El discurso en el Debate del Estado de la Ciudad sostiene que «la Valencia de los valencianos está desapareciendo» y acusa al gobierno municipal de orientar la ciudad hacia visitantes e inversores
El modelo turístico y urbano de Valencia ha protagonizado una de las intervenciones más duras del Debate del Estado de la Ciudad. Desde la oposición se ha dibujado una ciudad sometida a una creciente presión turística e inmobiliaria que estaría provocando, según el discurso, que los propios residentes tengan cada vez mayores dificultades para reconocerse y permanecer en sus barrios.
La intervención construye todo su argumento alrededor de una idea: Valencia estaría dejando progresivamente de configurarse pensando en sus habitantes para adaptarse a quienes la visitan o encuentran en ella una oportunidad económica.
El discurso llega a resumir esta tesis con una contundente afirmación: «La València de los valencianos está desapareciendo».
De los souvenirs a los autobuses llenos
El diagnóstico parte de situaciones cotidianas.
El autor del discurso habla de la proliferación de tiendas de recuerdos y utiliza como ejemplo un altercado protagonizado por turistas holandeses que circulaban en bicicleta y vecinos que protestaban contra el desalojo de Ca La Caixeta, junto a la Lonja.
Según su interpretación, aquel episodio simboliza la fricción entre dos formas diferentes de entender Valencia: la ciudad como espacio para vivir y la ciudad como producto económico.
A partir de ahí describe lo que denomina las «antipostales» de Valencia: turistas ante apartamentos turísticos, autobuses que pasan completos y problemas de limpieza mientras continúan apareciendo establecimientos orientados a nuevos modelos de consumo.
Son ejemplos y valoraciones empleados por el interviniente para construir su crítica política, no un balance técnico municipal.
Una ciudad «enferma de ajenidad»
El discurso utiliza una expresión especialmente llamativa: Valencia estaría «enferma de ajenidad».
La tesis es que ya no se trataría simplemente de una ciudad que recibe visitantes, sino que determinados espacios, comercios y servicios estarían modificándose para adaptarse prioritariamente a ellos.
El resultado sería lo que el discurso denomina una «ciudad-otra» o una «no-ciudad», recuperando conceptos del urbanista Jordi Borja.
El alquiler, en el centro del problema
La vivienda aparece inmediatamente como una de las principales consecuencias de ese modelo.
La intervención sostiene que durante esta legislatura los precios del alquiler habrían aumentado un 50% y rechaza vincular los problemas de acceso a la vivienda con la inmigración.
Por el contrario, responsabiliza de la situación a la especulación inmobiliaria y a quienes utilizan la vivienda como oportunidad de negocio.
Se trata de una cifra y una interpretación contenidas en el discurso aportado; el documento no incluye la fuente estadística utilizada para calcular ese incremento del 50%.
La inmigración entra en el enfrentamiento político
El debate sobre Ceuta también ocupa una parte considerable de la intervención.
Frente a las críticas de María José Catalá a la política migratoria del Gobierno central, este discurso sostiene que se estaría utilizando la inmigración como responsable de problemas vinculados a la desigualdad.
El interviniente defiende que las personas que cruzan fronteras buscando mejores condiciones de vida no son responsables de los problemas económicos que afectan a los valencianos y vuelve a situar el foco en el mercado inmobiliario.
Una referencia directa a la familia Aznar
La intervención llega a poner «nombre y apellidos» a su argumento y menciona al hijo del expresidente José María Aznar.
Según sostiene el discurso, habría recibido licencia para desarrollar 46 apartamentos turísticos en Gran Vía, circunstancia que utiliza como ejemplo de su crítica a la explotación económica de la vivienda.
El documento aportado formula esa afirmación, pero no incorpora documentación administrativa que permita verificar en él los detalles de esa licencia.
De la «ciutat monstre» de los años 70 a la Valencia actual
Uno de los pasajes más interesantes del discurso establece una comparación histórica.
Recuerda el concepto de «ciutat monstre», empleado por el arquitecto Salvador Pascual en 1972 y posteriormente relacionado con la obra de Manuel Sanchis Guarner.
La intervención recuerda tres grandes debates urbanísticos de aquella época: la urbanización de El Saler y la Devesa-Albufera, la posibilidad de transformar el Túria en una autopista y la destrucción del casco histórico mediante un urbanismo que califica de depredador.
Según la tesis expuesta, medio siglo después Valencia estaría afrontando un nuevo punto de inflexión.
El discurso establece paralelismos con el hotel de El Saler, el corredor verde previsto sobre las vías ferroviarias del sur y la presión turística e inmobiliaria sobre el centro histórico.
«51 hoteles nuevos»
Dentro de esta argumentación aparece otro dato significativo.
La oposición sostiene que durante los últimos tres años se habrían concedido licencias para tantas plazas hoteleras como viviendas y habla de 51 hoteles nuevos.
La cifra aparece expresamente en el discurso, aunque tampoco se acompaña en el documento de una relación de establecimientos o expediente administrativo que permita comprobar el cálculo.
Valencia como un «parque temático»
La parte más gráfica de la intervención compara el modelo de ciudad atribuido a PP y Vox con el funcionamiento de un parque temático.
El argumento es que un parque temático está pensado para visitantes, pretende obtener rendimiento económico de cada espacio y no tiene residentes propiamente dichos, sino personas que trabajan para quienes lo visitan.
A partir de esa comparación, el discurso reprocha al gobierno municipal que Valencia esté orientándose hacia el visitante y cuestiona además que no exista una tasa turística.
El discurso termina planteando el futuro de Valencia como una disputa entre dos modelos de ciudad: uno condicionado por el turismo masivo y la especulación inmobiliaria y otro que sitúe como prioridad a quienes residen, trabajan y estudian en ella.







