21 de octubre de 2026
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L’Escuraeta: el mercado de Valencia que nació en la Edad Media y todavía conserva el barro de nuestros antepasados

Una fotografía de la Valencia de los años sesenta nos devuelve a la plaza de la Reina, junto a la Puerta de los Hierros de la Catedral, cuando los puestos de cerámica y utensilios domésticos formaban parte de una tradición comercial que hunde sus raíces en la época de Jaume I.

La fotografía evoca una Valencia que todavía conservaba numerosas costumbres comerciales heredadas de siglos anteriores. A los pies de la Catedral, el Mercat de l’Escuraeta reunía cazuelas, platos, botijos, morteros y otros objetos de barro y cerámica que durante generaciones habían formado parte de las cocinas valencianas.

Lo sorprendente es que este mercado no nació como una feria turística ni como una recreación de antiguas tradiciones. Sus orígenes se relacionan con la organización de los oficios artesanales tras la conquista cristiana de Valencia en 1238.

Un mercado con raíces en el siglo XIII

El Ayuntamiento de Valencia sitúa tradicionalmente el origen de l’Escuraeta en el siglo XIII, aunque las referencias documentales que permiten acreditar su existencia se remontan al XIV.

Según la explicación municipal, los artesanos que aspiraban a integrarse en los gremios podían mostrar sus trabajos en este mercado. La exposición pública de sus piezas permitía dar a conocer sus habilidades y su producción.

Origen tradicional

Siglo XIII

Documentación histórica

Siglo XIV

Antigüedad aproximada

800 años

La antigüedad de ocho siglos corresponde a la tradición histórica del mercado, no a una celebración anual demostrada sin interrupciones.

El crecimiento de los gremios fue decisivo para la economía medieval valenciana. El Museu d’Història de València documenta que los oficios reconocidos en la ciudad pasaron de 15 en 1283 a 45 en 1526.

¿Por qué se llama l’Escuraeta?

El nombre está relacionado con escurar, verbo valenciano que significa lavar o fregar la vajilla.

La denominación remite al tipo de objetos que tradicionalmente se vendían: piezas destinadas a cocinar, servir alimentos, almacenar agua y realizar las tareas domésticas.

En las cocinas valencianas, mucho antes de la popularización del acero inoxidable y los recipientes industriales, el barro era un material cotidiano.

Entre los productos característicos del mercado destacan las cazuelas de barro, las ollas, los morteros, los platos, los botijos y los tradicionales xiulets o piulets, pequeños silbatos de agua con forma de pájaro. También son conocidas las campanillas de barro vinculadas a las celebraciones religiosas.

El barro valenciano: una tradición anterior a Jaume I

Uno de los aspectos más interesantes es que la cerámica valenciana no nació con la conquista cristiana.

Durante el periodo andalusí ya existían importantes talleres y conocimientos técnicos relacionados con la fabricación de recipientes, la cocción de piezas y los vidriados.

Tras la conquista, esa experiencia artesanal continuó desarrollándose mediante talleres familiares, comerciantes y artesanos mudéjares.

El Museu d’Història de València explica que los talleres de Paterna producían objetos de uso cotidiano, como ollas y jarros, mientras que Manises alcanzó un notable prestigio por su cerámica de lujo y sus reflejos metálicos, exportados por Europa.

Este detalle resulta fundamental: l’Escuraeta representa una continuidad de la cultura material valenciana en la que confluyen conocimientos anteriores a la conquista y formas posteriores de organización artesanal.

Las cazuelas de barro y la historia del arroz valenciano

La relación entre l’Escuraeta y la gastronomía merece un capítulo propio.

Las cazuelas de barro permitían preparar arroces caldosos, guisos y elaboraciones al horno. Su capacidad para conservar el calor y su adaptación a determinados métodos de cocción las convirtieron en utensilios habituales de la cocina tradicional.

También ayudan a comprender que la historia del arroz valenciano no puede reducirse exclusivamente a la paella.

Durante siglos, los recipientes cerámicos convivieron con ollas y otros utensilios metálicos. Las distintas formas de cocinar dependían del combustible, del hogar disponible, de los ingredientes y de las costumbres de cada época.

Eso no significa que todas las cazuelas antiguas se utilizaran para arroz ni que los utensilios vendidos actualmente sean idénticos a los medievales. Pero sí existe una continuidad cultural entre la producción alfarera y la cocina doméstica valenciana.

De la Valencia de los sesenta al mercado actual

La imagen de los años sesenta recuerda un periodo en el que las ferias tradicionales todavía tenían un papel importante en el abastecimiento doméstico.

Con el paso del tiempo, muchos de aquellos utensilios dejaron de ser imprescindibles y pasaron a considerarse piezas artesanales, recuerdos o elementos vinculados a la gastronomía tradicional.

L’Escuraeta ha sobrevivido a esa transformación.

En 2023 regresó a la plaza de la Reina tras las interrupciones ocasionadas por la pandemia y las obras de remodelación del espacio. En 2025, el Ayuntamiento autorizó hasta 26 puestos de venta de artesanía tradicional.

El mercado se celebra tradicionalmente entre la festividad de la Virgen de los Desamparados y el Corpus Christi, por lo que sus fechas cambian cada año.

Un patrimonio que se conserva utilizando sus piezas

L’Escuraeta no es únicamente un mercado antiguo. Es una muestra de cómo la historia de Valencia permanece presente en objetos aparentemente sencillos.

Una cazuela de barro, un mortero o un botijo pueden contar tanto sobre la vida cotidiana de nuestros antepasados como determinados edificios monumentales.

Mientras la Catedral recuerda el poder religioso y las grandes transformaciones arquitectónicas, los puestos de l’Escuraeta evocan las cocinas, los talleres, los oficios y las costumbres de quienes habitaron la ciudad.

Casi ocho siglos después de sus orígenes tradicionales, l’Escuraeta sigue siendo un vínculo entre la Valencia medieval y la vida cotidiana actual.

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