28 de marzo de 2014
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Cabarets valencianos del arte frívolo. Cupletistas y bailarinas de varietés 1910-1936

Entrada al Bataclan. 1934, A. P. R. S.
Entrada al Bataclan. 1934, A. P. R. S.

La primera guerra mundial favoreció la especulación y el teatro aprovechó el flujo de dinero, siendo las variedades las que experimentaron un caudaloso río para empresarios, modistos, joyeros y, naturalmente, las coristas, que entraron en los círculos sociales más exclusivos alcanzando efímera fama. En nuestra ciudad fueron los agricultores, particularmente los naranjeros, constructores y rentistas, los que gastaban el dinero con facilidad. Ello benefició a los espectáculos frívolos.

Entrada al Bataclan. 1934, A. P. R. S.
Entrada al Bataclan. 1934, A. P. R. S.

El esplendor de las cupletistas en la considerada Belle Epoque valenciana, transcurrió entre el periodo de 1910 a 1936. Fue la época de total libertad artística, a pesar de la dictadura de Primo de Rivera, tres décadas en las que las cupletistas se mostraban ligeras de ropa e interpretaban letras de atrevidas canciones. Valencia fue un auténtico vivero de artistas de este género.

El esplendor de las cupletistas en la considerada Belle Epoque valenciana, transcurrió entre el periodo de 1910 a 1936.

El Concert Doré, situado en la calle de las Almas, se anunciaba como el Music-Hall de moda en nuestra ciudad. Sobre 1918 actuaban Paquita Safont, las bailarinas Ideal Azucena y La Barcelonita y La Rondeñita. El Trianón Palace anunciaba sus grandes éxitos de varietés, con Carmelita Ferrer, Lolita Aleixandre y Mercedes Amorós.

Programa de cabaret en Valencia. Años 30. A. P. R. S.
Programa de cabaret en Valencia. Años 30. A. P. R. S.

El Teatro de la Princesa, en 1916, también anunciaba variedades, incluida una banda de cornetas ejecutada por bellas señoritas. Una de las canciones considerada en la época como inmoral, era la de “Los lunares”: Tengo dos lunares, el uno junto a la boca, y el otro… donde tú sabes.

Una de las canciones considerada en la época como inmoral, era la de “Los lunares”: Tengo dos lunares, el uno junto a la boca, y el otro… donde tú sabes.

Mercedes Amorós. 1917. A. P. R. S.
Mercedes Amorós. 1917. A. P. R. S.

En la calle de las Barcas se instalaría el Palacio de Cristal, al que le sucedió el Edén Concert, que competía también con el Gran Salón Kursaal, el Madrid Concert y el Teatro Martí, en la calle de Pi y Margall, después titulado Bataclán.

En 1927 se veía el Cabaret Maxim’s, el Salón El Dorado o La Rosa, todos ellos en la zona de la avenida del Puerto. Llegados a 1936 existían los cabarets: Balkiss, Báltico Danzing, Bataclán, Cabaret Dancing Alkázar, Cabaret Ribera, Edén Concert Variedades, La Libertad, Lys Chantilly, Moulin Rouge, Salón Novedades,. Shanghai y Tabú, además de los salones de baile El Retiro y Petit Jai-Alai.

En 1927 se veía el Cabaret Maxim’s, el Salón El Dorado o La Rosa, todos ellos en la zona de la avenida del Puerto

Canciones como La Pulga o El Polichinela campeaban por los escenarios. Una corista también cantaba su libertad: Allons messieurs, que sale el tren, yo soy la maquinista del amor, un tren que alegre va, pidiendo vía libre, sin ver que, se puede a lo mejor descarrilar.

Un “accidente” ferroviario sin víctimas.

A. P. R. S. = Archivo Privado de Rafael Solaz

5 Comments Deja una respuesta

  1. Fueron los felices años veinte que se alargarían media década más. Un Levante feliz en el que el zumo de naranja de la mañana se convertía en un ardiente descorche de burbujas en aquellas noches que se estiraban hasta el alba. Valencia de espaldas al mar pero en linea directa con la vieja dársena, donde las cajas del fruto dorado se embarcaban mientras la feliz despedida se llevaba a cabo en cualquiera de los muchos cabarets existentes, donde la mujer de la noche aliviaba más bien la cartera que el furor del huertano embravecido. Y una vez más, Rafael Solaz nos “rescata” con todo lujo de detalles, aquella Valencia que aunque dormida, brillaba con luz propia en el carrusel de la noche.

  2. Propio de la naturaleza humana es la búsqueda de la diversión y/o del placer en todos sus ámbitos. Y Rafael Solaz nos descubre, con la sutileza y elegancia que le caracteriza, la que debió ser una época en la que los espectáculos de variedades en nuestra ciudad alcanzaron un nivel de esplendor relevante/significativo.
    LA “Belle Epoque” valenciana alcanzó notoriedad y renombre, del que fueron testigos los locales del momento, pero sobre todo las actuaciones de las cupletistas que, con su estudiada ingenuidad y picardía, supieron hacer las delicias de quienes deseaban hacer realidad sus sueños más apasionados e inconfesables.
    ¿ Necesitaremos también nosotros, mujeres y hombres del hoy en día, volver a recuperar aquella capacidad de ensoñación para disfrutar más y mejor de nuestras legítimas pasiones humanas ?

  3. Debió ser una época gloriosa en muchos aspectos y el morbo de las cupletistas rubenescas una delicia para los sentidos.

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