Un grupo de niños sentados en círculo, una zapatilla y una canción bastaban para poner en marcha el juego. La emoción llegaba al mirar hacia atrás: alguien tenía que levantarse y correr antes de perder su sitio.
«A la zapatilla por detrás, tris, tras…». Para quienes jugaron en patios, plazas o calles, esas palabras pueden traer un recuerdo inmediato: el corro, las miradas de complicidad y la sospecha de que la zapatilla acababa de quedar a sus espaldas.
La mecánica era sencilla. Todos los participantes se sentaban formando un círculo, salvo uno, que caminaba por fuera con una zapatilla en la mano. Mientras el grupo cantaba, debía dejarla detrás de un compañero sin que este lo advirtiera.
Al terminar la canción o la cuenta acordada, llegaba el momento de comprobar quién tenía el objeto. El elegido lo recogía, se levantaba y perseguía a quien lo había dejado. En una de las versiones habituales, el perseguido intentaba ocupar el hueco libre antes de ser alcanzado. Esta forma de juego aparece recogida en materiales educativos sobre juegos populares.
La gracia estaba en sostener la incertidumbre. Quien daba vueltas podía amagar, detenerse o seguir caminando para despistar. Los demás trataban de escuchar sus pasos, contener la risa y resistir la tentación de mirar antes de tiempo.
La canción también tenía sus propias reglas, aunque no se cantaba igual en todas partes. Una de las versiones recordadas dice:
A la zapatilla por detrás,
tris, tras,
ni la ves ni la verás,
tris, tras,
mirad «pa» arriba,
que caen judías,
mirad «pa» abajo,
que caen garbanzos,
a callar, a callar,
que el diablo va a pasar.
En otros grupos, el final invitaba a dormir porque iban a llegar los Reyes Magos. También podía incorporarse una pregunta sobre la hora, seguida de una cuenta que marcaba cuándo abrir los ojos. Las diferencias afectaban incluso a la persecución: algunas versiones establecían un número de vueltas y otras daban prioridad a alcanzar el asiento vacío.
Por eso, más que una única letra o un reglamento cerrado, «La zapatilla por detrás» reúne distintas maneras de jugar transmitidas entre compañeros, hermanos y generaciones.
Recuperarlo sigue siendo fácil: reunir un grupo, dejar espacio suficiente alrededor del corro y acordar las normas antes de empezar. Después solo queda cantar y esperar ese instante en el que todos miran hacia atrás.
¿Cómo terminaba la canción en vuestro patio?






