro punto: son algunos de los propios migrantes quienes, según la periodista, le están explicando cómo interpretar determinadas marcas que ella observa sobre el terreno.
Además, el programa recoge testimonios que hablan de divisiones internas entre quienes intentan mantenerse alejados de los conflictos y grupos considerados más violentos.
Es dentro de ese contexto donde aparecen las explicaciones sobre las cicatrices, las peleas y las mordeduras.
Pero son relatos personales, no un catálogo policial de códigos criminales.
Una pista para investigar, no una prueba de pertenencia a una banda
Las imágenes y testimonios abren una cuestión que merece investigación: si entre algunos de los grupos llegados a Ceuta existen realmente códigos procedentes de ambientes penitenciarios o criminales de Marruecos y qué significado tienen determinadas lesiones.
Las cicatrices de los brazos y las mordeduras en las orejas son elementos visuales especialmente llamativos y los testimonios recogidos sobre el terreno les atribuyen significados relacionados con episodios violentos.
Pero, mientras no exista confirmación independiente, deben presentarse exactamente como lo que son: supuestos códigos descritos por personas entrevistadas en Ceuta y observaciones realizadas por los periodistas, no señales que permitan identificar automáticamente a delincuentes.
Ahí está precisamente la pregunta que deja abierta el reportaje: ¿son simples consecuencias de una vida marcada por la violencia o existen realmente detrás de algunas de estas cicatrices y mordeduras códigos utilizados por determinados grupos?
Por ahora, la segunda posibilidad sigue sin estar acreditada.






