3 de mayo de 2025
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Carta abierta al fugitivo del barro

Querido Pedro: hace seis meses que te esperamos con la fregona en la mano.


Estimado presidente Pedro Sánchez:

Nos permitimos escribirte desde el epicentro del barro, la humedad, el moho y la memoria. Ya han pasado seis meses —183 días para los que se manejan mejor con cifras— desde que viniste a ver la catástrofe de la DANA en Valencia y saliste corriendo más rápido que tus asesores redactando tu tuit de pésame.

Fue una visita breve, intensa, pero muy simbólica. Dejó huella… aunque no en el barro. Porque te fuiste tan rápido que ni la suela de tu zapato quedó marcada en Paiporta. Desde entonces, no te hemos vuelto a ver por aquí. Ni a ti, ni a tus botas.


¿Dónde estabas cuando el lodo subía?

No te pedíamos milagros. Ni que vinieras a achicar agua con cubos como los voluntarios. Solo que volvieses. Que mirases a los ojos a los vecinos que lo han perdido todo. Que escuchases. Que preguntases si aún viven en garajes o en casas sin ascensor, sin luz, sin esperanza.

Pero no. Preferiste la distancia. Las visitas a puerta cerrada. Las fotos limpias en despachos con café institucional. Tú sabrás. Nosotros solo sabemos que el barro sigue aquí. Y tú, no.


El barro no es La Palma, ¿verdad?

Siete veces fuiste a ver el volcán. Solo tres a la DANA. Y de esas tres, una fue la famosa “huida del barro”. La otra, una reunión con alcaldes a resguardo. Y la última, un congreso socialista. ¿Dónde estaba el drama humano? ¿Dónde estaban las lágrimas, los negocios cerrados, los vecinos con ansiedad al ver cuatro nubes juntas? Spoiler: no estaban en el congreso.


Te ganan los Reyes. Otra vez.

Felipe VI y Letizia han venido seis veces. Han pisado barro, han saludado, han consolado. Tú, en cambio, has estado más tiempo delante de la prensa en Bruselas que delante de un damnificado. Y eso que ellos no gobiernan, ni tienen presupuesto, ni competencias. Solo tienen empatía. A veces, eso basta.


La gente ya no te espera. Te recuerda.

Aquí no te echan de menos. Te mencionan, eso sí. Como se menciona al viento o al seguro que no cubre. Se habla de ti como uno habla del vecino que no ayuda en la mudanza pero luego se apunta a la paella. Y ojo, porque el que tampoco ha vuelto ha sido Mazón. Pero al menos él no huyó de una rotonda perseguido por una lluvia de barro.


¿Volverás algún día?

Si decides volver, no hace falta que vengas con traje. Con botas y un gesto sincero nos basta. Pero si no vas a volver, por lo menos ahórranos los discursos desde Madrid hablando de “unidad”, “reconstrucción” y “resiliencia”. Esas palabras ya no se escuchan aquí. Aquí se escucha el silencio de un ascensor que no funciona. El cierre de un horno que ya no abrirá. El miedo de una nube oscura. El eco de tus pasos… alejándose.

Un saludo desde la zona cero.
La que sí pisaron tus zapatos. Por un rato.

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